Uno de los documentos centrales redactados por Perón a lo largo de su carrera política. Es, además, su obra póstuma. Su lectura es, al mismo tiempo, un apasionante ejercicio de comprensión histórica y una fuente insustituible para los desafíos por venir. El autor no se propuso aquí realizar una síntesis de su pensamiento, sino que quiso ofrecer una ideología creativa que marque con claridad el rumbo a seguir y una doctrina que sistematice los principios fundamentales de esa ideología.
Es una propuesta superadora elaborada por el líder más carismático de la historia argentina en su momento de mayor madurez intelectual. Realmente vale la pena leerlo despojándose de la carga ideológica y emocional que uno traiga.
Su lectura es de un gran aprendizaje y sería interesante retomar este camino trazado en los 70 pero que trata temas de absoluta actualidad: el efecto del consumismo excesivo, el cuidado de la naturaleza, la preservación de los valores nacionales y la importancia del desarrollo tecnológico puesto al servicio del ser humano.
Creo que la parte floja o desactualizada tiene que ver con el modelo económico. Fuera de eso, creo que es un libro de lectura imprescindible para cualquier argentino.
Este libro resume en gran medida la doctrina peronista y el modelo que Perón pensaba para Argentina. Comparado con La comunidad organizada este es un libro más político y concreto. Lo que más me interesó fue la importancia que Perón le daba a la ciencia y la tecnología, que consideraba clave para desarrollar la industria y salir de la dependencia económica. También es muy interesante el espacio que dedica (en 1974!) a la ecología, temas que 50 años después están más vigentes que nunca.
"(...) el hombre no es un ser angélico y abstracto. En la constitución de su esencia está implícita su situación, su conexión con una tierra determinada, su inserción en un proceso histórico concreto. Ser argentino significa también esto; saber, o al menos intuir, que ser lúcido y activo habitante en una peculiar situación histórica forma parte de la plena realización de su existencia. Es decir, habitante de su hogar, de la Argentina, su patria."
"(...) lo que realmente distingue al argentino del europeo o el africano es su radical correspondencia con una determinada situación geopolítica, su íntimo compromiso moral con el destino de su tierra que lo alberga y su ineludible referencia a una historia específica que perfila lentamente la identidad del pueblo. Su pertenencia a esta tierra y no a otra, su habitar en esta situación y no en otra, su apertura a un destino irreductiblemente propio, bastan para que aquellos principios esenciales que todo hombre atesora se concreten de una manera única e irrepetible, configurando la esencia del hombre argentino y conquistando para él un tiempo singular y definitivo en la historia del mundo. Si en esto consiste la esencia de nuestro hombre, mí humilde pedido se reduce a solicitar a cada argentino que actualice en profundidad su adherencia a esta tierra, que recuerde que sobre su compromiso y su autenticidad brotarán las semillas de una Patria Justa, Libre y Soberana."
Un libro clave para entender el modelo que el Perón más maduro quería para la Argentina.
La primera parte es la fundamentación, donde repasa que se precisa una ideología nacional coherente con el espíritu argentino que nazca del seno de la Patria, que ha de ser nacional, social y cristiana. Determina el justicialismo como resultado de "un conjunto de ideas y valores que no se postulan: se deducen y se obtienen del ser de nuestro propio Pueblo". "El Justicialismo es una filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista". El Justicialismo quiere para el hombre argentino que armonice los valores espirituales con los materiales y los derechos del individuo con los derechos de la sociedad, que se desenvuelva en un ámbito de justicia social fundada en la ley del corazón y la solidaridad del Pueblo (no de la ley fría y exterior), que asuma la solidaridad sobre la base de compartir beneficios y sacrificios equitativamente distribuidos y que comprenda a la Nación como una unidad abierta generosamente con espíritu universalista, pero consciente de su propia identidad. Sigue una Tercera Posición porque "define una histórica determinación de autonomía e identidad nacional".
Definiendo la futura comunidad argentina, predica la armonía como categoría fundamental de la existencia humana y cree en ella como condición inalienable para construir la futura Argentina, el Justicialismo es revolucionario en su concepción, pero pacífico en su realización. Busca una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
Explica que "si una ideología no resulta naturalmente del proceso histórico de un Pueblo, mal puede pretender que ese pueblo la admita como representativa de su destino. Este es el primer motivo por el cual nuestro Modelo no puede optar ni por el capitalismo liberal ni por el comunismo". El rechazo de las posibilidades extremas que brindan el capitalismo y el comunismo se fundamenta en el hecho de que su adopción implica servir automáticamente al neocolonialismo.
Sobre las enseñanzas de la historia, explica que el crecimiento económico de los países más avanzados viene de sus recursos tecnológicos y acumulación de capital y el acceso a las riquezas y el trabajo de los países colonizados. Los países colonizados pueden expandir su producto, pero no su ingreso, muestran un aparente progreso que en realidad encubre su miseria. Para mantenerlos así, se requiere la acción sutil de las organizaciones que sirven a organizaciones que sirven a intereses supranacionales, a veces en forma de ayudas, que atan cada vez más a los países dependientes. Pretende crear una Unión Latinoamericana que retome su propia historia en lugar de seguir por la historia que quieren crearle los mercaderes internos y externos. "El año 2000 nos encontrará unidos o dominados. Nuestra respuesta debe ser la de construir la política de unirnos para liberarnos". Sorprendentemente, dice que es el fin de las oligarquías y burguesías, que según él está terminando en el mundo el reinado de las oligarquías y las burguesías y que comienza el gobierno de los pueblos. "Con ello, el demo liberalismo y su consecuencia, el capitalismo, están cerrando su ciclo. El futuro realmente es patrimonio de los pueblos". Dice que el mundo debe salir de una etapa egoísta y pensar más en las necesidades y esperanzas de la comunidad, hay que persistir en el principio de justicia para recuperar el sentido de la vida y devolver al hombre su valor absoluto. “En lo político, liberación significa tener una Nación con suficiente capacidad de decisión propia, en lugar de una Nación que conserva las formas exteriores del poder, pero no su esencia. La Nación no se simula. Existe o no existe”.
