Leer y dormir trata de los placeres del ocio y del universo polvoriento de la lectura, que recorre por el camino más largo: pasa del ensayo a la crónica, sin olvidar la columna ni el apunte de ocasión. Es, pues, un libro errabundo y versátil que repasa algunas de las épicas domésticas a las que convendría aspirar a estas alturas del siglo: echarse una siesta en el cine, perderse en grandes librerías, recordar con alegría a los héroes de la infancia, rumiar sobre la naturaleza de los subrayados o intercambiar balbuceos con un niño al modo de un artista conceptual latinoamericano. Entre la hamaca y la biblioteca, Leer y dormir es un libro en el que extraviarse a gusto en eso que solo tienen los mejores escritores: un mundo propio.
Me ha gustado, pero no me ha quitado el sueño en ningún momento. Lo he leído más por las ganas de acabarlo que por lo que me contaba.
Coincido en algunas reviews de la plataforma: te entra por la mirada por su tamaño, por lo manejable que es, por su portada. Sí, es un libro bonito, apetecible, pero cuando lo abres, no te cambia la vida.
Y, ojo, que yo soy fan de este tipo de libros que recopilan artículos periodísticos. Creo que he leído todos los de Isabel Coixet, u otros similares de autores como John Carlin, Enric Gonzále o, Andrés Rábago.
El narrar en primera persona, confieso, me engancha más que muchas novelas. He encontrado auténticos safe places en diarios que narran el día a día de una persona.
Y todo esto, supongo, es una forma de excusarme, porque 'Leer y dormir' no me ha enamorado. Lo compré porque su portada me parecía bonita, su tamaño de bolsillo me parece súper guay, y porque fue la primera compra en una librería de barrio a la que quería entrar desde hacía meses. Todo, en su conjunto, provocaron la compra.
¿Me ha disgustado? No. No he sufrido leyendo, lo he acabado, en ningún momento he pensado en dejarlo estar, pero no me ha enamorado.
Sin miedo a caer en la tiranía de lo indispensable, le doy 5 estrellas a este libro tan bonito. Desde la portada, el encuadernado, el tipo de papel y, por supuesto, las palabras que trae dentro, este libro me parece hermoso por pura estética. Leer a Maier es como platicar con un amigo de todo o de nada, siempre con un gran sentido del humor. Me quedo con muchas recomendaciones, referencias que no entendí y dejé que se me escurrieran como agua, y la certeza de que lo más importante de la vida está en pequeñas cosas como lavar trastes, dormir en el cine y vaciar en el lavabo los vasos de cerveza caliente después de una fiesta.
una lectura tan cuca como inesperada. la primera vez que me cruzo con este autor. su anecdotismo me ha provocado ternura, alguna que otra pequeña risa y, sobre todo, un sentimiento de apreciación por las pausas en lo cotidiano.
pequeño shoutout a mr. handsome por prestarme este librito para salir de un bloqueo lector!
De dormir (o no dormir) y, sobre todo, de leer habla el chileno Gonzalo Maier (1981) en este librito. El diminutivo se refiere solo al formato del volumen, que Minúscula publica en la colección 'Micra', pues «Leer y dormir» es extenso y profundo gracias a la curiosidad que refleja, a su agudeza, a las modestas formas de felicidad que propone.
En los treinta y tres textos breves que componen la obra, el escritor ignora las fronteras entre el ensayo, la crónica sobre lecturas, la anécdota y el apunte para divagar gozosamente sobre asuntos variopintos pero conectados por su talento y talante. Algunos de los autores predilectos de Maier —Frank O'Hara, César Aira, Nanni Moretti— conviven en estas páginas con los saldos de libros, el placer de quedarse traspuesto en una sala de cine, una visita a Ámsterdam, la conexión entre lavar los platos y la filosofía, la paternidad, los editores, la aventura de un baño en la playa o los calcetines como avance civilizatorio, por citar unos pocos ejemplos.
Las digresiones y los giros inesperados son continuos, pero la voz se mantiene constante, una entonación cálida e irónica, tan alejada de la grandilocuencia como de la superficialidad, para la que Maier aventura un nombre: «estilo doméstico», confluencia de lo íntimo y lo cotidiano, lo informal y lo afectivo.
Una delicia, en resumen, ideal para disfrutarla a sorbos, antes de dormir o recién levantado o incluso (como en mi caso) entre dos cabezadas.
«Al poco rato me puse a cocinar y me sorprendí recordando en detalle donde leí 'La isla misteriosa', de Julio Verne, 'Los detectives salvajes' o los primeros cuentos de Lydia Davis que se cruzaron en mi camino. Es raro. Solo me pasa con los libros buenos, con los que fueron importantes y cambiaron, aunque sea un poco, mi forma de leer. (…) Las lecturas, quiero decir, también tienen biografías, aunque no sea fácil encontrarlas».
«Ha pasado bastante tiempo desde ese almuerzo, pero he vuelto una y otra vez a pensar en mi respuesta. En la posibilidad -privada y minúscula- de que exista un estilo doméstico. Que en la literatura, en el cine o en las artes visuales se pueda dar algo así como una forma doméstica de hacer arte. No necesariamente casera ni amateur, sino doméstica. Un estilo en el que se mezcle lo íntimo y lo cotidiano, lo informal y lo afectivo».
Despues de leer el libro se siente extraño evaluarlo con estrellitas. Muy divertido. Se lee de un tirón pero es muy reconsultable y esta lleno de escritores, fotografos y cineastas. Me alegro de que quede registro de estos ex textos de prensa
Artículos de quinientas palabras quincenales en un diario, crónicas de lectura y lectores, reflexiones varias. Cómodo para entrar y salir en días de atención dispersa.