Cuando Casandra llegó al apartamento, Noah supo que le traería problemas, lo que no se imaginaba era que terminaría enamorándose de ella. Casandra nunca debió entrar en el juego de aquellos chicos y, aunque no tuvo elección, enamorarse de Noah fue cosa suya. Quizá de haber conocido sus secretos hubiera sido diferente. Ahora sus vidas corren peligro: carreras clandestinas, deudas, amenazas, vicios, desamores…
Tras contemplar el asesinato de su madre, Casandra no está preparada para afrontar la nueva vida que le espera. La universidad requiere cambios, el primero es compartir apartamento con otros cuatro universitarios: Ian, Eloy, Marco y Noah.
Al principio la convivencia con este último será imposible, ya que él parece odiar a la recién llegada; pero cambia de opinión al darse cuenta de lo rota que está la muchacha porque, al igual que él, tampoco ha tenido una vida fácil. Tras haber sufrido maltrato por parte de su padre, Casandra se ha vuelto una chica insegura e incapaz de quererse a sí misma, cualquier comentario es capaz de derrumbarla. Y, desgraciadamente, a Noah le falta consideración a la hora de hablar; es incapaz de guardarse sus comentarios ofensivos.
Casandra está convencida de que Noah no es el chico bueno que todos creen, que está lejos de ser tan perfecto como dicen; no le falta razón. Noah está endeudado hasta el cuello y el dinero que gana en las carreras no es suficiente para librarse.
Él no quería que la muchacha se viera involucrada, pero ya es demasiado tarde, sus intentos por mantenerla fuera de sus asuntos fracasan, y ahora la vida de ella es más importante que la suya propia. ¿La razón? Se ha enamorado de la joven de ojos grises y mirada triste, a sabiendas de que alguien acabará con el corazón destrozado
Ellos se aman, pero a veces con amar no basta.
Esta es una historia donde no hay chicos buenos, tan solo adolescentes problemáticos jugándose la vida.