Iturbe es un físico especialista en neutrinos que, tras más de dos décadas en el extranjero, vuelve para saldar sus deudas sentimentales a La Barceloneta, el barrio en el que se crio. Paseando de nuevo entre sus calles, descubrirá que, entre pisos turísticos, franquicias de multinacionales y la progresiva desaparición de los vecinos, ya sólo quedan vestigios de su memoria y deberá, con la ayuda de un amigo de la infancia llamado González, rescatar su propio pasado, a la vez que va descubriendo el destino de algunos de sus compañeros de generación.
La playa infinita es una novela que funciona como guía sentimental del estilo de vida y las callejuelas de la Barcelona de última mitad del siglo XX; una melancólica carta de amor a un barrio y, por extensión, a una ciudad que nunca volverán. Y una reivindicación del poder de la imaginación, de la literatura y de la ficción para completar un retrato del último medio siglo de historia española.
Si las novelas se miden por los sentimientos que provocan y la huella que dejan en nosotros, La playa infinita se lleva las cinco estrellas. Ésta es una lectura llena de nostalgia, es una vuelta a nuestra infancia y un viaje personal muy enriquecedor. Creo que todos tenemos una playa infinita pero la lectura de esta novela se eleva a la máxima potencia cuando somos capaces de reconocer y sentir en nuestra propia piel la playa de Iturbe, que no es otra que la del barrio pesquero de la Barceloneta. Sé que ésta es una novela arriesgada pero yo la he disfrutado muchísimo y me ha emocionado enormemente.
Una meravella. M'encanta com escriu i el que diu. Pot semblar el típic relat nostàlgic sobre la Barceloneta i no, és molt més que això. A Iturbe no se li escapa res, ens parlarà de l'origen del barri, del passat -el que no ha viscut i també el que ha viscut- de persones -molt especialment de persones, d'una manera de ser, d'un lligam especial entre la gent d'aquest barri. Dit així sembla que només pugui interessar a la gent vinculada amb la Barceloneta però no, no soc de la Barceloneta i m'identifico amb la majoria de coses que s'expliquen i gaudeixo amb el retrat dels personatges i amb les descripcions que flueixen d'Iturbe com si fossin fàcils. Cada frase està molt treballada o li surt així de fàcil? És un diàleg constant entre Iturbe i González, el que se'n va anar i el que es va quedar al barri. Un diàleg interior, com tenim tothom, allotgem més d'una persona dins nostre. M'encanta com escriu: "El edificio cruje, se pliega, es un origami en llamas, se desmorona sobre la arena en un descalabro mudo de maderas y astillas al rojo vivo" I que un escriptor afirmi: "Los libros matan la literatura. Mis historias están vivas en mi cabeza, flotan en la cisterna de mi cráneo, crecen y se multiplican hasta el infinito ...Si las pusiera en palabras sobre un papel solo serían flores secas en un álbum. Que bonic quan parla de la primera vegada, quan tot just gatejava, que va veure el mar amb la seva mare "El niño está distraído, ve el mar por primera vez, pero no se acordará" ..."A los niños no los conmueve ningún paisaje por grandioso que sea porque forman parte de él" "Lo que realmente capta su atención son los pedazos de carbonilla entremezclada con la arena" "Acaba de descubrir que la vida mancha" O la Barcelona d'abans dels JJOO: "La Sagrada Família es una montaña de cascotes; Gaudí interesa tan poco que en los bajos de la Pedrera hay un bingo. En la Boquería en marzo se venden guisantes, en junio fresas". "Y en esa fiebre Barcelona, que hace cien años fue modernista quiso ahora ser moderna y tirar todo lo viejo por la ventana (P. 234 i següents) "Por razones humanitarias, no hay nada tan humano como el afán de ganar dinero" I tinc moltes coses en comú, aquest canvi de Barcelona, buidada de comerços singulars que cada cop s'assembla més a qualsevol altre lloc del món. Tota la família davant de la tele hipnotitzats per la sintonia de Cosmos y la dolça veu del doblador del Carl Sagan, les bosses de les caniques, i mil detalls que explica que m'han fet tornar a aquell temps i a records que tenia oblidats.
· Es la de Iturbe una prosa culta, elegante, de párrafos notables llenos de hallazgos e incluso gotas cervantinas. En esta, La playa infinita y a pesar de los buenos oficios, la redacción se hace premiosa y envolvente para, de esa contumacia, amasar un sustrato monocorde, como un bajo continuo del que surge una única y repetida melodía: la nostalgia.
· La nostalgia es un sentimiento amistoso, un refugio entrañable que renuncia al presente y descuida el futuro. No es saludable, al contrario, la nostalgia abusiva —es el caso— y sin solución —también— tiende al saturnismo y la melancolía; y esto ya es un problema serio. La novela comienza atractiva para entrar casi enseguida en ese bucle ensimismado y egotista que tanto exige y tan poco aporta.
