Van pasando los años, nosotros seguimos siendo los mismos, con nuestras virtudes y defectos, sin embargo, nuestro cuerpo va cambiando, poco a poco van surgiendo sensaciones que antes no teníamos y que eran desconocidas, aumento de fatiga, menor resistencia o la aparición de molestias y dolores, es decir, todos los cambios que el envejecimiento de un cuerpo trae consigo. Nuestra mente no ha cambiado a penas, nuestro cuerpo sí.
Pascal Bruckner, ha escrito un ensayo filosófico que he disfrutado y que me ha divertido bastante; por mi edad, soy claramente público objetivo. Me agrada reconocerme en algunas de sus exposiciones sobre cómo nos vemos a partir de determinada edad, me saca una sonrisa cuando analiza la obsesión actual por querer mantenernos siempre perfectos, el ideal de la juventud de nuestros cuerpos como objetivo a alcanzar o mantener, y del que tanto se aprovechan muchos sectores empresariales, desde los cosméticos a las clínicas estéticas. Me hace caer en la cuenta de la paradoja actual, donde se han invertido los papeles de formación, siendo los jóvenes quienes tienen que enseñar a los mayores como desenvolverse en un mundo fuertemente tecnologizado incluso para realizar las actividades más básicas.
Y así poco a poco, va desgranando pequeños temas que me llevan a la reflexión a través de un libro que me entretiene a pesar de que en muchas ocasiones es caótico en sus exposiciones.
Me reconforta ver que no estoy sólo en esta situación.