Desde el primer momento, te ves envuelta en la historia sin entender mucho. Creo que la rapidez en cómo avanza la historia es un poco estresante aun cuando al final descansa más. Me costó enganchar y recordar nombres de personajes pese a que no eran tantos. Quiero darle otra oportunidad en el futuro.
En esta novela corta del talentoso autor chileno Felipe Reyes, nos encontramos en medio de una riña entre dos hombres, los dos parte de los diferentes grupos en los que se divide el territorio y con los que se organiza una población marginal en Santiago de Chile. Los dos saben que el enfrentamiento es inevitable, pero ninguno tiene claro por qué deben pelear. Parece que es tan simple como que la cultura, su crianza y la misma pobla los empuja a pararse uno frente al otro, cuchillos en mano, hasta que uno caiga. Mientras intentan apuñalar al oponente y esquivar las embestidas del otro, cada uno recuerda: el mayor, desde el tiempo en que se armó la población, como se fue construyendo todo, y como todo se fue al diablo con la dictadura; como fue adentrándose en el mundo criminal, junto a la persona que finalmente pierde. Y el más joven, nacido cuando la pobla ya estaba mala, llena de droga, con la familia lejos y la abuela que hizo lo que pudo, hasta que perdió a su amigo. Historias similares de un par de jóvenes que tienen tanto en común, que podrían haber arreglado todo con una cerveza de por medio. Pero que, en vez de eso, terminan en esto. Una joya que resume en menos de cien hojas historia, mentalidad y vidas perdidas.
El núcleo de la historia, ese drama que ambienta una pelea, se logra. Los recuerdos desviaban lo anterior. Ahora estos mismos recuerdos dan fe de una realidad del Chile marginal poblacionalde los años 90-2000