Mediante retazos de infancia y juventud, María Moreno traza en "Contramarcha" el mapa personal o como ella señala: "la novela de mis lecturas". Un pasado en el porteño barrio de Once, donde la abuela gira el dial con lentitud exasperante, el tango aparecía como música de fondo y el radioteatro como la primera incursión en los mecanismos de la narración. Relata también la elección del seudónimo literario -"más 'se es' quien 'se dice ser' cuantos más son los que nos llaman"- y reflexiona sobre la dualidad de la firma. Su posterior ingreso en las redacciones de diversos medios escritos, la omnipresencia de la política y las luchas feministas. Como en sus aclamados libros anteriores, en "Contramarcha" la escritura de María Moreno emerge viva, deambula sin complejos y con plena libertad por el ensayo, la crónica y la autobiografía, lo que la ha transformado en una de las voces más audaces de las letras hispanoamericanas actuales.
María Moreno es narradora y crítica cultural. Se inició como periodista en el diario La Opinión y en 1983 fundó la revista Alfonsina. Fue secretaria de redacción del diario Tiempo Argentino en el área de vida cotidiana y colaboró en el diario Sur y en las revistas Babel y Fin de Siglo. Es autora de la novela El affaire Skeffington (1992) y de los ensayos El petiso orejudo (1994), A tontas y a locas (2001), El fin del sexo y otras mentiras (2002) y Vida de vivos (2005).
Digo esto antes de que llegue la gente de mi club de lectura y me hagan cambiar de opinión:
La narrativa (¿o ensayística?) argentina tiene una cosa muy entretenida. La soltura, la ironía. La gente no tiene miedo a sonar, a veces abiertamente, pesada. Eso me encanta. Y es muy entretenido recorrer libros con esa voz. Pero durante la mayor parte del tiempo me sorprendí leyendo rápido, austeramente, con la única intención de llegar al final del libro para comentarlo con esta gente que quizás me haga cambiar de opinión. Es fácil saber en qué partes uno pasa los ojos rápido, sin entender demasiado y abandonando la intención de entender, porque no hay por dónde. Cosa increíble para la biografía de María Moreno. Es casi todo el medio, digamos. Pero como siempre, es la autobiografía y la reflexión desde lo personal lo que engancha mucho. El resto, el análisis literario, lo pasé rápido y solo alcancé a entender lo general. Pienso: ojalá mi club de lectura haya entendido un poco más. Pienso: ojalá algún estudiar tanto por las mías como la autora
Increíble como la escritura se transforma en un viaje concentrado por las lecturas y vivencias que hemos pasado. Es a eso a lo que nos apunta este “librazo” de una consagrada: María Moreno. Un repaso por sus vivencias de infancia, de lectura, de escucha, de escuelas nocturnas y esa infatigable ganas de expresarlo todo a través de la palabra escrita. Con una prosa muy reconocible nos volvemos a encontrar con toda la calidad literaria de María Moreno, una lectura que sirve para decantar en estos días de gran agitación. A veces volver a reencontrarse con la memoria de la vida, ayuda de mejor forma a sortear el presente y quizás, pensar el futuro, y qué mejor que de la mano de una invitación a la lectura constante. Un gran trabajo editorial de Alquimia por traer este libro a Chile.
Creo que ya estoy dispuesta a confesar que no soy lo suficientemente culta como para adorar a MM. Igual es un libro extraño y con partes muy gancheras que te va llevando. No sé.
Cuando lograba entender de qué estaba hablando sentía que estaba ante una escritura inteligente, cínica, deslenguada. La construcción de las frases, los episodios que decidió contar de su vida me parecieron increíbles. Sobre todo en las primeras páginas, no pude dejar de pensar que María Moreno escribe para ciertos lectores. No se da la molestia de contextualizar, sino que asume que el lector conoce esos nombres, esas escenas que ella elige relatar de la literatura. Me sorprendió que fuese una escritura tan hermética, a ratos me preguntaba: por qué le escribe a la academia, si decidió salirse de la preparatoria y no fue a la universidad? Quizás por lo mismo, levantó un lenguaje tan morenesco, lleno de confusión, de palabras que nunca había oído y de libros que no sé si llegue a leer. Me encantó que su acercamiento a la literatura haya sido por el radio teatro. A veces se me olvida cuál es la época de María Moreno, una mujer que entrevistó a Simone de Beauvoir, que fue a su entierro, que conoció al Papa antes de que fuese Papa y se da la libertad de exponerlo y cuestionarlo en su libro. Y la manera en que cuela su adicción al alcohol como si ya fuese parte inherente de su identidad. Una locura de lectura que definitivamente te exigía más tiempo que cuatro días pero que igual me deja con una sensación de querer más.
Es un libro que me gustó mucho pero que también me costó porque me impuso otro ritmo de lectura. Lo fui leyendo de a poquito, algunas páginas cada noche antes de ir a dormir, y eso también hizo que al retomarlo me pasaba que no cazaba una. Como si la que hubiese leído el libro el día anterior no hubiese estado ni despierta ni dormida, sino en un estado intermedio. Me gustó mucho cómo relata su infancia en el Once y cómo va trazando ese mapa que la va conectando con la escritura. La parte del final me pareció bellísima, me declaro muy a favor de morir leyendo.
Es mi segundo libro de María Moreno. Su universo se me hace sorprendente y estimulante, pero a ratos me cuesta mucho seguirla. Me faltan mil lecturas y referencias. Culpa mía, no de ella, que es fantástica.
Maestra total María Moreno, una pluma envidiable. Claro que cuando uno no tiene su misma competencia cultural queda afuera en algunos momentos, pero siempre da gusto leerla.
Segundo libro que leo de Moreno después de Black Out y todavía no logro discernir qué es lo que no me atrapa de su escritura. Me gustó sosí el texto del Papa y los de su mamá.