«Los niños son los grandes desentendidos de los atentados de la banda terrorista ETA». Manuel Jabois.
Esta es la historia de dos hermanos, José Mari y Víctor, que se quedaron huérfanos tras el atentado de ETA en la casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza el año 1987. Tenían 13 y 11 años. Sus camas quedaron suspendidas casi en el aire, sin paredes y sin techo, con la lluvia mojando sus rostros y el olor a amonal impregnando sus recuerdos.
«Nunca he querido detenerme en los detalles». Víctor.
Crecieron sumidos en el silencio, enterrando aquel momento es lo más profundo de ellos. Este libro cuenta la trayectoria de dos niños que una noche lo perdieron todo, padres, hermana, casa, amigos, compañeros, familiares, juguetes, identidad, que se los considero víctimas «no graves» y hasta el año 2019 no se les reconoció que lo sucedido desde ese momento hasta el presenta fue causa de su estrés postraumático.
«Crecí sin hablar nada de esto».
Para ellos hablar con Pepa Bueno sobre lo sucedido aquella noche y los días y las noches sucesivas, ha sido una terapia. «Qué bueno es hablar de esto» le dijo Víctor.
He llorado, y mucho, porque me parece impensable que nadie se fijase en estas dos criaturas, que su familia dejara a José Mari y Víctor a la puerta del orfanato, que creyesen que por ser niños se recuperarían bien y con rapidez. Impensable. Qué nadie les preguntase, que nadie les diera la respuesta más obvia y aterradora de dónde estaban sus padres y su hermana, Silvia de 7 años. Ellos no querían hablar, encerrados en su mutismo, en su silencio, los fines de semana ocultos en el baño.
«Las víctimas de atentado terrorista, además de perder cosas objetivas, pierden otras subjetivas, como la seguridad y la confianza en la gente, dice Natalia Moreno psiquiatra de José Mari, a partir de ahí, huyen de lo que les recuerda o les sitúa en el momento de la perdida. Y huyen con cualquier cosa: alcohol, el silencio o la distancia de los demás».
Si no hablamos de ello, no existe y duele menos, falso, cuando las emociones se enquistan, cuando la herida no sana el dolor no desaparece, el pensamiento no cicatriza.
«En el orfanato separaron a los hermanos, un nuevo desgarro, una nueva perdida».
Me ha emocionado tanto que la recomiendo, no solo porque es parte de nuestra Historia silenciada, sino porque Pepa Bueno nos acerca la historia de José Mari y Víctor, víctimas de ETA, todos comparten el mismo dolor, pero ellos eran niños desamparados, y sinceramente, pensé que las instituciones velaban más por ellos y he comprobado que instrumentalizaban el dolor de las víctimas para sus causas políticas.
«La ira te hace fuerte, te ayuda a seguir. La tristeza te hace pequeño».
Tenía pensado destacar alguna frase del epílogo de la obra, pero no, deseo que lo leas y llegues a esa última reflexión que nos ofrece Pepa Bueno.