El libro de Jorge es duro de leer para cualquiera que empatice mucho y, en especial, para quienes sentimos por alguna de las personas que en él describe. Que no nos engañe la foto de la portada: no es un libro de andanzas por la montaña (aunque también), sino de valores humanos; es un canto a la vida, a la resiliencia, al amor en todas sus formas y a la libertad. No conozco a Jorge pero después de leerlo siento que es alguien cercano, igual que me ocurrió tras leer el libro de a quien él llama su casi hermano Iñaki, Bajo los cielos de Asia. Jorge es un tío durísimo y sus historias sobre la montaña se pueden hacer en ocasiones surrealistas para los meros mortales como yo. Para un entusiasta del alpinismo, esta es una crónica maravillosa de la subida a los catorce ochomiles casi indispensable en su librería, porque muestra las luces y las sombras del himalayismo en todo su espectro y, si bien podemos encontrar muchos libros que hablen de la parte más aventurera y que puedan ayudar a preparar la subida a un montaña desde un punto de vista técnico, no son muchos los que nos pueden hacer entender cómo de fuerte tiene que ser la mente para hacer del alpinismo una ocupación principal. Jorge dice ser un tío reservado y solitario pero también se nota que siente intensamente y así lo transmite. El suyo es un viaje hacia adentro en mayor medida que lo es hacia arriba. Es un libro que te deja destrozado de primeras pero que, tras una pausa para la reflexión, te renueva la esperanza, la gratitud hacia la vida y las ganas de exprimir esta al máximo mientras dure, braceando con decisión a través de todas las tragedias que nos acontezcan y salir de ellas aun impregnados del alquitrán con que nos cubren y que nos pesará siempre.