“Prepá va a leer una novela que no podrá soltar. Y al final, ante la crónica del fuego, se preguntará dónde estuvo esta historia y por qué no había sido contada antes.“ Daniel de la Fuente, Grupo Reforma. “El estilo que utiliza Lomelí es rulfiano, dueño y señor de una economía del lenguaje que destila una de las mejores novelas de esta década.” Rafael Acosta, Gaceta Frontal Como indio borrado, el Güero es uno más de los nuevos olvidados en un mundo inmerso en la violencia. El caos reina en todo lo que le rodea, incluso en su propio núcleo ya no soporta el llanto del Cabrito, el hijo de su hermana, las ojeras de su madre, el olor de su padre. Entre los recuerdos de su niñez, cuando vendía serpientes de madera con su hermana la Leidi, los consejos de su tío Absalón y las voces de unos fantasmas que le hablan del pasado de su ciudad y de sus ancestros, el Güero debe lidiar con el paso a la adultez y los sentimientos dominados por la ira. Profundamente marcado por su rol en la pandilla de los Rats y su primer trabajo como albañil, e hipnotizado por los ojos de gata de Lina, el Güero tendrá que descubrir cuál es su lugar en el mundo pero, sobre todo, nos hará saber cuál es su más profundo deseo. Aún no llega su padre a casa, pero sí el momento de acabar con esa sombra que lo ha sumido en la furia y el rencor desde hace años.
Luis Felipe Lomelí (Etzatlán, Jalisco, 10 de enero de 1975) es un escritor mexicano considerado, junto a autores como Augusto Monterroso y Juan Pedro Aparicio, responsable de unos de los microrrelatos más breves. Su microrrelato "El emigrante", por ejemplo, consta de cuatro palabras. Mientras que "Luis XIV" de Aparicio de tan solo una.
Estudió Ingeniería Física Industrial en el ITESM, la maestría en Ecología de Zonas Áridas en el CIBNOR y el doctorado en Ciencia y Cultura en la Universidad Autónoma de Madrid bajo la dirección de Javier Ordóñez Rodríguez. En 2001 obtuvo el Premio Nacional de Literatura de Bellas Artes de México por su primer libro, Todos santos de California (Premio Nacional de Cuento "San Luis Potosí), y el Premio Latinoamericano de Cuento "Edmundo Valadés" por el cuento El cielo de Neuquén, incluido en su segundo libro Ella sigue de viaje. También es autor de la novela, Cuaderno de flores y del ensayo de divulgación científica El ambientalismo. En 2011 compiló el tercer volumen de la antología de Sólo cuento de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha sido escritor residente en Colombia y Sudáfrica y columnista del programa de divulgación científica La oveja eléctrica de Canal 22. Ha colaborado en diversas publicaciones como La Jornada, Letras Libres y Milenio, entre otras. Actualmente trabaja como catedrático en la Universidad Iberoamericana Puebla y en el ITESM campus Puebla.
El lenguaje es potente, expresivo. Una creación originalísima del autor. Y la narración, en viñetas, toca registros muy amplios para contar la historia del Güero y su banda, en Monterrey. Me gusta especialmente lo que sucede en segundo plano... La escalada de violencia, los colgados, etc.
Con una narrativa casi telegráfica, lo que genera mucho vértigo, Luis Felipe nos ofrece una historia de pandilleros de Monterrey. Plagada de introspección, de intimidad, de confrontación personal. Y al mismo tiempo resulta una foto de ese lado de la ciudad oculto para muchos, pero que no pierde la esencia regiomontana.
Una extraordinaria novela, que despierta sensaciones de impotencia, de rabia, de cierta soledad, y de reflexión de nuestra integración con nuestro pasado, nuestro origen y la forma en que convivimos con nuestra idiosincrasia.
A pesar de que me costó entender algunas partes ya que hablan en un español con argot/dialecto de la zona de Monterrey, creo que esta es una de las cosas que más me ha gustado del libro, la atmósfera que el autor ha conseguido crear gracias al uso tan rico del lenguaje y dialectos de sus personajes. El protagonista es un adolescente mestizo de una familia desestructurada de un barrio clase obrera inmerso en el mundo de las bandas y sus jerarquías. Me ha gustado mucho la manera de escribir de Luis Felipe Lomeli, directa y cruda pero a la vez poética. Además, también me ha convencido la manera en la que deja ciertos temas en el aire que pueden dar lugar a la interpretación subjetiva del lector.
Lectura fluida, con una mezcla de lenguaje coloquial y poético. Revela cómo es la vida en los barrios más marginados de Monterrey a través de un adolescente pandillero.
Requiere esfuerzo del lector, ya que existen muchos cambios de tiempo; no está narrado en orden cronológico.
Si eres regio o conoces Monterrey, lo vas a disfrutar mucho.
