Febrero es un mes imposible. Julia y Mirna, protagonistas de esta nueva novela de Yamila Bêgné, deberán enfrentar días cruciales. Julia realiza un viaje con Fernando, una luna de miel inversa que da inicio al fin de la pareja. Mirna, por su lado, recibe una señal que ella sabe inequívoca y que anuncia una tragedia. Febrero es un mes imposible, y Julia y Mirna deberán atravesarlo con movimientos ciegos, encandiladas por las pérdidas, entre los destellos de un tiempo onírico que por momentos se convierte en algo todavía más aterrador que el tiempo. La prosa de Yamila Bêgné alcanza la belleza buscando, siempre, la precisión, como si entendiera que la poesía es, entre tantas otras cosas, la forma más extraña de exactitud. Quienes aborden La máquina de febrero descubrirán que el desamparo, la enfermedad, la desesperación amorosa, la ruina del cuerpo, pueden dar lugar, también, a una hermosa iluminación.
Los personajes de “La máquina de Febrero” tienen en común el deseo y la pretensión de controlar, de alguna manera, la realidad a través de algún tipo de saber. Cada uno de los tres personajes en los que se enfoca iniciará su recorrido a partir de la voluntad de reestablecer un orden que está indefectiblemente perdido. Resulta atrapante la manera en que la narración logra recuperar de forma objetiva cómo los personajes perciben cómo su realidad va distorsionándose, cómo viven sus procesos psíquicos de manera material. La escritura de la novela consiste en la recuperación de estas transfiguraciones y la realidad es el residuo de todo eso: de la alucinación o de lo imaginado. De las tres historias que van intercalándose, lo más interesante es el contrapunto entre las dos mujeres que enfrentan un duelo amoroso. Es interesante porque el contrapunto entre las dos maneras contrapuestas de enfrentar la pérdida está cifrado un análisis de dos discursos sociales muy arraigados: es imposible no reconocer en Mirna y Julia referencias tanto a una forma de pensamiento mágico relacionado con los oráculos y lo adivinatorio, pero también al psicoanálisis. Leí la novela como una apología de este último frente a las pretensiones absurdas del primero: mientras que Mirna pretende vanamente tener un dominio de la realidad gracias a visiones y supone que es posible trasladar el dolor y revertir los hechos, Julia enfrenta imágenes del pasado, atraviesa y ahonda en el dolor reconstruyendo su realidad cotidiana y proyectándola en lugar de aferrarse al pasado. Pero es aún más sugestivo que, a pesar de mostrar el valor del discurso psicoanalítico, le reconoce también una dimensión mágica: lo que le permite a Julia enfrentar su duelo es un dispositivo tecnológico-mágico y acepta un recorrido que no está pautado por ella. La novela no niega la posibilidad de un saber no racional, revelador, pero distinto a las prácticas adivinatorias que terminan revelándose alucinaciones. Los distintos géneros que atraviesan la novela (lo sentimental, lo realista, la ciencia ficción, lo maravilloso) adquieren una dimensión ideológica que reelaboran discursos sociales. Pero, sin esquivar una clara toma de posición, la novela nunca cae en lo panfletario.
La narrativa de la autora me pareció poética y profunda, estuvo muy bien logrado transmitir cada emoción y sentimiento que atravesaba cada personaje. Por otra parte por la misma razón a veces perdía el hilo de lo que ocurria fuera de lo interno de cada personaje. El toque místico le agrego mucho valor
Una de las peores cosas que me pueden pasar es que me tenga que obligar a terminar un libro, y eso me pasó con "La máquina de febrero" de Yamila Bëgné. La historia no me atrapó desde el principio, pero como el libro lo recibí de un club de libros al que me encuentro suscripto y ya lo tenía en casa, lo continué leyendo. En algún momento comencé a contar cuántas hojas faltaban, no porque no quería terminar la lectura sino porque quería saber cuánto faltaba de mi suplicio. Hubo varias cosas que siento quedaron inconclusas de la historia. Otras tantas no tuvieron tanto sentido mientras leía, pero no quiero espolearle la lectura a nadie. Ni la historia de cáncer de uno de los personajes que parece casi central y de repente se convierte en secundaria, con la cual pudiera llegar a referenciarme, no llegó a atraparme en lo más mínimo. La idea de la conexión entre varios personajes desde una perspectiva psíquica por momentos falla. Hubo unos párrafos casi a la mitad del libro que no tenían sentido de la forma en que estaban escritos. En resumen, una historia con potencial, pero que hacía agua por varios lados.
