Quizá el jardinero no sea quien hace perdurar las formas, sino quien hace perdurar el encanto.
La naturaleza se reproduce estática, muerta como en un bodegón cuando la belleza se halla en el dinamismo propio de la vida.
Gilles Clément, de formación como ingeniero agrícola, quien más adelante comienza a experimentar con su propio jardín a tal punto de considerarse como arquitecto paisajista, escribe sobre su vinculo y visión crítica sobre trabajar con plantas y la observación global de ellas.
Este libro es un ensayo en el cual recoge nociones, acerca de la biodiversidad que han servido para asentar teorías hoy presentes en muchos de los desarrollos metropolitanos.
Es realmente hermoso, admito que a ratos me perdía porque no lograba entender completamente sus planteamientos, sumado a que es la primera vez que lo leo. Por si fuera poco, también es una oda al jardín y sus movimientos.