Tiene cinco años y lo que acaba de ver no es una alucinación. En la cama improvisada, junto a la suya, duerme su tía Alejandra contra el pecho de la mujer con la que ha llegado de visita. Se activa en la niña el consabido regocijo que le provocan los enamorados de las películas y sonríe buscando a tientas el oso de peluche al que necesita abrazarse mientras llega la edad de amar. Cuando la madre de la niña descubre el romance de las amigas y tiene la posibilidad de poner en jaque la relación, la niña se enfrenta a ella en defensa de esa variante inédita del amor.
Ximena de dos caminos (1994) ha sido una de mis mejores lecturas de este año. Su autora, la junina Laura Riesco, deleita con su narrativa sobria y el diseño coherente de las voces de sus distintos personajes, como por ejemplo, la ahijada transtornada, el primo abusivo y la tía lesbiana y liberal. Está constituido por siete capítulos autónomos, en los que Ximena, la cincoañera precoz y sensible atraviesa experiencias siniguales entre los andes y la costa de un Perú violento, racista y machista.
Ha sido un deleite especial leer los capítulos Los juguetes, La ahijada, Los primos y Alcinoe II o las tejedoras. La producción que Riesco dejó es corta; su primera novela El truco de los ojos (1978) y una novela inconclusa, La tentación de Miroslava Cupranovich, de título tentativo. La más notable y celebrada, Ximena de dos caminos, es una joya literaria que no se debe dejar de lado.