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Paperback
Published February 1, 2020
Debo decir que no soy objetivo con este libro. Mi juicio se nubla por algo de rabia y desconcierto y por estar implicado en su historia. Es la historia de mi ciudad, de los barrios donde crecí, del tiempo en que me tocó.
Empecé el libro con la expectativa de leer a un escritor colombiano, de un habitante de mi ciudad hablando de nuestra tragedia. Desde el comienzo empezó vacilando, yendo de acá para allá, sin objetivo claro, con lugares comunes y con significados vacíos.
Cuando el libro llegó a la sección Milicias (no sé si hayan capítulos es este texto), me encontré con algo reconocido, con algo que ya había leído en otra parte, pero que acá estaba ubicado en otro espacio y tiempo. Me acordé de un libro testimonial publicado por una ONG de Medellín que había leído hace más de diez años (que se puede descargar libremente en la biblioteca Clacso).
Cerca el 95% de los hechos y personajes de la sección están escritos en el texto testimonial. Pero se refieren no a la comuna 13 de Medellín, sino a la comuna nororiental de la ciudad y a unos diez años antes de los narrados en el texto de Pablo Montoya. Son los mismo personajes y hechos, pero cambiados de nombre, lugar y tiempo.
Esta concentración de coincidencias entre los textos me hizo desconfiar del autor. Creo legítimo que la literatura se nutra de la realidad como referencia, pero cuando se nutre de ella de manera tan abundante y densa, debe al menos tener un reconocimiento, una mención a las fuentes originales. Y eso faltó en el texto dado a conocer por la editorial. En conversaciones publicadas con el autor menciona algunas de sus entrevistas y lecturas con las que se apoyó para escribir el libro (aunque no explícitamente del texto arriba mencionado). Pero creo que en el texto publicado debió al menos darles su reconocimiento a las organizaciones y personas que fueron fuente de su publicación.
El autor me confunde al usar el término Comuna. Los datos referidos ocurren en todos los barrios populares de la ciudad, no sólo en la 13. Pero la mención frecuente de sitios, barrios, calles de la comuna 13, los circunscribe a esta referencia geográfica.
Lo único rescatable es cuando hablan las víctimas y sus familias, en una especie de Pedro Páramo de nuestra ciudad. Si hubiera seguido por esta la línea no solo sería un merecido reconocimiento a ellos, sino una buena veta literaria. Todo lo demás sobraba.
Pretendía contextualizar la historia y la confundió. Pretendía que los habitantes de la comuna 13 fueran los protagonistas, pero lo terminó siendo el propio autor.
La última parte, donde el alter ego del escritor se enferma al cargar en sí todos los muertos de la escombrera, lo pone a él como el cordero, en quien recaen todos los pecados y culpas. Y además, con su sanación nos redime a todos como ciudad. Se convierte en una especie de redentor.
Justificación similar usaron milicianos, guerrilleros, paracos y militares, quienes cometieron toda clase de vejámenes por "salvar" a los habitantes de la comuna 13. Por ser sus "salvadores" se justificaron todos los atropellos.
No sé si este libro le granjeará al autor algún premio. Espero que si eso llega, sean las personas y organizaciones de la Comuna 13 las que sean reconocidas.