Sin lugar a dudas, este libro es el ensayo que a mí me hubiera gustado escribir en algún momento si llegara a atesorar los conocimientos que sí tienen otros como el autor del libro, quien, con una erudición que no es óbice para el uso de un lenguaje certero, desgrana uno por uno todos los mecanismos que inciden en la situación de barbarie lingüística y social que tenemos hoy en día con los dichosos posmos, los del lenguaje inclusivo y otras mi**das. Los que me avisan de que soy cis o que, cual si de un transformar se tratara, tenso diversidad funcional. Tócate los *ojo**s.
Libros como éste me reafirman en mi teoría de que prefiero la labor de lector que la de escritor, en la medida, no sólo que el escribir resta tiempo de la vida para leer, sino que siempre puedes encontrar cosas mejor escritas de como tú las hubieras planteado, y este ensayo es un buen ejemplo.
No se para exclusivamente en lo lingüístico, que al fin y al cabo es un daño colateral, muy vistoso pero no exclusivo, sino que ahonda en los postulados filosóficos que explican el posmodernismo, la posverdad, la deconstrucción y un concepto que acuña muy acertadamente, la “tolerancia represiva”.
Y es que yo sabía que creo en la igualdad real pero no comulgo con las estupideces ni los imbéc**es, hoy legión, que tratan de imponérmela; sabía que los extremos (izquierdas y derechas) están tan juntos que se tocan muchas veces en el populismo y en la invención de sus verdades; sabía que estoy en las antípodas de ser un facha pero siento sentimientos homicidas contra los que ignoran la verdad, la prostituyen y la hacen líquida. Los que lo hacen a mala leche, por supuesto, tienen mucha falta de táser y los que, por pura ignorancia y falta de medios, les resulta más fácil subirse al carro de inventar verdades y no dejarse iluminar por la razón, les hace mucha falta bibliotecas. Es más sencillo dejarse manipular que ponerse a pensar.
Pues bien, este libro aborda todos esos temas. La primera mitad es, simplemente, genial, para entender las burradas que se ejercen contra nuestra lengua desde esa creación de mundo. Aquellos que sostienen que lo que no se dice no existe, como si, en el caso de no haber puesto nombre a la COVID, ya no habría enfermado, y todos los demás so*lag*itas que montan sus chiringuitos, manuales de estilo, e incluso direcciones generales, a los de dobletes de género, portavozas, pobrezas menstruales, fuerzos de seguridad, todes, etc. A todos los que para una mujer es un ser humano menstruante y yo algo así como cisheteropatriarquista y otras imbe**l*dades de ese tamaño. La segunda parte, aun siendo más profunda y filosófica, es necesaria para conocer de qué polvos vienen estos lodos.
En definitiva, una lectura imprescindible para que no nos arrebaten la razón los posmo y no nos hagan creer que somos peores personas, mordiéndonos la lengua, o menos igualitarios, o menos feministas, o menos buenísimos.
De verdad que uno disfruta mucho con su lectura. La recomiendo encarecidamente.
Ante tanta idio**z e imbecil**ad llevada a todos los terrenos políticos (de un lado y de otro). y que arremete contra todo y todos, es un bálsamo y una ayuda para seguir luchando desde el sentido común a las luces de la razón contra la posverdad y la verdad deconstruida en post de quimeras.
Vamos, que se adquieren argumentos notables y eruditos para poder mandar con mucha elegancia y conocimiento de causa, a tomar por ***o a todos los posmos y sus ridiculeces.
Hemos perdido muchas batallas pero daré hasta la última gota de sangre por no perder esta guerra. Prefiero ver a mi madre en un burdel antes que doblar el género gramatical.
Termino, como empecé mi tesis hace ahora 20 años, con una cita de Orwell. Si allí decía aquello de “Quien tiene el lenguaje tiene el poder” y no dejo de verlo cada día haciendo abuso de ambos, ahora termino esta reseña con esta otra del genial autor de 1984, esa distopia escrita en la década de los cuarenta y que era más profética que Nostradamus:m
«En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario»