Las historias de este libro han esperado su ocasión. No pasa nada, dicen ellas, y sus autoras, obedientes, así titulan las páginas. No pasa nada, ponen en la portada, y la editora pregunta si todo va bien, si piensan que ya han terminado. Pues no. No está completo. Alguien debe escuchar el rumor entre estas hojas, alguien debe iluminar con su mirada el perfil de la maravilla, del asombro o del terror. Las hemos escrito a veces febrilmente, en un impulso, en otras ocasiones han sido el producto de una compleja y perversa meditación. Una a una las hemos colocado todas juntas, como si se correspondieran, tomando ahora tú, ahora yo. Aquí las dejamos en sus manos. Tranquilas, muchachas, no pasa nada.
Un excelente libro de cuentos. Narraciones bien pensadas que disfrazan el conflicto de cotidianidad. Como bien sugiere el título, estos cuentos tienen un estilo que podría confundirse con realismo chejoviano. Relatos que, si solo se mira la superficie, podemos pensar que No pasa nada. Sin embargo, estos relatos tienden a ser más poéticos, feministas, e intrigantes. Todo el tiempo existe una tensión y un juego. Es obvio que pasa algo y queremos saber qué es, pero no está evidente. El cuento es lo que no se cuenta. Los temas son bien actuales y universales; temas recurrentes son la amistad femenina, las relaciones fallidas, el exilio y el café.