«¿Qué hago si Manuel se muere?», se pregunta una madre frente a su hijo en coma. Él: centro del universo, objeto de devoción, ente organizador. «¿Qué hago si Manuel se despierta?», se cuestiona. A su alrededor, la soledad de los espacios cerrados, ajenos. Y detrás, debajo, encima de ellos, la sombra de una tragedia.
Escrita casi versicularmente, como jadeando, Los enfermos, la primera novela de Natalia Rozenblum, es un retrato psicológico y emocional de la dependencia, el dolor y la violencia que se ocultan detrás de la palabra «amor».
Una historia tan atrapante como punzante. Con una escritura fluida, Rozenblum sabe hacia donde ir, hacia donde arrastrarte. Y no salís más. No parece su primera novela. Pero mejor así, seguramente queden muchos más libros suyos por leer. Si tuviste a alguien internado, si el límite entre la vida y la muerte te pasó cerca, si tu familia es un mapa complejo, este libro funcionará como un catalizador de emociones. De lo contrario, te introducirá en un pasillo largo, transitado, imposible de evitar.
Rozenblum ofrece algo que pocos hacen a la vez: un estilo propio y una historia para contar. Los enfermos, su primera novela publicada, es el puro ritmo de una madre que acompaña a su hijo en coma, hasta que... ya verán cuando la lean. Claustrofílica, digna del Stephen King más realista (estamos pensando en Misery), su violencia implota cada uno de los pilares de una internación: la familia, la institución, el lenguaje. La única crítica: le falta el humor que sí leímos en otros textos de Rozenblum, y que habrá que balancear en una próxima. Es una novela dura, amigos, no esperen menos que un taladro en el corazón. Ante una ejecución tan depurada, una última certeza: acaba de comenzar la carrera de una verdadera autora, y va a llegar tan lejos como quiera.
Cuando un libro me gusta demasiado prefiero hablar poco sobre lo que trata porque siento que arruino todo. No me queda más que recomendarlo con énfasis. La lectura fue un placer de principio a fin. Definitivamente de lo mejor que he leído este año.
Novela en verdad inquietante donde una mujer trata de cuidar a su hijo en un hospital. El chico se encuentra en coma tras haberse intentado suicidar. El desarrollo de la trama se ve influenciado por los personajes que van apareciendo y vamos conociendo poco a poco. Las relaciones familiares viciadas, abusadoras e hipócritas y la aparición de una posible vía de escape fuera de ese núcleo, pero que lo terminará envolviendo, hacen de contrapunto a ese debate que siempre está presente entre la vida y la muerte, pero aún más entre la cordura y la locura. Y es esa aparente locura que se va apoderando de la protagonista la que supone lo mejor y lo peor de la novela. En ciertos momentos circulamos al borde del precipicio de lo absurdo y lo ridículo, creo que la autora logra su cometido haciendo que veamos ese abismo e incluso lo podamos ver, pero sin llegar a precipitarnos. Aunque esos vericuetos crean a veces cierta confusión que nos obliga a ser lectores sensoriales más que visuales. Sin ser una novela redonda me ha parecido bastante opresiva e incluso claustrofóbica, y eso nunca es malo cuando se trata de hacer reaccionar al lector.
Cuando uno pierde a sus padres, es huérfano. Cuando muere nuestrx compañerx, somos viudxs. Cuando se pierde un hijx, no hay palabra. No existe. Los Enfermos es la voz de una madre que espera el despertar de su hijo en coma; es la voz de una mujer abusada por su marido a los pies de su hijo. La percepción del tiempo se distorsiona; horas, días y meses suceden al ritmo perturbadoramente estable de la respiración que sostiene la vida. Y las dudas, ¿escucha? ¿Siente? ¿Va a volver o se fue para siempre? La angustia no tarda en tomarnos: capitulos cortos y una prosa a la que no le sobra ni falta una palabra, que refuerza el sentimiento de tortura que causa la incertidumbre, y la culpa que cierra la garganta; "Nunca me di cuenta. Qué madre que pueda suponer tal cosa dejaría que ocurra." Una novela cruda y literal en la que la tristeza y la locura se potencian y el nudo en el estómago se cierra cada vez más.
