CIRCE MAIA, nace en 1932 en Montevideo. Reside en Tacuarembó. Profesora de Filosofía. Ha estudiado (y estudia) lenguas extranjeras. Este breve libro anuda la prosa con la poesía. Profunda conocedora del mundo presocrático, con su verso que es ciencia y su prosa que es lirismo, Circe estructura estas “Destrucciones” para que sean un punto de reunión de géneros e incitaciones. Cuando se lee este brevísimo libro, se piensa en “Diapsalmata” de Sóren Kierkegard, no porgue recurra Maia al aforismo, sino por la intensidad expresiva, y porque también en esta excepcional poeta las “penas hondas” de su corazón se transforman, vaya a saber por qué alquimias, en “una música bella’’. Obra publicada: “ En el tiempo’’ (1958 y 1975); “ Presencia diaria’’ (1964); “ El puente’’ (1970); “ Cambios, permanencias’’ (1978); “Dos veces” (1981); “ Destrucciones” (1986 y 1987).
circe sabe escribir sobre los instantes minúsculos, sobre los detalles milimétricos. leerla es el regalo de una pausa para mirar-pensar en el alrededor.
me encanto, pero fue muy doloroso porque me hizo consciente del poco tiempo que me estoy dando para esto, algo importantísimo en mi vida para sentirme completa
llanto llanto angustia dolor pero libro hermoso!!!!1
Este es un momento único, como cuando la sinfonía termina y no han empezado los aplausos; el aire, por breves segundos sostiene la música entera, terminada y perfecta, en el mismo instante en que ha dejado de oírse. Página 18
El libro es como un conjunto de pequeñas aperturas breves y diversas en la mente de alguien que mira con más de dos ojos la particularidad de los instantes que uno comúnmente no les concede existir. Si bien no es una lectura completamente atrapante, tiene líneas o frases reveladoras, de esas que van a persistir y volver en cada momento que un instante cotidiano se abra -o se rompa- en todo su esplendor. Se instala este pequeño ojo en alguna pared interna. Al terminarlo me deja una mezcla de cierta nostalgia-angustia y conciencia-belleza de lo mágico-trágico de estos instantes del día a día. Como una dualidad que persigue y no se termina de asentar, una arena movediza que nunca te entierra.
Lo lastimador aparece en las pequeñas cosas: en lo que no se dijo a tiempo, en lo que quedó pendiente. Y la nostalgia (esa que no es pura tristeza ni puro deseo) atraviesa cada relato con una belleza quieta.
“al recoger los pedacitos se piensa absurdamente en la posibilidad de —el solo pensamiento eriza— de poder volver atrás un minuto, (¡Solo un minuto! ruega infantil mente una voz por detrás de la razón)”.
Un libro que me dolió ridículamente y me sujetó a la vez.
A través de una prosa muy elocuente, es un regalo de la poesía de la impermanencia… destrucciones de momentos, de detalles, de cosas, de espacios, de tiempo. Cada uno tiene su estado de lo efímero y de la magia, la capacidad de atraparnos en ese lado que no siempre vemos de las cosas más comunes y sencillas. Lo disfrute mucho.
Es una antología. Como tal, es un 50/50 entre lo que se destaca por la belleza con que Circe construye la imagen de lo cotidiano y lo que suena forzado (no hay belleza en todo, no en todo lo pequeño hay un mundo que descubrir, no es necesario inventarse un texto sobre algo de lo que no hay nada interesante que decir).