Tras el triunfo del frente sandinista, en un restaurante en Managua ubicado en la recién nacida plaza de la Revolución, tres guerrilleros recuerdan con entusiasmo aquel glorioso 19 de julio y los gritos de júbilo de la muchedumbre al celebrar el derrocamiento de la dictadura.
Sin embargo, no pueden darse por satisfechos mientras Anastasio Somoza Debayle esté «feliz de la vida en su exilio» en Asunción, así que deciden infiltrarse en Paraguay y estudiar todos sus movimientos hasta dar con una oportunidad para acabar con él…
Unos meses antes, una niña de once años se enfrenta a la confusión de tiempos las balaceras llenan de muerte las calles de Managua y una aversión generalizada contra Somoza se respira dentro y fuera de las fronteras, en particular en México. La guerra ha llegado.
Ella es muy pequeña para entender tanto odio, pero lo que más le duele es ver cómo todo a su alrededor se desmorona. El hombre que para ella y su hermana era como un tío, que en las fiestas de la familia se dejaba ver con esa mirada franca y siempre sonriente es ahora, para su sorpresa, llamado el enemigo de toda una nación.
A partir de poderosos y conmovedores recuerdos, Ligia Urroz reconstruye el testimonio de una niña exiliada por la guerra. Una novela íntima y valiente que le da un rostro —como no se ha visto en la literatura— a uno de los hombres más odiados en la historia reciente de Nicaragua.
“Somoza” de Ligia Urroz es una novela de ficción basada en hechos reales. En la novela, la autora nos comparte sus recuerdos de cuando era una niña. Por la posición en la que estaba su familia en ese entonces, pudo convivir con el dictador nicaragüense Anastasio Somoza Debayle.
El libro está dividido en dos partes, en la primera parte resaltan la planeación y ejecución del asesinato de Somoza; en la segunda parte habla de su niñez y cómo tuvieron que salir de Nicaragua cuando todo en su país era un caos. Habla de la ambivalencia de descubrir que una persona que ella quería, que era bueno con ella y con su familia, resultó ser un dictador, alguien que había propiciado una guerra terrible, en la que estaban muriendo muchas personas. Resalta lo triste que es todo, porque a pesar de que esto aconteció hace décadas, Nicaragua continúa en tremendos problemas.
La lectura me resultó muy fluida ya que la novela está compuesta de capítulos muy cortos. El tema es crudo, pues las guerras y los conflictos sociales así lo son, y más aún cuando leemos novelas basadas en acontecimientos reales.
En uno de los momentos más críticos en la vida de Nicaragua, este libro nos recuerda cómo fue el fin de una dictadura y cómo, después de tanta muerte, en aras de una democracia idealizada, se instaló, sobre tantos cadáveres, otra dictadura. Extraordinario relato para refrescar la memoria de quienes vivimos esa época pero también una lección histórica para las generaciones actuales.
A mí también, Ligia. A mí también me sorprende cómo las decisiones de un solo hombre pueden cambiar tantas vidas. No contamos la historia completa de los villanos sin conocer su lado humano.
Puntos extras porque utiliza muchas palabras Nicaragüenses que dice La Cristina.
Aplausos a Ligia! Una cruda realidad escrita de una manera tan humana. Lamento muchísimo que inocentes vivan guerras tan duras como esta historia. Duele aún más saber que aún matando al dictador en turno, la mala vida continúa...
Una desgarradora historia de inocencia, admiración y decepción desde el punto de vista de una niña que despierta a la realidad, es también un testimonio del dolor que desde el exilio causa ver a un pueblo que después de tantos años sigue oprimido por una dictadura.
Anastasio Somoza es conocido alrededor del mundo como aquel dictador que originó que Sandino y los integrantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional emprendieran una cruzada para deponer al dictador. Pero como en todas las historias hace falta el otro lado de la historia, y es aquí que Ligia Urroz nos deja ver el otro lado de un hombre que perteneció a una de las familias que gobernó Nicaragua por más de 30 años. Un retrato familiar que hace que la misma autora se cuestione que fue lo que salió mal si el gobernante había prometido cuidar de la nación, la joya de Centroamérica y que ya sin apoyo de EEUU tuvo que exiliarse. En este retrato tan íntimo se presenta en otra línea de tiempo la planeación de su atentado. Una historia que como una joya te muestra las diferentes aristas de un hombre y un movimiento que tristemente supero al maestro. Le doy 4.5 estrellas
3.5 Fue un libro interesante. No conocía la historia de Somoza, pero fue interesante ver esta perspectiva desde los ojos y experiencia de una niña que dejó de serlo debido a la guerra y presenciar tanta matanza y experimentar tanto miedo. Al mismo tiempo ví un lado más humano de él y también como se orquestro su fin.
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Un libro donde la autora nos cuenta la versión que ella vivió cuando era niña cerca Somoza y como un dictador que fue culpable de desapariciones y matanzas puede ser visto de cerca de forma muy distinta
Después de leer Somoza me quedo con el testimonio valiente de una mujer quien confronta al dictador Anastasio Somoza Debayle en segunda persona, luego de abrir a los once años los ojos a la realidad de la guerra, la muerte, la tiranía, el exilio, etc.
