La galería de personajes que desfilan por las páginas de Nada nos puede pasar está poblada de adolescentes que crecieron en la última década del siglo XX. Es la generación que vivió el cambio de paradigma de un mundo al de la televisión a la pantalla del celular; de ser espectadores de programas juveniles a protagonizar sus propias vidas en redes sociales. Ligeros y divertidos, dramáticos y graves, estos cuentos vienen a recordarnos, entre citas de canciones, cástings para programas de talentos, telenovelas juveniles y primeras experiencias sexuales, que todos brillamos alguna vez, aunque más no sea en un papel secundario.
Nicolás Teté (Villa Mercedes, San Luis, 1989) es licenciado en dirección cinematográfica egresado de la Universidad del Cine de Buenos Aires. Es director, guionista y productor de las películas de ficción: Últimas vacaciones en familia (2013), Ónix (2016) y Todos tenemos un muerto en el placard o un hijo en el closet (2020). Co-dirigió el largometraje documental La vida sin brillos (2018). Su cuento El viaje fue ganador de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires en 2019.
Me encantó esta antología, quizá porque soy coetánea al autor y yo también crecí en un pueblo del interior soñando con la ciudad y sintiéndome un pez grande en un estanque pequeño, incluso hasta estudié cine como él, pero fue relindo encontrarme en sus relatos un montón de cosas con las que me sentí identificada, cosas con las crecí, cosas que había olvidado y hasta cosas que viví en mis primeros pasos a la adultez.
este libro es el retrato perfecto de los nacidos en los 90. está compuesto por relatos cortos que siguen la vida de personajes secundarios que en estas historias toman protagonismo: el chico que elegían último en el equipo de educación física, el que nunca le toca quedarse con la piba, la ayudante de producción que no aparece en los créditos. personajes que viven fantaseando con un final feliz. pero también está lleno de los pequeños destellos de suerte, o destino, en los que todo sale bien. porque al final del día, nada nos puede pasar.
estoy muy contenta de haberlo leído. es una lectura rápida, ligera, me vino perfecto para esta época de caos y destrucción (o sea, parciales). me vi muy reflejada en algunas de las historias, sentí que varios de los personajes podrían ser amigues míos y eso me hizo feliz. lo recomiendo mucho, sobre todo si te sentís algo colapsado. me ayudó a frenar mil cambios. gracias, nico 💕
Qué portada tan acertada: un libro de jóvenes que nos montábamos en los coches locos. A veces la pista estaba tranquila y te dedicabas a dar vueltas… y otras estaba concurridísima y no dejabas de chocarte con gente. Algo así se viven esto cuentos: intensos, a veces apacibles a veces viendo cómo se choca lx protagonistx.
Recopilación de una serie de cuentos, que en general me gustaron mucho. Me sentí en todo momento muy par con Nicolás, no sé si es porque ambos somos de la misma generación, chicos no de capital, o qué. Logró sensaciones muy lindas en cada uno de ellos.
Una compilación de cuentos sumamente disfrutables. No son para nada pretenciosos y en eso está su valor: arrancar el libro es disfrutar el recorrido, reirse y recordar anécdotas similares. Ideal para nostálgicos, especialmente para los que nacimos y crecimos en los 90 mirando Reina en colores.
Relatos breves sobre una generación que creció viendo novelas de Natalia Oreiro y ficciones de Cris Morena, y que soñó que su vida también podía ser una ficción, una que lo alejara de la realidad que le tocaba vivir. Si, hay una historia que puede ser una voz similar a la mia, pero hay un estilo que ya me gustaría tener. Párrafos precisos, oraciones cortas, intensidad medida, y la sensación de que cualquier relato podría convertirse en una novela. Una agradable sorpresa.
Me siento horrible por ponerle sólo dos estrellas a este libro, porque se nota que las historias que cuenta el autor son importantes y personales para él. Pero es que no funciona. La inmensa mayoría no parecen cuentos sino borradores de argumentos para alguna novela. Los cuentos son pequeñas anécdotas que no van a ningún lado, no tienen ninguna profundidad, se quedan todos en el mismo nivel. Tampoco hay una cosa poética o experimental en la forma de narrarlos, algo que uno diga "bueno, acá no pasa nada interesante, pero al menos intentó hacer un cuento con sólo palabras que empiecen con la letra C". Me decepcioné bastante, porque titular un libro así implica tener cojones, eh. Porque esperás Verano del 98 y a cambio tenés Los Gladiadores De Pompeya.
Excelente libro. Conozco a Nicolas por un newsletter que escribía junto a su pareja, llamado "La Hora del Corchazo" y la verdad que me entretuvo en toda la cuarentena y ahora en este libro sentí que estaba leyendo una continuación de aquellos relatos. Muy bueno. Por otra parte, el último capítulo, "Primer año en Buenos Aires" lo sentí muy de cerca porque me hizo acordar a toda mi experiencia cuando me mude a esta gran ciudad que amo: Buenos Aires.
Me re gustó. Fui a mi librera de confianza y le pedí algo liviano para los días que iba a estar haciendo reposo. Este fue el primer libro que me ofreció y como ya lo tenía en la mira y le tenía ganas me lo llevé. M enganché desde el principio porque al ser contemporánea al autor todas las referencias me resultaron muy cercanas. Es muy llevadero, divertido y sincero. Lo recomiendo!
No es un libro de alta, ni media literatura, es más bien un diario íntimo adolescente. Está bien recreado lo que vive un homosexual del interior, pero escrito como si fuera una composición escolar. Tiene quizás un par de cuentos que están buenos y los demás son una descripción que no lleva a nada.
Cualquier persona que ronde los treinta años se puede ver reflejado en los cuentos de este libro,plagado de referencias a la cultura pop argentina. Es un viaje en el tiempo muy satisfactorio, sin golpes bajos ni romantización de una época, es una cápsula a los 2000.
Un golpe de nostalgia para cerrar el challenge del año. La verdad es que algunos me gustaron mucho y otros me parecieron meh, pero como hija de la generación retratada en el libro debo decir que si algo no le falta a sus historias es verosimilitud.
Una simpática serie de cuentos. No lo llegué a terminar. Se me hicieron un poco repetitivos pero están lindos para pasar un par de tardes. Me pareció que hay mucha repetición entre cada historia.
la idea no es mala, pero esto de que sean cuentos hace que no termine de entender a ningún personaje del todo. aún así, me hubiera gustado que se desarrollaran algunos porque ufff
La lectura de "Nada nos puede pasar" es un viaje de ida a las décadas pasadas, es volver a pisar los pisos del Microcentro en los años '90, es viajar en un taxi por la 9 de julio y escuchar el synthpop de los boliches. La fotocopiadora, la escritura, el amor incipiente, todos los ingredientes que estos cuentos necesitan, están.