Es una pequeña joya dentro de lo que puede ofrecer una obra en su género, novela regional, neoindigenismo, memorias en conflicto y violencia política. La técnica se adapta bien al propósito de denuncia, al punto de que no cae en lo planfetario, y brinda una reflexión inquietante del choque cultural en provincias (la leyes de la comunidad no son las leyes del Estado). Asimismo, el tránsito por la poesía es crucial: la prosa es fluida y, en los mejores momentos, se pueden hallar algunos pasajes llenos de lirismo. El empleo de este tipo de lenguaje es clave para que las descripciones del entorno no resulten tediosas, y para potenciar las partes donde se insertan mitos o se describen las desgracias de la comunidad. No obstante, también, en mi opinión, conserva algunos de los vicios de este tipo de novelas: idealización de la vida en la comunidad, maniqueísmo fácil y apelación al patetismo antes que al análisis. Creo que, pese a todo, es una buena novela, con mucha densidad, cuya lectura puede resultar placentera (es difícil no conmoverse en las algunas secciones, por más que "se conozca el truco"), e, incluso, despertar dudas e inquietudes.