El autor de 'Nocilla dream' y 'Teoría general de la basura' reflexiona sobre cómo y quién construye la identidad humana en la era del big data
Por primera vez en la Historia, la identidad de los seres humanos no está construida por una única entidad, individual o colectiva, sino por una abstracción, una red en la que no es posible hallar un claro centro organizador. La idea de que el sujeto arma su propia identidad y más o menos la controla no es más que una mentira consoladora. Ahora mismo, a lo largo y ancho del planeta Tierra, y ya sea directamente con nuestros nombres y apellidos o a través de datos y metadatos de segunda mano, hay decenas, centenas, millares de informaciones en las que aparecemos cada uno de nosotros. Partiendo de la idea fundamental de escenario y quinta pared, pasando por la geolocalización, los drones o las ciudades vacías, Agustín Fernández Mallo sostiene que la identidad individual es la suma e interacción mutua de todas esas informaciones que no sólo no controlamos sino de las que ni tan siquiera tenemos ni jamás tendremos conocimiento; son para cada cual una mirada externa e imposible.
Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) es un físico y escritor español afincado en Palma de Mallorca. Es uno de los miembros más destacados de la llamada Generación Nocilla, Generación Mutante o Afterpop, cuya denominación más popular procede del título de una serie de sus novelas.
La mirada imposible es un ensayo breve pero lleno de ideas de Agustín Fernández Mallo. Parte de una pregunta sencilla: ¿quiénes somos y cómo nos vemos? La respuesta que propone es que no nos construimos solos, sino a través de la mirada de los demás. Para explicarlo, habla de máscaras, escenarios, cine, internet y hasta Google Earth.
El libro se centra en dos grandes ideas:
Que nuestra identidad siempre es una representación, un disfraz, algo que mostramos en un escenario.
Que existe una “mirada imposible”: el deseo humano de verlo todo a la vez, de tener una visión total, algo que ni las cámaras ni el mundo digital pueden darnos del todo.
El apéndice final defiende la escritura como lo más cercano a esa mirada total, porque permanece en el tiempo y nos permite ser mirados incluso cuando ya no estamos.
Es un ensayo accesible, lleno de metáforas sugerentes, que invita a pensar en quiénes somos en un mundo donde todo se mira, se registra y se comparte.