Mucho mejor lograda que 'La Tempestad". Esta novela criollista nos lleva a la realidad de las fincas cafetaleras guatemaltecas de antaño. Donde los caporales, hombres de finca, peones y guardianes (mestizos en su mayoria) se pensaban superiores a los simples jornaleros (indígenas sin duda). Los bajos instintos animales de Fernando son comparados con los estudios y la clase de su hermano Luis. Rivalidad que resalta en toda la obra. Exacta y con bellas imágenes que relatan los eventos, describe escenas al parecer sueltas, que sin embargo se unen en un fatídico final. Me encantó
Segunda vez que leo este libro, me recordaba que era bueno. No se si decir si mi gusto por la literatura maduro o se lleno de literatura moderna. Siento que el libro no tiene un hilo, hay demasiada descripción desmedida y rimbombante que no agrega nada. No recordaba cual era el final del libro, sorpresivo e inesperado y con el cual estoy en desacuerdo. Dejo tres estrellas porque describe la boca costa de mi hermoso.
Esta es una novela bien interesante y sumamente valiosa. Afortunadamente supera rápidamente el modernismo de las primeras viñetas y aunque mantiene un lenguaje preciosista lo intercala con el habla popular del trópico guatemalteco, lo cual le da una frescura y estilo particular a la novela. Las descripciones que en un principio podrían parecer embriagadas en el estilo modernista, cobran de pronto un significado especial porque conforman una novela que es, ante todo, el enfrentamiento de la dualidad en un momento determinado de Guatemala: El criollo vs el cosmopolita; lo rural vs la urbe, el pasado vs el futuro: tradición o "progreso". El lenguaje, en ese sentido, participa de la misma dualidad: preciosismo para describir los paisajes, habla popular cruda para relatar los horrores.
En el sentido del retrato de un parteaguas en la identidad nacional, entre el viejo criollismo y la tradición española y la entrada de la cultura yanqui con su idea de progreso y cosmopolitanismo, Herrera se distingue de otros autores latinoamericanos (pienso sobre todo en Carlos Fuentes) porque logra ser más claro al optar por la construcción de contrastes; mientras otros como el mencionado Fuentes, pretenden hacer novelas caleidoscópicas o fractales del yo (?) en donde la idea de que todo es UNO mismo y la identidad al fin y al cabo es todo pero nada, termina vaga y pretenciosa. Herrera en cambio es claro, cuenta lo que hubo, retrata lo que hay e incluso vaticina lo que vendrá: no importa la cultura que nos colonice, al final el tigre siempre será tigre y siempre ganará. Chida novela, la neta.
Una novela diferente; reflejo del provincianismo, de la Guatemala de finca y de la lucha por la imposición de la civilidad. Con aroma sobrenatural, las pasiones de los protagonistas ceden en la medida en la que la jungla se adentra en ellos. Flavio Herrera es un gran escritor, poco editado y recordado.