Todo en Dorr suena a experiencia personal, pero paradójicamente su escritura es a la vez la experiencia radical de lo otro. El mundo nunca es apenas espectáculo sino una energía que moviliza profundamente al narrador, el que a su vez interpela a su lector de un modo directo e individual. En Musulmanes resuena el efecto de diversos estímulos: el amor, las drogas, la paternidad, las lecturas, la amistad: todohace vibrar intensamente la voz de Dorr y, cuando la intensidad es todavía mayor, su experiencia se traduce en tonos oníricos y poéeticos. El mundo emite una luz que Dorr reibe, su mirada la procesa sin suavizar los tonos más extremos, y su escritura la irradia. Eduardo Muslip