Me pareció un librazo a pesar de que por momentos desafió mi atención, pues como siempre cuento leo muy faseada pero está tan bueno que no podía dejar de leer. Es realmente muy muy bueno y distinto. Lo recomiendo absolutamente. Cómo va subiendo en tensión hasta que explota al final, es una verdadera maravilla.
Tiene todo lo que busco a la hora de leer: te moviliza, te golpea, te perturba. La tensión por momentos te quita el aire. Excelente debut novelístico el de Natalia Rozenblum.
Es un libro que me costó mucho leer, porque la forma en que está escrito hace que uno se detenga continuamente, sin dejar de mencionar el estupor, ¿leí bien? ¿está pasando esto? la historia es un espiral, el relato de una mujer sumida en el dolor que ligeramente y en circulas se aproxima a la locura. Pero no sólo ella, sino todos los que la acompañan están envueltos en la locura y el dolor, arrastrándose unos a otros. La familia como enfermedad, la familia como fuente de secretos y de locura. Las mujeres en el sitio que habia sido puesta durante mucho tiempo por la sociedad.
Tremendo y torcido. La heroica senda de una mujer llena de matices. Los personajes descritos bajo su vara moral. El recuerdo fragmentado de lo que hizo mal. Y queremos salvarla de todo. Queremos saberlo todo. La autora conduce con maestría por estos pasajes obtusos. Me encantó.
La novela se presenta como una cruda y descarnada narración que se adentra en las profundidades del dolor y la desesperación de una madre que vela por su hijo en estado de coma. A través de capítulos breves (numerados) y una prosa fragmentada, la autora teje una atmósfera opresiva y claustrofóbica que atrapa al lector desde el inicio.
Al ritmo agónico de la respiración del hijo en coma, la historia se desenvuelve, creando una monotonía que refleja la desolación de la madre. La carencia de humor, si bien resta fluidez, intensifica la crudeza, sumergiendo al lector en un universo de desesperanza.
A medida que las páginas avanzan, se van introduciendo nuevos personajes que aportan complejidad a la historia y permiten conocer diferentes perspectivas de la situación. Cada uno de ellos guarda secretos y alberga sus propias batallas internas, contribuyendo a la atmósfera de misterio y tensión que envuelve la novela.
La familia se presenta como un espacio enfermizo, plagado de violencia, secretos y locura. La madre, atormentada por los recuerdos del abuso sufrido por parte de su marido, busca refugio en la enfermedad de su hijo, creando una relación codependiente y tóxica. Estos pasajes obtusos añaden una capa de complejidad psicológica a la historia, invitando al lector a reflexionar sobre los traumas y las cicatrices que deja la violencia.
Si bien Los Enfermos no es una novela redonda en cuanto a su estructura, su crudeza y realismo la convierten en una lectura que no dejará indiferente al lector. La novela explora temas universales como la culpa, la familia y la esperanza, de una manera que removerá las entrañas y hará cuestionar la fragilidad de la vida.
Un libro que me angustió desde el principio hasta el final. No pude soltarlo, casi lo leí de un tirón en una sentada, a pesar de que cada vez se volvía más pesado y hasta difícil de comprender. No sé si entendí el hilo de la historia, o los hechos, o lo que estaba pasando, pero sí me transmitió un mundo de emociones, angustia, impotencia. Estar en la cabeza de alguien que está pasando un momento horrible y tampoco entiende qué, por qué, cómo.
“Los enfermos” es una novela que aborda el tema de la maternidad desde una perspectiva con las que pocas veces me he topado: la de una madre que se encuentra en el medio entre la posibilidad de seguir siendo y el hecho de dejar de serlo. Su hijo está en coma y ella está junto a su hijo, esperando un milagro que le devuelva no solo la vida a él, si no también a ella, que depende enfermizamente de la de su vástago. Intensa, inquietante, pero también lenta y repetitiva hacia el final. No me costó terminarla, pero sí entender su dirección en el último tramo del texto.
Una historia perturbadora que me atrapó desde el inicio. De esas que no podés parar de leer. Con personajes muy particulares que vas viéndolos como si fuese una película, que generaron en mí todo tipo de emociones y sensaciones.
