Él vive con Marina en un departamento donde se escuchan a diario las sirenas de patrulleros y ambulancias. El país en el que se encuentra se ha convertido en una zozobra que acompaña el deterioro de su relación fatigada. La ruptura se acelera ante la búsqueda obsesiva de un primer amor adolescente. Pero revivir el pasado ocasiona hechos imprevistos en un lugar marcado por la inestabilidad y la violencia. Amar a Olga indaga en los mecanismos de las relaciones de pareja, las separaciones y los reencuentros como formas de enfrentar ese pasado y saldar cuentas con él. Una historia en la que se explora el escape como búsqueda de sentido en medio de un espacio hostil, donde la memoria es una fiera que acecha y también el motor de un accidente sorpresivo. Gustavo Valle nació en Caracas en 1967 y vive en Buenos Aires. Ha publicado libros de poemas: Materia de otro mundo (2003) y Ciudad imaginaria (2005); de crónicas: La paradoja de Itaca (2006) y El país del escritor (2015); y novelas: Bajo tierra (2009) y Happening (2014). Obtuvo el Premio de Novela Adriano González León, el Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana y el Premio de la Crítica en dos oportunidades.
Gustavo Valle ha sido galardonado con el premio III Bienal de novela Adriano González León (2008), el Premio de la Crítica a la mejor novela publicada en Venezuela (2009), ambos por la novela Bajo Tierra; y el XIII Concurso Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana (2013) por Happening.
La poesía es un rasgo, una marca potente en la literatura venezolana. Está poderosamente derramada en otros textos clasificados/entendidos como géneros distintos. La velocidad, el baile, la intermitencia presente en esta narración es propia de los mecanismos de la memoria del amor.
Un primer amor moldeado a la medida de las más puras visiones, sensaciones y emociones. Es como una cueva, una caída de agua rodeada de la belleza, transparencia y peligros de una selva. Gustavo Valle dibuja una jauría, un torbellino de sucesos, personajes frágiles, auténticos, complejos que están unidos por un pasado que no se desmorona. Las personas que moldean nuestras vidas son el recurso de salvación en los vertederos propios de ciertos derrumbes emocionales. Eso está aquí, y se teje con la ciudad de Caracas que aparece también vista, revista, obsesivamente, de la misma manera que un primer amor. Ese refugio imperfecto, salvaje, violento, que quizás te ha sacado a patadas, pero al que la memoria más honda suele volver.