Las Nubes fue presentada por primera vez el año 423 a. C., pero Aristófanes no logró ganar el primer lugar, sacando el tercero en las Dionisias. Aristófanes jamás se resignó a haber perdido. Por lo mismo, reescribió entre los años 420 y 417 el texto de su obra y esa es la versión que se conserva en la actualidad. Esto lo sabemos porque en la misma comedia el coro exhorta a los espectadores reprochándoles el haber perdido. Aristófanes la consideraba su obra más fina de entre sus comedias. En las nubes aparece la primera referencia histórica sobre Sócrates, que es presentado como un sofista.
“DISCURSO BUENO. […] ¿Encontrará algún argumento para sostener que no es un maricón? DISCURSO MALO. ¿Y qué si es un maricón? ¿Qué puede pasarle de malo? DISCURSO BUENO. ¿Es que podría pasarle algo peor? DISCURSO MALO. ¿Qué dirás si te derroto en este punto? DISCURSO BUENO. Callaré. ¿Qué otra cosa podría hacer? DISCURSO MALO. Pues venga, dime: los procu- [radores, ¿de dónde salen? DISCURSO BUENO. De los maricones. DISCURSO MALO. Te creo. ¿Y los actores trágicos? DISCURSO BUENO. De los maricones. DISCURSO MALO. Dices bien. ¿Y los políticos? DISCURSO BUENO. De los maricones. DISCURSO MALO. ¿Reconoces pues que no dices más que tonterías? Y los espectadores, fíjate de qué grupo son la [mayoría de ellos. DISCURSO BUENO. Ya me fijo. DISCURSO MALO. ¿Y qué es lo que ves? DISCURSO BUENO. Mayoría aplastante de maricones, por los dioses. A este de aquí lo conozco, y a ese de allí, y al melenudo aquel. DISCURSO MALO. ¿Y ahora qué dices? DISCURSO BUENO. Nos han derrotado. ¡Oh jodidos!, tomad mi manto, en nombre de los dioses: deserto y me paso a vuestro bando. (Sale corriendo.)”
Algunas críticas de Aristófanes estan bien, pero mayoritariamente están muy sesgadas y llevadas al extremo. Pero en si mismo no está mal la lectura, es una buena forma de tener otra perspectiva de Sócrates (aunque se le puede reemplazar por cualquier sofista y sigue funcionando igual) que no sea la de Platón o Jenofonte.
Las nubes, de Aristófanes Una sátira brillante que, bajo su aparente ligereza, esconde una crítica feroz al pensamiento sofista y al rumbo de la Atenas clásica. Su humor puede parecer anacrónico, pero su mirada sobre la educación, el poder y el lenguaje conserva una vigencia inquietante.