“La máquina de febrero” es un dispositivo tan extraño y único como la máquina de vacío por la que se comunican sus dos protagonistas. La atmósfera es onírica, esa realidad un poco distorsionada y por eso mismo perturbadora que hallamos, por ejemplo, en el cine de David Lynch. En el centro de ese dispositivo, Julia y Mirna. Julia acaba de terminar su relación con Fernando por decisión de él, durante un extraño viaje de despedida, y lucha por asimilar la pérdida mientras se aferra a un objeto misterioso que encontró en las sierras. Mirna tiene el don de visualizar “certezas de futuro”, visiones que le adelantan hechos trascendentales de su vida, y en una de ellas ve la inminente muerte del amor de su vida a raíz de una enfermedad que ya late inexorable en él. Cuando intente frenar lo inevitable, Mirna interceptará un canal de comunicación e involucrará a Julia en su propio drama.
Más allá del componente onírico/fantástico/mágico/extraño, lo que me conmovió de esta novela es, primero, la poesía de su autora y su don para experimentar con el lenguaje; por otra parte, el retrato de la depresión, el dolor, la pérdida y el duelo. Bêgné nos presenta dos personajes que ante todo enfrentan la imposibilidad del después del amor y de la felicidad, y ese afán inútil que todos tenemos de hacer perdurar lo perecedero. “El deseo de estar en el mundo era eso: querer que algo volátil dure para siempre.” Me angustió mucho ponerme en la piel de estas dos mujeres, y creo que eso habla bien de la novela y de lo creíbles que resultan los personajes, aún cuando se introducen recursos como el extrañamiento.
Párrafo aparte para la edición de Leteo. Una belleza total, con ilustraciones, colores, y poesía hasta para poner la fecha de impresión. Un libro realmente para atesorar.
📙La Máquina de Febrero: Una novela que intercala tres narradores en dos historias. Por un lado Mirna y Norberto, dueños de un vivero, se enfrentan con una enfermedad. Por el otro, Julia, quien cambia su vida al separarse de Fernando luego de un viaje. Yamila Begné trata los temas de: El Amor, La Muerte, el Espacio y el Tiempo que se mueven en el mes de febrero, el curioso mes de 28 días.
🗣Opinión Personal: Empezaré contando que la autora es profesora de lenguas con una maestría y se ha dedicado en pulir esta novela lo mejor posible, por lo que la opinión está influenciada por escuchar su trabajo de trasfondo. La historia va intercalando las dos historias aparentemente sin un hilo que las une, lo que cambia al final. He de decir que la prosa y el uso dialéctico de la autora tienen una delicadeza única y permite seguir el fluir de la historia de una manera muy rica, con un deleite en cada párrafo, con metáforas oníricas exquisitas y un trabajo de armado de la trama que va tocando los temas principales de esta novela corta. Los personajes son bastantes diferentes, todos sufren y reflexionan sobre la vida a su manera particular y en medio de esto, la magia que surge de una máquina que debería significar el cambio de estado, del aire al agua, de lo etéreo a lo que fluye, como febrero. Me ha gustado mucho la novela, creo que todos deberían encontrarse con este tipo de libros en algún momento de su vida. Una escritura madura, fantástica y llena de magia. 🔊Recomendado para aquelles que buscan lecturas diferentes, prosas delicadas e historias comunes con muchas metáforas y un uso del lenguaje delicado.
Un modo de enlazar dos historias de una manera muy peculiar, a través del agua. De prosa intensa pero ágil, Yamila Bêgne sabe narrar acerca de la muerte, la separación y el amor. Me gustó que al final de la novela el lector cuenta con información desde la astronomía y la astrología así como también de historia para explicar las imágenes.
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No entendí nada, pero me gustó. O sí entendí, pero me pareció repetitivo. No lo dejé porque tiene un lenguaje muy poético y me daba intriga saber cómo iba a terminar. Pero terminó predecible. No sé, sigo pensando. Y eso está bueno.
Bueno, muy rari este libro. Amo que todos los libros de la suscripción sean super interesantes pero MUY raros. Hasta la página 150 es un poco lento, pero a partir de ahí te lo devorás porque querés saber que carajo pasa. Sentí que me faltó un poco más de Lila, o de su relación con Mirna, como se da cuenta de lo que realmente esta pasando y como ayuda a Julia a salir de ese loop repetitivo. Me gustó que transcurra en febrero y sea armonioso con ese mes, como si febrero se sintiera siempre igual. Tiene un delirio medio flashero con el tiempo igual, como que hubo un momento de quiebre que no entendí pero que se yo. En lineas generales me gustó, pero es especial jajsjjs. Quizá si lo hubiera leído en febrero y en las fechas que correspondían al libro me hubiera gustado mucho más.