Creo que es muy sano, para cualquier lector, hacer de cuando en cuando incursiones en géneros de lectura que se salgan de lo que reconozcan como su «zona de confort»; aunque solo sea por constatar que hay vida —y quien dice «vida» dice «literatura de la buena»— en cualquier género literario. Que la altura literaria —y perdón por la obviedad— es una cuestión de oficio, de creatividad y de compromiso.
Marta Querol, por su parte, tampoco es de las que se acomodan en un género. Tras sus éxitos sostenidos en el tiempo —hoy en día casi un milagro— con la trilogía de los Lamarc: El final del ave Fénix, (2007), finalista del Premio Planeta 2007, Las guerras de Elena (2012) y Yo, que tanto te quiero (2015), recientemente ha publicado el recopilatorio de relatos Breverías. Relatos para lectores impacientes (2020). Tirando del hilo de un relato corto publicado en una antología, sorprende ahora con la publicación de El infiltrado, una novela en las antípodas de la contemporaneidad de sus novelas anteriores; un triple mortal muy de agradecer en una época en la que vemos cómo los autores se acomodan en «lo suyo» y no cesan de repetirse.
Me he encontrado con una narración sólida que incita a una lectura continuada y casi adictiva en la que el protagonista central es el poder de la manipulación; el elemento extraño —lo que hoy llamamos tóxico— que todos nos hemos cruzado alguna vez en nuestras vidas y que se infiltra sigilosamente en una familia, en una pareja, en un entorno profesional, o en la sociedad, para sembrar de forma imperceptible una semilla que predisponga a unos contra otros hasta que el ambiente se vuelve pútrido e irrespirable. El relato parte de una base en principio increíble —en la misma aldea conviven de forma natural los vivos y los muertos— que la autora resuelve de forma rotunda para que la verosimilitud no sufra ni un rasguño. El secreto está en la solidez de la construcción de unos personajes muy bien matizados, y en la ambientación de una aldea apartada y gótica en algún lugar de Centroeuropa y en una época en la que se viajaba a caballo y se vestía capa y espada.
Querol mezcla el thriller fantástico y lo paranormal en una ambientación histórica, con algunos pasajes eróticos con los que a mi juicio se podría haber recreado más ya que daban mucho juego y se han quedado cortos, apenas unos tímidos esbozos, aunque sospecho que es una dosificación buscada por aquello de dejar con ganas de más. ¿Se estará cocinando una secuela?
El infiltrado en una lectura muy recomendable para el aficionado a la novela gótica de misterio, pero también para otros lectores de géneros muy diversos que necesitan de vez en cuando un ejemplo que les recuerde, como dije antes, que la altura literaria no es una cuestión de género, sino de oficio, de creatividad y de compromiso.