¡Qué historia! ¡Qué personajes! ¡Madre mía, qué giros! ¡Quiero conocer más sobre el mundo de La vida sin fin! Irrefutablemente, entra en mi Top 20 de mejores libros de fantasía que he leído a la fecha, y ahí se mantendrá incólume hasta el fin de los tiempos, al lado de obras de Sanderson y Rothfuss.
“Puede que una sola persona no fuese capaz de cambiar toda una guerra, pero una sola piedra sí podía hacer más alta cualquier torre”.
Si alguien me propone resumir, a grosso modo, la trama de La vida sin fin me quedaría corto. Mejor le contestaría a dicha persona: “Si te cuento, preferirías haber descubierto por ti mismo una joya invaluable. Así que mejor léetelo y déjate sorprender por las maravillas ocultas entre sus páginas”. Prometo no pregonar spoilers en esta reseña, solo alimentaré tu interés con tal de que te animes a leer la obra. Sin más preámbulo, te hablaré sobre La vida sin fin.
Es una novela de fantasía épica, cuya duración rebasa las veintidós horas de lectura, preserva una historia fresca, deleitosa, cómoda y particularmente inmovilizante. Todo ocurre en las bien elaboradas y descritas ciudades y poblados que componen el mundo de Thoran. Se me antoja vacacionar en Rythania y Lorinet un par de días y visitar sus preciosos castillos, con el permiso de sus Majestades, por supuesto; callejear por Aridan y tomar un baño en las aguas del humilde Riora. Son varios los personajes que protagonizan la historia. Su evolución en el desarrollo del libro es impactante. Destaco que me flecharon hasta la médula, incluidos los antagonistas. En varias ocasiones quise teletransportarme a Thoran y confiarles los secretos y peligros que los acechaban en su siguiente movida. Esa magia narrativa que rompe el cristal de la lógica y la imaginación se vuelve tan delgado que el autor cumple con el propósito de volverte un proscrito de la realidad. Mi personaje favorito es Aawo, un desafortunado molinero que finge ser mercenario y es encomendado a ejecutar ciertas actividades desagradables con el fin de conseguir dinero para su familia. El pobre no hace más que involucrarse en problemas, pese a tener siempre las mejores intenciones. Me llamaron mucho la atención los extraordinarios seren, como Aldan, pues son inmortales y su papel histórico es imprescindible para la humanidad; lo mismo con los féracen, personas modificadas con genes de un animal que vive en la Jungla del Olvido, para volverse batalladores letales. Los diálogos se implican excelentes, cuando menos piensas te sumerges en ellos y oyes con claridad las conversaciones sucediendo ante ti. Las batallas, armamento, trajes, armaduras y habilidades especiales de ciertos personajes son de fábula. Podría leer otras veintidós horas informándome sobre política, mitología, magia, deportes, comida, economía, historia, entre otros tópicos, que se relacionan con Thoran.
No me queda más que recomendar este tesoro de Jorge Gónex a los cuatro vientos, -no se lo pueden perder- y aprovecho para noticiar la próxima secuela que el escritor me comentó que viene en camino, ya que es una trilogía. Para desenlazar, quiero rescatar dos frases que remarcan un impacto en la obra (o tres, si cuentas aquella con la que abrí la reseña): “Todos tenemos una luz que mostrar para hacer mejor el mundo, pero no todos la encuentran”. “Tal vez había llegado el momento de acabar con esa existencia eterna. El momento de que esa vida sin fin encontrase su ocaso; y para ello solo había un camino: (…)”.