Ahora me queda totalmente claro que después de vivir entre el sonido de la metralla, las detonaciones y oler la pólvora, el miedo y la desesperación en Managua, Nicaragua en la época del fin de la dictadura del general Somoza Debayle, permanecen huellas en su memoria y recuerdos sin fecha de caducidad.
El libro es una mirada profunda a la adulta con el dolor de la niña que aún resuena en su interior. Un acercamiento al hombre que fue muy cercano a su familia y a quien me pregunto si después de escribir esta gran auto ficción, la autora podrá hacer las pases con su pasado.
Gracias Ligia por compartir parte de tu historia, por mostrarnos la recta final de la dictadura de la dinastía Somoza, y hacernos conscientes de que no estamos ajenos en otros países tristemente a una realidad que aun perdura en otras manos aún presente en tu querida Nicaragua.
Deseo que no continúe reescribiéndose esta historia en el futuro para los Nicaragüenses. Gracias por hacernos voltear a Centroamérica y adentrarnos en la crueldad de la guerra pero al mismo tiempo llevarnos al reencuentro de la esperanza, del amor y del cambio.
Es de esos libros que uno termina de leer y mil reflexiones salen al encuentro, además de despertar el interés por conocer más sobre la situación actual de Nicaragua; así como como por otra parte como mexicanos activar el radar ante lo que podría pasar si somos indiferentes a lo que la historia nos ha enseñado.
La travesía que significa Somoza, de Ligia Urroz, bien podría iniciar con «me encerré en mi cuarto a llorar mi guerra» y terminar con «trabajar sin cansancio para salir adelante en tierra ajena», dos frases que ella escribe. No trato de hacer un reduccionismo de esta narrativa, solo creo que describen el viaje que empezó durante la dictadura de Anastasio Somoza, en Nicaragua, y concluyó, como muchas otras, en la necesidad de migrar a otro país.
Siempre he sentido una necesidad de conocer nuestro pasado en América, ese que envuelve a las dictaduras de la segunda mitad del siglo XX, y aquí Urroz nos regala una pieza bien contada de Nicaragua. Si me preguntan qué hace distinto éste a otros relatos del tema, diría que el lugar desde el que lo cuenta la autora, el de una familia tan cercana a Somoza que la Revolución Sandinista se veía más como una afrenta que como una liberación.
Es admirable el reclamo que simboliza cada capítulo, y que se nutre desde el paso del tiempo, el valor y la conciencia de Urroz, pero también la oda a migrar a través de su propia experiencia: un fenómeno que damos por sentado sin detenernos a pensar sus causas. Aunque ambos, reclamo y migración, envuelven esta novela de no ficción, es el primero el que me llama más la atención, porque pienso en la dualidad de sentimientos de una persona tan cercana a otra tan despiadada.
Con este testimonio íntimo de su niñez, Ligia Urroz nos acerca a entender nuestra América y su historia, para detenernos a reflexionar y tratar de no repetir aquellos años que tanto daño le han hecho.
Buena historia. Me gusta mucho que sea contada desde la perspectiva más cotidiana e inocente que puede haber... Los ojos de una niña. Es un relato corto y con una gran reflexión sobre un pueblo que a hoy no ha dejado dejado de sufrir por lucha de poderes, ideologías extremas y la búsqueda de tener la razón a costa de la sangre inocente. ¿Qué me faltó? Una conclusión más concreta del sentir de la escritora con respecto al personaje principal con el paso de los años y la experiencia ganada
Este relato es muy valioso como un testimonio de alguien que vivió la ofensiva final en carne propia, y hace un recuento íntimo de los horrores de la guerra. Le doy una baja calificación porque me pareció repulsivo su afán de convencer a sus lectores de que Tachito era una buena persona que solamente defendía a Nicaragua del cáncer del Comunismo; justificando hasta sus acciones más atroces.
que impotencia las guerras y los niños que viven estas situaciones. La historia Somoza desde la perspectiva de una niña que conocia su lado humano y como acabo decepcionada del general. El fin de una dictadura para el inicio de otra, es algo terrible... el epílogo es sumamente triste. te abrazo mucho Ligia
Ligia es una persona que vivió muy de cerca de Anastasio Somoza. Ante eso, fue muy fácil describir ese entorno en sus últimos años en el poder de los Somoza. En mi opinión, son sátrapas que han hecho daño muy profundo a su país.
Una noble y cálida historia de uno de los momentos más difíciles en la historia de Nicaragua, narrado desde los ojos de una niña pequeña. Hace consciencia de cómo las decisiones de un solo hombre causaron tantas muertes y seguimos sin aprender nada.
Siempre leemos de historia ajena a nuestros países. En este libro nos acercamos a lo que fue el gobierno de Somoza y todo lo que sufrieron sus habitantes.