· Después de años de ausencia, Iturbe regresa a sus orígenes en busca de algo o de alguien. Se instala en la casa de un compañero de colegio, un tal González, que resulta ser un trasunto del mismo Iturbe replicado. Entre ambos, en la intimidad de un sótano mistérico y en unos diálogos que en realidad son soliloquios, van alternando historias de cómo era el escenario (La Barceloneta), cómo había cambiado, cómo eran entonces, con quiénes compartían juegos, con qué se ilusionaron y así, como en el juego de la oca, de nostalgia en nostalgia vamos avanzando para quizá volver a la casilla de salida o perder turnos en el pozo sin que nadie nos rescate.
· El gran problema de la nostalgia es que todos, usted y yo, su prima Lola, el cura párroco de san Julián y la vecina del cuarto derecha, adolecemos de ella. Todos tuvimos infancia y un instituto y jugamos al fútbol y nos peleamos e incluso tuvimos una novieta que aún no olvidamos: dónde, pues, lo extraordinario. El aburrimiento me ha salvado de acabarla, aun así, doscientas páginas de cortesía y constancia son doscientas páginas en las que, por cierto, no pasa nada.
Tenía ganas de leer algo de este autor y cuando vi el tema me lancé. La física quántica no me entusiasma, sí me ha gustado mucho el protagonista (La Barceloneta) su historia y la revolución que ha sufrido desde las olimpiadas del 92. Muy interesante la recuperación de recuerdos compartidos de finales de los 70 y 80. Impagable la narración de la evolución de las máquinas recreativas. No me entusiasma la figura del autor/narrador pero en este caso está justificado (incluido el alter ego). "Desde bien pequeño supo que no querría irse nunca de ese lugar de los prodigios que era la escuela y, como no pudo evitar crecer y dejar de ser niño, lo que hizo para quedarse en el colegio fue hacerse maestro."
No voy a valorar un libro que no he terminado. Y no tengo razones para no terminarlo, simplemente llegué a un punto en el que las divagaciones del personaje consigo mismo dejaron de interesarme... por mucho que el grano de arena que se desplace de una historia a otra. Que mientras fueron historias me atrajeron, hasta que se convirtieron en apuntes. Entiendo que los que compartieron tiempos con él se sientan identificados. Yo no. Alabar, sin embargo, la enorme sensibilidad del escritor y su manejo del lenguaje y los ritmos.
Conocí a Iturbe en la feria del libro de Madrid y me firmó con mucho cariño este libro, que tan especial es para él, según me contó. He podido redescubrir a Iturbe en esta novela tan personal y se confirma su innegable sensibilidad. Sin embargo, no he conseguido conectarme a esta historia, demasiadas divagaciones y descripciones abstractas. Creo que a alguien de su generación y de su barrio le emocionaría muchísimo esta novela, pero a mí me ha dejado un poco triste, siento que no puedo valorarla como se merece. No dejo de admirarlo profundamente, en cualquier caso.
Antonio Iturbe se encuentra con sí mismo, con la nostalgia y con la infancia, para trazar una autobiografía, que a su vez es la historia de una playa, de una ciudad y posiblemente, la nostalgia de todos los que vivimos una infancia memorable. Con la premisa de heraclito de que uno no se baña nunca en el mismo río, intenta hacernos entender que el barrio y uno mismo pueden ser los mismos pero mutan y cambian y aún así tienen esencia.
El escritor y periodista Guillermo Busutil, Premio Nacional de Periodismo Cultural, recomienda este libro en El Ojo de Gutenberg, un espacio personal en nuestro canal de Youtube.
Esta novela nostálgica nos sumerge en los recuerdos de infancia del autor en la Barceloneta, narrados con una prosa poética y cierta intriga. Iturbide reconstruye escenas de veranos pasados: niños construyendo castillos de arena, conversaciones de vecinos en la plaza del barrio, momentos cotidianos que cobran un significado universal.
La trama es secundaria; lo que cautiva es la capacidad del autor para transformar sus memorias personales en un espejo donde los lectores podemos reconocernos. Su escritura, salpicada de frases memorables como "La memoria es un océano infinito...", invita a la reflexión sobre nuestro propio pasado.
Es un libro íntimo que, sin grandes artificios, logra emocionar por su honestidad y por cómo retrata esos pequeños momentos que, sin darnos cuenta van componiendo nuestra vida.
"Un grano de arena es diminuto, frágil, insignificante y, sin embargo, construye el lugar sagrado donde van a morir las olas para que vuelvan a nacer. // Somos playa, Iturbe."
"Ese es el secreto: pones la oreja en el suelo para escuchar el mundo y lo que escuchas es tu propio latido."