Escrito en el estilo que más cultivó Gorodischer, el de señora de mediados del siglo, que sabe bien como se lleva una casa y conoce todas las palabras que nombran cada detalle del mobiliario y de la cocina.
Al comienzo parece un libro sobre ancianos porque la mamá de Helena está en los últimos días de su vida, porque Don Max tiene 84 años aunque sigue trabajando para desesperación de sus hijos, y porque se habla mucho de muertes, viudas y viudos.
Pero al rato se transforma en una novela donde a los buenos les va bien, y a los malos les va mal. Encantador transcurso.
Y Helena, con varios golpes de suerte, pasa de ser una chica soltera que cuidó a su madre a ser una mujer soltera, libre, independiente. Casi poderosa. Con varios golpes de suerte que fueron propiciados por dos hombres: su padre fallecido hace mucho, y un asesor financiero con el que se reconocieron mutuamente como personas honestas y valiosas.
Leído en una tarde.