Una historia de una mujer pero también de una familia. Y como dice Selva Almada en la contratapa: “La familia, en fin, como una enfermedad crónica”.
celebro que haya autoras escribiendo situaciones “cotidianas” pero súper originales y poco narradas, al menos en la literatura contemporánea argentina (o lo que yo conozco, ni idea).
me ha gustado mucho hacia dónde va la historia cuando parece que todo está por pudrirse.
Los enfermos mantiene un tenso equilibrio narrativo y logra que no lo puedas soltar a pesar de los cambios de ritmo y de la intensidad del tema. Sus personajes tienen la carnadura necesaria para que en ningún momento descreas de ellos ni de los que son capaces. El lector entra mansamente en el universo de Rozenblum al reconocer ese contexto de indefensión que impera en los hospitales públicos y ya no puede salir. La elección de una puntuación segmentada nos permite tomar aire y respirar en el devenir de la historia.
Si una novela no te parte al medio no es una novela. Y Natalia Rozenblum demuestra en Los enfermos que eso lo sabe muy bien. Ya desde el inicio las imágenes se ubican en un abismo, casi al borde de la perturbación: con una apertura inesperada lo que queda partido al medio es, justamente, el cuerpo de la voz narradora. Una madre que cuida a su hijo en coma se adentra en una tensión que se vuelve cada vez más violenta y absurda. Los límites de lo decible se traspasan capítulo tras capítulo. Abusos, movimientos mínimos de un cuerpo roto, personajes que surgen del espacio hospitalario como si formaran parte de su elenco estable convierten la novela en un estado de sitio: ¿cualés son las garantías que cuidan a estos enfermos?, ¿cuáles son los poderes que actuan sobre la inmovilidad del hijo? La puesta en abismo también se evidencia en la escritura: la agilidad y espacialidad entre cada oración o palabra se contrapone a la quietud de los cuerpos en suspenso. Capítulos conformados por una única pregunta o afirmación son un acto disruptivo frente a la posición muchas veces pasiva de la madre voz narradora. Esta primera novela de Natalia Rozenblum, "notable" en palabras de Selva Almada, nos posiciona como lectores en la orilla de la cordura y nos obliga a preguntarnos cuáles son nuestros enfermos y, especialmente, dónde se encuentran. -
Me gusta una literatura que nos revuelva el estómago y nos haga sufrir. Que nos haga sentir cosas feas e incómodas. Y si bien este libro no es (ni de cerca) una de las cosas más perturbadoras que he leído (pese a que empieza con una violación muy brígida), sí hace un trabajo espectacular encerrándonos en un hospital. El tiempo se mueve como aceite, el niño enfermo no despierta (ni está cerca de hacerlo), y ese lugar de tránsito y gente enferma se transforma en el hogar de una madre. En su dormitorio y en su jaula.
Cuando chico, yo tenía que ir mucho a un hospital, y esperar en una banca de plástico hasta que se les ocurriera llamarme. Y siempre pensaba en que ojalá fuera parte de los otros, porque en un hospital la gente siempre se divide entre la enferma y la sana. Bueno, el libro viene a desordenar todo eso, porque los matrimonios, las maternidades y los tíos esconden enfermedades mucho más deslumbrantes, capaces de cegar a cualquiera.
Lamentablemente pese a que tiene super buenas reseñas a mi no me agradó del todo, no lo disfruté y de plano en algunos momentos me aburrí. Con un final abierto que te permite pensar en lo que vendrá pero sin mayor resolución, a momentos difícil de seguir el hilo. Las relaciones tensas, violentas e hipócritas entre los personajes a mi gusto pudieron haberse profundizado más, temas como el suicidio y la violencia intrafamiliar se describieron muy por encima. De todas formas se lee muy rápido, la pluma de Rozenblum es ligera y amena. Sólo dos estrellas le he dado.
