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Ambientes para la vida. Conversaciones sobre humanidad, conocimiento y antropología.

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86 pages, Unknown Binding

Published January 1, 2012

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Tim Ingold

66 books214 followers
Tim Ingold (born 1948) is a British social anthropologist, currently Chair of Social Anthropology at the University of Aberdeen. He was educated at Leighton Park School and Cambridge University. He is a fellow of the British Academy and of the Royal Society of Edinburgh. His bibliography includes The Perception of the Environment: Essays in Livelihood, Dwelling and Skill, Routledge, 2000, which is a collection of essays, some of which had been published earlier.

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266 reviews16 followers
December 29, 2022
Ambientes para la vida es un libro necesario para repensarnos y repensar la disciplina antropológica.

“La sustentabilidad no tiene que ver con proyecciones y objetivos, o alcanzar un estado estacionario. Se trata de mantener la vida andando”. El mundo en el que habitamos, dice Ingold, es uno “aprehendido como un globo con su atmósfera, antes que como un agregado de tierra y cielo, como un catálogo de biodiversidad más que como el entramado de trayectorias vitales de animales y plantas, un mundo susceptible al cambio climático más que a las vicisitudes del tiempo.” Su propuesta no es ignorar los cambios que la actividad humana ha implicado para el planeta, sin embargo propone alternativas para su confrontamiento, entendiendo que las razones para el fracaso de las actuales no son filosóficas, sino políticas, “la forma acertada de confrontar esta amenaza, y de asegurar la continuidad de un mundo adecuado para que ambos, humanos y no humanos, vivamos en él, es cerrar la brecha que actualmente existe entre el ambiente experimentado a diario en nuestras vidas —es decir, el mundo a nuestro alrededor— y el «ambiente» proyectado del discurso científico y las políticas públicas.”

“…el conocimiento científico y el conocimiento inhabitado ocupan dos polos en una jerarquía de poder, con la ciencia en la cima y los in-habitantes abajo. son como las dos partes de un reloj de arena, donde el flujo es unilateral desde «arriba abajo» más que de «abajo arriba».” … “Pero debemos poner el reloj de costado, para darle el mismo peso a ambos, al conocimiento y sabiduría de los practicantes científicos ambientales y de los in-habitantes. Pues los científicos son también in-habitantes. sus estudios no son solo sobre el ambiente sino que son realizados en un ambiente. Toda la ciencia depende de la observación, y la observación depende de la misma sensibilidad y juicio con relación al mundo que nos rodea, que son claves en las prácticas de los in-habitantes, sean científicos, granjeros, montaraces, pescadores, cazadores o cualquier otro cuyas vidas estén inextricablemente ligadas a los terruños y océanos de nuestra única tierra.”

Es necesario y celebrable, dice el autor, el “enraizamiento de la investigación científica en nuestro habitar de la tierra, su general desarreglo e incoherencia”, “necesitamos nuevamente dar vuelta a la relación entre las personas y el ambiente, de adentro hacia afuera a afuera hacia adentro”. “Solo haciendo esto, fundando una ciencia del ambiente a partir de un fundamento ontológico que nos permita estar en el mundo que buscamos conocer y entender, más que expulsarnos de él, es que se pueden encontrar el conocimiento científico y la sabiduría de los in-habitantes en un proyecto común de diseño de ambientes para la vida.”

Me gusta la idea que toma de Dobzhansky de describir la vida como un proceso de andar a tientas, en oposición a la idea de la historia de occidente que busca “suprimir los vagabundeos sin reglas de los in-habitantes, tanto humanos como no humanos, cubriendo el tapiz que tejen con una infraestructura de superficies duras e impenetrables.”, cuando de hecho, “en un mundo de completa superficialidad, nada podría crecer”.

Dice el autor que diseñar para la vida busca dar rumbo en lugar de intentar planificar destinos. “Por tanto, la línea dibujada crece desde un punto que se ha puesto en marcha, como la planta crece de su semilla. Al igual que dibujar, diseñar es también un proceso de crecimiento. Y, como la planta creciendo, se desenvuelve en condiciones de vida en constante transformación. El diseño, en este sentido, no transforma el mundo. Es más bien parte de la transformación que el mundo hace de sí mismo. Este proceso de autotransformación, no obstante, se desenvuelve a través no de uno sino de muchos caminos. Es, en esencia, una conversación. Como la vida, las conversaciones avanzan; no tienen un punto de comienzo ni un punto de llegada, nadie sabe de antemano qué va a salir de ellas, ni su dirección puede ser dictada por ninguno de los interlocutores. son realmente logros colectivos. Permitámonos, entonces, pensar los procesos de diseño de ambientes para la vida como una conversación, involucrando no solo seres humanos, sino todos los demás componentes del mundo de la vida —desde todo tipo de animales no humanos hasta cosas como árboles, ríos, montañas y la tierra. Esta es una conversación que no es solo procesual y de final abierto, sino fundamentalmente democrática.”

“Ser verdaderamente humanos, entonces, es mirar el espejo de la naturaleza y conocernos por lo que realmente somos” … “Lo que somos, entonces, o lo que podemos ser, no viene ya hecho. Tenemos que, perpetuamente e interminablemente, estar haciéndonos. O en una palabra, los humanos no son seres sino devenires, cada uno instanciado como una cierta forma de vida en el mundo —o más bien, como una forma de estar vivo hacia el mundo— entendido no como un corpus de tradición recibida sino como una senda que recorrer, junto a la cual uno puede continuar andando, y que otros seguirán a su turno. En consecuencia, los devenires humanos continuamente forjan sus caminos, y guían los caminos de sus compañeros, en el crisol de su vida en común. Caminar, como hablar, es una improvisación, que vas desarrollando a medida que vas andando.”

Dice sobre nuestra disciplina “la antropología no puede ser el estudio de la cultura, como si la cultura fuera el objeto de investigación”, considera necesario “dar un paso más allá y decir que la antropología no es para nada estudio de, sino el estudio con. Lo que caracteriza a la actitud antropológica es que estudiamos con otros… Cuando hacemos antropología, estudiamos con otra gente y con el mundo, de la misma manera.” Y plantea la antropología como una disciplina académica antiacadémica, académica porque solo puede sobrevivir dentro de la universidad, pero antiacadémica porque “lo hace cuestionando continuamente las premisas en las que descansa la idea de la academia como sitio privilegiado del conocimiento”.
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