La segunda parte de la novela Pedaleando en el infierno. Lucas Castro ya no es ningún niño. Es plenamente consciente de las repercusiones de todas las decisiones que tendrá que ir tomando a partir de ahora en su vida personal y deportiva. Ni el mundo ni su amado deporte son como le gustarían, y además, la economía se desmorona en España… ¿Estará su ética por encima de las continuas tentaciones del camino o sucumbirá ante ellas por las improbables consecuencias negativas de tomar atajos para alcanzar el éxito?
Está por completo en la misma línea que Pedaleando en el infierno, libro del que es continuación. Comparte con él virtudes y defectos, con un estilo muy parecido sobre el que ya escribí en su día.
Si acaso, la principal diferencia entre ambas obras es que entonces el protagonista, Lucas Castro, estaba construido a través de sus dudas y resquemores en torno al lado oscuro del ciclismo, y mostraba cierta evolución y distintos cambios en sus acciones, mientras que en esta segunda parte eso no existe, sino que tiene una opición muy fuerte y acérrima en un sentido, mostrándose inamovible al respecto.