Indio Borrado es la historia de El Güero, que se encadena a la del Deivid, del Fede, del Vúkaro, del Rapero, del Koyi; a la de decenas de miles de niños y adolescentes en nuestro país que aprenden en sus pandillas como las de los Rats, Bóxer, Máfer, Dragons y Calcos el oficio de matar, de robar y de odiar. Luis Felipe Lomelí muestra su realidad como una llaga que sangra entre la prosperidad de las fábricas, de la máquina de la industria que no para, la modernidad de la ciudad de la Sultana, la ciudad de los Martínez, de los Garza y los Treviño. El Güero está atrapado entre la violencia, la desatención y el desamor de una familia rota y el odio de su padre, eso lo lleva a buscar la amistad en su pandilla porque también él tiene derecho a querer ser héroe, a subir en la estructura donde es Morro, hasta ser Jefe, a amar a Lina, la niña bailarina con ojos de gato. Pero el amor se le queda enredado como el oso de peluche entre los cables de la luz, metáfora de lo poco amable de su vida que se ha perdido para siempre el día que se tatuó la cara, el día que se terció una ametralladora en el pecho, cuando sus fantasmas le dijeron que matara. Destaca de la novela de Lomelí su dominio del lenguaje de las calles, de los chavos de barriada; su prosa poética relaja la dureza de la tragedia, el sentimiento de impotencia que nos va embargando, como cuando describe sus encuentros con Lina: "Respingas. Sientes un carnaval de insectos haciendo su desfile por tu cuerpo, por los carros alegóricos y el bailódromo justo en el pecho." ..."y tú juegas que vas a regresárselo y y aprovechas que alza los brazos para hacerle cosquillas. Todas las luciérnagas alumbran. Vuelan alrededor. Y te hablan"...."Y ríen. Juegan. Sus ojos de gatoson enormes, son dos norias que quieren abarcar los cielos".
«El Güero y la Leidi no dejaban de reírse de la cara de espanto de los automovilistas y su dedo índice haciendo no-no-no tras el parabrisas. Se hicieron camaradas de los demás morros. La Leidi pensó en comprarse una diadema con brillantes en la tienda de bisutería. Y, entre los dos, regalarle a su madre un jabón de aguacate».
Cuántas veces no hemos vivido esa escena, pero desde el interior del vehículo. Fue interesante ver lo que sucede del otro lado, en la vida de aquellos no privilegiados. En la vida de los que pueblan comunidades donde hay chicos que, como el Deivid, «son pilas y están preparados porque terminaron la prepa».
Lo que valoro de esta novela es que los personajes nunca se sienten como objetos de estudio, sino que se desarrollan como personajes complejos, se sienten muy humanos.
Me gustó mucho el capítulo en el que se describe a Monterrey con la palabrería que el regio —tan alienado— utiliza para expresarse con orgullo de su ciudad.
Si te gusta la novela que se lee como poesía. Anímate. Esta llena de simbolismos, una serpiente de plástico que se vende en los cruceros y que termina en los drenajes de la ciudad envenenándola. Un indio que es indio, pero es borrado, (¿de la existencia o de sus rasgos nativos?).
La historia del Güero, es su historia y a la vez la de muchos adolescentes de los barrios de la Loma Larga. Luis Felipe Lomelí cuenta de lo individual para mostrar lo colectivo.
El Güero tiene 13 años pero su madre le sirve el desayuno como el hombre de la casa. Si las opciones de sus padres fueron las fábricas de Monterrey, ahora son las padillas, la violencia de las calles que invitan a “live fast, die young”. Pero estos adolescentes no son “ rebeldes sin causa”, su causa es la pobreza, el abandono social.
El Güero quiere Sobrevivir, empezando por ese olor de su padre...
“Somos Monterrey. La ciudad que arde, la Sultana. Somos la cultura del trabajo y del esfuerzo, los que nos fuimos a robar el fuego de los gigantes flacos. Somos los recios, los regios, los que hablan de frente los que a golpes nos abrimos paso en el desierto. Sobre el desierto. Bajo el sol que seca la machaca”.
Las palabras de Lomelí arden como la Sultana para contarnos, con un lenguaje riquísimo, la historia del Güero y su banda, que se abren paso en las calles de la Revo mientras la violencia destruye su mundo. Una reflexión sobre la soledad y nuestro sentido de pertenencia. Lectura obligada para todos los regios.
A voice that humanizes those who are invisible in the big cities. Family dynamics, gangs and a bitter sweet approach to the main character really captivates the reader. A city where the same words of "pride" may show how divided society can be.
Indio borrado es la historia del Güero, narrando los sucesos de la niñez, las problemáticas sociales y familiares de una manera rápida y concisa. Siento que abarca muchos temas en pocas páginas, lo que lo vuelve abrumador y poco coherente.
Muy triste pero refleja a la perfección lo sucedido en el norte de México a principios del siglo desde la perspectiva de un niño afectado directamente.
Me encantó, debería de tener más distribución considerando el éxito posterior de la película Ya no estoy aquí ya que exponen estos temas y lugares tan bien.
Es el primer libro que leo de este autor. Es una historia triste y muy cruda desarrollada en mi ciudad natal sobre un adolescente que solo ha conocido la pobreza, la violencia y la marginación. La historia está bien, pero su forma de narrarla no me enganchó.
El libro se lo recomendé a una amiga de Monterrey con doble intención. El uso que hace del autor de los regionalismos y la jerga popular, como diría él mismo, "del barrio" y; por otro lado, la sencillez y la abundante libertad del lenguaje con que recrea la historia del güero.
Cuando leí el libro, me sentí guiado como por una serie de viñetas intercalándose a modo de cómic. Esta fue mi vivencia personal con el libro. Recomendable autor.
Una historia cruda y muy intensa que me provocaba escalofríos de sólo pensar en la realidad de muchos niños de nuestro país. Gran prosa del escritor, btw.
Un libro que se aleja completamente de mi zona de confort, por lo que fue una experiencia muy extraña de vivir. Reconozco que objetivamente es un gran libro; sin embargo, no fue para mí.
Es un libro espectacular. Cientos de líneas que se antoja grabarlas en un mural gigantesco. La página 103 y 104 son un portento "Somos Monterrey". ¡Léelo! Larga vida, estimado Luis Felipe Lomelí. Larga vida al Güero. ¡Felicidades!