El libro arranca re bien. Incluso con el estilo con el que está escrito, que te obliga a veces a releer para saber si los personajes dijeron o pensaron sus parlamentos, la primera mitad es fascinante. Una madre tiene a su hijo comatoso internado en un hospital, el padre del chico es un violento, ella está desesperada porque el pibe se despierte o dé alguna señal de vida. Lo que podría ser un embole (porque convengamos que las internaciones hospitalarias son ultra rutinarias y tediosas), la verdad que es súper atrapante. Y después llega la segunda parte donde el libro empieza a flashear un poco bastante cualquiera. No sé cómo explicar esto sin spoilear, pero voy a tratar: hay un punto en el que empieza a llegar gente a una casa, no importa cuál ni quiénes, y es todo tan surrealista e imposible que empezás a preguntarte si no te encontraste con OOOOOTRO libro de literatura argentina contemporánea donde todo es una metáfora sobre la dictadura militar.
Al final medio que pone los patitos en orden y vuelve a la normalidad enferma del libro.
En la imposibilidad de escapar de su vida, cuerpo y la violencia que la rodea, la protagonista busca escapar momentáneamente por medio de otros intereses, su interés por otras personas. Pero con la culpa de no poder abandonar a su hijo en coma, entre la contradicción de sus deseos y sus posibilidades, el encierro se vuelve claustrofóbico y tenso. En medio de la imposibilidad de no poder controlarlo todo, un poco de (¿locura?) se asoma entre las grietas. ¿Podemos vivir encerrados sin llegar a sentirnos sobrepasados?
“El miedo como instinto o como experiencia, pienso.”
Me re contra encantó esta novela, quizás será por la manera poco convencional de la escritora de relatar la historia o la forma sutil en la que te va dando detalles (poco a poco, dejándote siempre con esas ganas terribles de seguir leyendo para ver qué es lo que va a pasar) de los personajes y sus vivencias. La novela parece simple, una mujer con su hijo en coma en un hospital viviendo o matando el tiempo, pero es mucho más que eso. Cuando terminé este libro deseé con ansias comentarlo con alguien más, como saliendo del cine después de haber visto una gran película.
En apariencia esta novela se trata de un hecho, de un antes y un después en la vida de una mujer, una madre, una esposa, una hija. Algo terrible sucede y el instante posterior es el comienzo de la historia. Pero para mi, el verdadero argumento que le da vida son los vínculos, lo que a esa mujer la hace madre, esposa, hija, compañera. Es un libro bastante sórdido, que deja mucho a la imaginación en los momentos secundarios, pero no deja nada sin decir en los principales, te lleva y te trae por una gama de emociones. Personalmente prefiero las novelas más redactadas y sin tantas elipsis, pero aún así me gustó, me pareció original, ni le sobra ni le falta nada, es una producción acabada sin estirar como chicle ninguna frase. Creo que es una autora para seguir descubriendo.
Este libro me pareció muy potente. La premisa es muy buena: una mujer cuida de su hijo adolescente que está en coma. Las circunstancias que la llevaron a esa situación se develan a lo largo del relato, pero hay muchos puntos que permanecerán como incógnita. La escritura de esta novela es bastante directa. El texto se sucede en frases cortas que le dan un ritmo excelente y mantienen una tensión constante. El final es muy bueno y si bien quedan muchas preguntas sin responder, no me dejó la sensación de ser una trama con huecos. Muy recomendable.
No puede dejar este mundo si yo no estoy ahí para despedirlo, digo en voz alta, pero tampoco puede despertar, porque si pasa eso debería interrumpir este viaje.
Llegué a este libro pensando que sería sobre algo y terminó siendo sobre otra cosa. Al principio pensaba hacerlo dnf pero luego le agarré el hilo y me encontré leyendo mientras caminaba.
No me ha encantado porque hay cositas que no son muy mi rollo pero creo que es un libro caótico y con un descenso hacia la locura bueno.
Una novela cruda, violenta y reflexiva. Las frases cortas pero intensas, crean la necesidad en el lector de saber más sobre los hechos. Desde que se empieza a leerla, uno no puede parar y poco a poco se van develando los hechos trágicos y violentos (además del intento de suicidio de su hijo que es el hilo conductor) que ha sufrido la protagonista desde su niñez.
De una eficacia absoluta pero también con una eficiencia increíble Natalia logró con tan pocas palabras ubicarme en tiempo y espacio de una manera que muy pocas veces lograron. Una economía de la palabra con la que nunca me había topado en una novela, que al principio me sorprendió, pero al pasar los capítulos solo hizo que el efecto desesperante de la historia tomara mas momento.