"Eneas se había mantenido en la sombra del portal, silencioso e inmóvil, observándome. Al terminar mis ofrendas, me quedé quieta y levanté la mirada hacia él. Formuló entonces la pregunta que se ha de formular:
—¿Quién eres?
Y yo le di la respuesta que se ha de dar:
—Si tú eres Gaio, yo soy Gaia.
Entonces, con una repentina y amplia sonrisa, se adelantó, me cogió en brazos, cruzó conmigo al otro lado del umbral y me depositó allí. De este modo me convertí en su esposa y en la madre de nuestro pueblo, el suyo y el mío."
— Ursula K. Le Guin, 'Lavinia'.
A veces, cuando acabo un libro, no puedo remediar el impulso y lo abrazo. Lo abrazo con cariño en agradecimiento al maravilloso momento de lectura que me ha proporcionado, y en homenaje al escritor que le dio vida.
'Lavinia', mi primera incursión en la obra de Ursula K. Le Guin, ha sido uno de esos libros que he terminado abrazando.
Si conocéis a grandes rasgos la historia de la Eneida, quizá resuenen en vuestra memoria algunos episodios del periplo vivido por Eneas y sus acompañantes, desde que salieran de la destruida Troya, hasta su llegada al enclave del Lacio que más tarde vería nacer a la legendaria Roma.
En 'Lavinia' Ursula K. Le Guin recupera los hechos narrados en los últimos seis cantos del poema épico original, pero dándoles un punto de vista completamente distinto. Si en la Eneida, la joven Lavinia no pronuncia ni una sola frase, ahora es ella quien toma la palabra para narrar, en primera persona, su historia. El resultado es tan hermoso que no creo poder hacerle justicia.
La profecía dijo a Lavinia, hija de un respetado rey latino, que estaba destinada a rechazar a todos sus pretendientes para casarse con un hombre extranjero. Uno de esos hombres que ella misma, a escondidas, ha visto remontando el curso del Tíber. Una guerra estallará entonces entre su propio pueblo y los recién llegados...tras la destrucción llegará un matrimonio y, entonces, la profecía estará cumplida.
Con qué placer he seguido los pasos de Lavinia, desde los días de su niñez, correteando entre colinas, bosques y playas, hasta el momento en que se convierte en esposa, madre y leyenda.
Su precioso testimonio está plagado de vívidas descripciones de la vida cotidiana en el palacio de su padre y de los parajes que lo rodean.
Conforme avanza la narración somos testigos de antiguas creencias y costumbres; de las tareas que cambian con el paso de las estaciones; y, en cada escena, nos perdemos con deleite en una atmósfera única que tiene el aura de las antiguas narraciones míticas.
La vida de Lavinia está marcada por el amor de su padre y de su tierra; por una extraña profecía y por las conversaciones con cierto poeta, que misteriosamente conoce los entresijos de su propia vida y la del hombre que se convertirá en su esposo...un poeta que aparece cada noche entre las sombras para contar a la joven lo que fue, es y será...
No quiero contaros nada más, os dejo el privilegio de adentraros, casi a oscuras, en esta maravillosa novela que ha resultado ser un enorme coup de cœur para mi.
Entre mito, historia y leyenda, Ursula K. le Guin consigue recrear a la vez un tiempo mítico y un tiempo histórico perdidos; el tiempo mítico de la Eneida de Virgilio, que L. Guin alarga más allá de la última línea en que calló el poeta (para así poder narrar la vida completa de Lavinia); y el tiempo histórico de aquellos pequeños reinos y aldeas del Lacio de la Edad del Bronce, por los que andaron dioses y héroes; mujeres y hombres de carne y hueso.
Los antepasados de un gran imperio, que nació en una pequeña aldea dormida entre siete colinas...