3.5 Ensayo necesario, urgente desde la perspectiva europea, pero que debe ser contextualizado para su comprensión, pues en ocasiones falta algo del ”sine ira et studio" tan recomendado por los clásicos.
Roudinesco, aclamada intelectual francesa muy relacionada con el psicoanálisis freudolacaniano pero también muy polémica y litigante con ciertas (re)interpretaciones de dicha tendencia, ofrece aquí una crítica a las tendencias identitarias que basan sus supuestos en la raza, la esencializacion sexual o la distorsión filosófica europea entre otras. Todo ello desde el lugar donde vive: Francia.
Este último dato es importante dado que se lee a menudo tanto por parte de (1) críticos reaccionarios de derechas, como de (2) anti-identitarios antifilosofia continental (i.e. cientifistas, por ejemplo, entre otros) como de (3) "identitarios" (es un grupo muy heterogéneo como el libro explica) que todo el alimento filosófico de las tendencias criticadas en este ensayo provienen de la french theory (Lacan, Levi Strauss, Deleuze, Derrida, Fanon, Aimee, Foucault...). Es muy triste ver este caso error en "héroes del liberalismo" como Juan Soto Ivars.
Este libro debe ser, por tanto, juzgado especialmente como un ataque a esa tesis, cacareada por todos aquellos que o no los han leído o solo superficialmente. Esos autores no sólo no tienen que ver con dichas tendencias, sino que son producto de una distorsión (malintencionada incluso) de lo que dijeron, tal y como Roudinesco demuestra en varias ocasiones. Décadas de lucha contra radicalismos monolíticos, victimismos unilaterales, discriminaciones de género y sexo, egocentrismos basados en narcisismos de las pequeñas diferencias y colonizaciones culturales se están malogrando por las doctrinas woke, la justice theory, ciertas tendencias queer y trans, etcétera...
Ahora bien, Roudinesco, que se muestra especialmente enfadada por los zarpazos que estás tendencias están lanzando contra los Derechos Humanos, el republicanismo, el laicismo o la libertad creativa, en ocasiones comete, en mi opinión, dos excesos a lo largo del ensayo:
-poca contextualización, profundización filosófica y explicación de ciertos temas. Quizás da por hecho muchas cosas, pero eso genera algo de oscuridad. Por ejemplo, en el asunto género-sexo, da la impresión de que se ha quedado un tanto atrás en los ingredientes epistemológicos implicados; le falta aclarar (o debatir acerca de) la diferencia entre hombre/mujer y macho/hembra, el concepto de sexuacion lacaniana, etcétera. Aunque se debe coincidir en su crítica a Fausto-Sterling y al paradigma biomédico como único camino en menores de edad, veo más recomendable (y actual) leer a Genevieve Morel, Miqel Bassols, Laura Llevadot, Miqel Misse...
-criticas poco comedidas, breves y no aclaradas, a autores como Jean Copjec, Slavoj Zizek, Judith Butler o Michel Onfray. Al tratarlos con excesivo desdén está criticando posicionamientos (i.e. el antihistoricismo de Copjec) que, aunque pudiesen ser criticados, no están relacionados en causa-efecto con las dianas del ensayo. Poner en el mismo saco a Spivak y a Copjek es absurdo, al igual que hacer pasar a Zizek como un distorsionador terrible de Lacan al mismo nivel que neoracistas (cuando Zizek es crítico, como Roudinesco, con las tendencias identitarias).
Esas pinceladas furibundas de Roudinesco me han parecido fuera de lugar y sesgadas. Por suerte, sólo surgen en momentos muy concretos y no creo que empañen la tesis principal del libro.
En conclusión, es un ensayo recomendable para ser conscientes del peligro de este maremágnum de tendencias retóricas que suponen un grave peligro para las libertades y el conocimiento. A Roudinesco le ha faltado, no obstante, pulir su discurso y su enfado para no abofetear en exceso a diestro y siniestro.
P.D: Me entran dudas, por cierto, de si Hohmi Bhava es tan carente de utilidad y tan absolutamente despreciable a nivel ideológico como la autora expone. No lo he leído directamente, pero sí indirectamente. Su clásico del 1993 parece tener herramientas críticas interesantes, tal y como ha señalado Fernando Castro.