Un libro con lenguaje ameno que invita a predicar sobre el modelo particular de predicación que usa Spyker. A grandes rasgos, el libro se divide en tres partes: la primera y la última desarrollan algunos puntos sobre el llamado a la predicación, la ética del predicador, los tipos de predicación, etc. Ya que no es un libro de homilética, algunos de los capítulos que intentan explicar estos conceptos, a mi punto de vista, se quedan cortos (Andrés solo menciona, por ejemplo, los modelos de predicación pero no se extiende al respecto, lo que deja algunas lagunas).
La parte más importante del libro es lo que Andrés denomina como su “mapa” de predicación “expositópica” (un término que él creó para nombrar su modelo de predicación). La intención de este mapa (y aparentemente de todo el libro, pues es su columna) es ayudar a los cristianos que nunca han predicado a desarrollar modelos de predicación basados en este esquema homilético. Me pareció importante que abundará en cada parte del mapa y con ejemplos sobre como él construye sus predicaciones. Contiene algunos consejos importantes que son clave para una transmisión efectiva del mensaje. El bonus es la parte final del libro donde incluye 4 de sus bosquejos con un enlace para escuchar sus predicaciones y compararlas con el mapa.
Pero en este tipo particular de predicación también está su debilidad (o, probablemente, en quién predica). Al escuchar con atención los 4 mensajes, uno se da cuenta que el mensaje depende por completo de las aplicaciones (que es a lo que el autor recomienda darle una gran cantidad de peso). Incluso, a pesar de existir dentro del mapa una parte dedicada a la explicación del mensaje, la exégesis parece estar subordinada a la aplicación (y no al revés), por lo que quitar las aplicaciones es quitar el mensaje. Al escuchar los mensajes propuestos, uno se da cuenta que la exégesis o explicación de los pasajes es la más anémica. Entiendo que las aplicaciones son importantes, pero la exposición de la Palabra, por sí sola, tiene un poder de influencia muy grande en conjunto con la obra del Espíritu Santo.
Por otra parte, aunque es una pequeña sección, habla sobre lo que Spyker denomina como “el tono de gracia” en las predicaciones. Quién lea el libro se dará cuenta de esa parte, algo que me pareció vital y tan necesario en muchos predicadores actuales.
Como conclusión: para aquellos que se inician en este mundo, este libro puede ayudar a iniciarse en un modelo particular de predicación (principalmente el temático) acompañado de ejemplos de predicación, algo de lo que adolecen otros libros. Contiene algunos consejos útiles sobre la comunicación, algunos consejos de apoyo y aliento que animan, y seguro que quien desarrolle una exégesis robusta (con apoyo de otros libros), este modelo ayudará a poner su pasaje sobre el púlpito.