El inicio de Buenas noches, Punpun es, como el resto de la obra, una genialidad. Asano configura a Punpun con todas las aristas que perfilan a un niño, desde el físico hasta la psicología. La idea de diseñar al protagonista con una forma tan simple como la de una especie de pollo antropomorfizado sigue fascinándome a día de hoy: no solo es una hoja en blanco sobre la que resulta sencillo proyectarse como lector; también es una maravillosa alegoría sobre el crecimiento del personaje, que todavía está lejos de alcanzar su madurez. Que el símbolo se refuerce con esa forma que recuerda a las crías de pájaro resulta todavía más astuto.
Mientras tanto, la mente pueril de Punpun se transmite con la misma gracia. No es de extrañar que el tono humorístico permee a cada escena, sea o no absurdo hasta puntos extremos. Desde el filtro subjetivo de un niño soñador que no sabe qué pinta en la vida ni qué puede hacer con ella, Asano se puede permitir insertar una gran dosis de humor que contrastará maravillosamente con la gravedad de las situaciones a medida que avance la trama. No recordaba gran parte de estos primeros capítulos (y para qué negarlo, mi memoria se ha reseteado para el resto también) y me he encontrado a mí mismo riendo a carcajadas con muchas escenas. El humor de Punpun es uno con el que hay que conectar para que funcione efectivamente. y por lo menos conmigo lo ha logrado. Desde el profesor hasta la enciclopedia médica, pasando por las pajas mentales (y físicas) que se monta Punpun, me cuesta recordar escenas donde no me haya partido la caja.
De nuevo, la genialidad de Asano está presente en todos los capítulos. Las fabulosas abstracciones, como esa escena de Tsubasa o Kudasai o la del hospital, siempre me pillan desprevenido, pero el autor logra que, desde el nivel más básico, la obra funcione de lujo. Que la violencia doméstica y la soledad de Punpun se traten desde diseños infantilizados provoca un contraste que muchas veces cuesta digerir, y está claro que Asano sabía a lo que iba. Además de plantar numerosas semillas que se recogerán en posteriores tomos (signo de un autor que tiene planeados varios años de su historia), cada nueva escena con Punpun cumple un propósito narrativo: moldear la persona que se encuentra tras ese pollo deformado y mostrar los pequeños cambios que ya desde pequeños afectan a la psique de cada uno de nosotros. Es cierto que en ocasiones se fuerzan un poco algunas situaciones (lo del vídeo y la fábrica sería una de esas casualidades), pero Asano logra llevarme orgánicamente de un punto a otro y permite que se lo perdone sin problemas.
Vamos, que es un inicio fabuloso. Entre las risas, que no han sido pocas, y la fascinación ante un autor que acierta en todos los palos necesarios, no me equivoco si digo que esa "experiencia Punpun" va a ser tan merecida como la primera vez. Por cierto, qué dibujo, Señor, qué dibujo. Todavía no comprendo el salto de Solanin a Punpun (junto con El fin del mundo y antes del amanecer), pero es algo que existe y me hace muy feliz. Hiperrealista sin saturar la imagen, con un paneling perfecto y un saber hacer en lo visual que poco a poco va mejorando.