Cuando habla del ámbito económico, señala que en 1955 no se había alcanzado a afirmar la existencia de un empresariado industrial argentino como factor contribuyente al desarrollo nacional, la industria creció con alto apoyo externo. Dice que se debe tener en claro que lo esencial es que se considere tanto el aporte a la economía nacional como el beneficio del empresario, que se defina una conducta coherente respecto de los intereses nacionales y los del empresariado. Recordemos que antes dijo que es el fin de las oligarquías y burguesías y después dice esto, es una contradicción muy evidente y muestra que con Perón puede haber soberanía, pero no un cambio de sistema, es un estado burgués para la burguesía nacional, aunque tampoco niega la contribución de empresarios extranjeros. En este aspecto, no queda más que reconocer que el socialismo soviético en su desarrollo fue mucho más soberanista. También explica que para combatir la inflación se buscaron soluciones equivocadas, bajó la demanda de los trabajadores mediante la baja del salario real, y que al no adoptarse medidas para que todos participaran en el sacrificio, fueron las espaldas de los trabajadores las que soportaron el peso de las políticas de represión. Comenta la importancia de la planificación en este punto también.
En el ámbito social está a favor, claro, de la movilidad social, reconoce que la igualdad de oportunidades es determinada por la capacidad económica de la cual dependen las posibilidades de formación y que se debe asegurar que los liderazgos surjan de la vocación de servicio al país y su capacidad, que para no caer en la trampa liberal en el futuro debe emprenderse con inteligencia y honestidad la formación de líderes que sean representantes e intérpretes del Pueblo sobre una verticalidad institucionalizada que transporte la corriente de poder desde la base.
De la familia, comenta que en la sociedad argentina se ha sabido preservar la familia como célula social, cuando en las sociedades altamente competitivas y devoradas por el consumo se debilitó el núcleo familiar y aparecieron ciertas desviaciones, de las cuales las drogas y el alcoholismo son dos manifestaciones lamentables. “Nuestra patria todavía está a tiempo de preservar a la familia, la mayor parte de ellas han salvado su contextura si bien no todas han conservado su integridad ante la agresión externa motivada por el sistema liberal”. Explica que los medio de comunicación masivos se convirtieron en vehículos para la penetración cultural, pero que “cuando se observa una profunda fe en ideas y valores, la coerción externa no puede impedir que se desarrollen mecanismo informales de comunicación directa”, “No es posible vender ideas al Pueblo” (algo que estimo incorrecto). Comenta que el sistema empleado incrementa la demanda de bienes y la actitud competitiva, constituyendo impulso de progreso económico, pero que el progreso económico y el desarrollo social del país para alcanzar la felicidad del hombre que lo integra son cosas distintas, además de que el consumo artificialmente estimulado unido a la mentalidad competitiva en una sociedad en la que la exhibición de bienes es una cuestión de prestigio actúan como desestimulantes de determinaciones fundamentales de la creatividad del hombre como la ciencia y el arte.
Sobre los factores de cambio, señala que librada la sociedad a una evolución espontánea, resulta inexorablemente víctima de pautas externas y que se debe levantar el poder del espíritu y la idea, teniendo en cuenta que el bienestar material no debe aniquilar los básicos principios que hacen del hombre un ser libre, realizado en sociedad y valorizado en su plena dignidad. En el ámbito cultural, la consolidación de una cultura nacional se ha enfrentado con el obstáculo de la importación de culturas ajenas a la historia del pueblo argentino por culpa de los medios de comunicación masivos y el colonialismo cultural. Muy interesante cuando dice que los mecanismos de difusión cultural enferman espiritualmente al hombre, instrumentan la imagen del placer para excitar el ansia de tener, absorbe los sentidos del hombre a través de una mecánica repetitiva que diluye su capacidad crítica. “Los valores se vierten hacia lo sensorial, el hombre deja de madurar y se cristaliza en lo que podemos llamar un hombreniño que nunca colma su apetencia. Vive atiborrado de falsas expectativas, que lo conducen a la frustración, al inconformismo y a la agresividad insensata. Pierde progresivamente su autenticidad, porque oscurece o anula su capacidad creativa para convertirse en pasivo fetichista del consumo, en agente y destinatario de una subcultura de valores triviales y verdades aparentes”. Denuncia el colonialismo cultural de las potencias que “exhiben sugestivas semejanzas culturales: el mismo materialismo en la visión del hombre, el mismo debilitamiento de la vida del espíritu, el mismo desencadenamiento de la mentalidad tecnocrática como excluyente del patrón de cultura, la creciente opacidad del arte y la filosofía, la distorsión o aniquilación de los valores trascendentes”, es decir, según Perón tanto el capitalismo liberal como la interpretación marxista de los valores y la cultura degradan la autonomía espiritual y obstruyen interminablemente la formación de una cultura nacional.
En el ámbito científico-tecnológico comenta que la incorporación de tecnología atada al capital extranjero creó compromisos tecnológicos, que no se ha remunerado a investigadores bien, y declara que lo científico-tecnológico está en el corazón del problema de la liberación y que sin base científico-tecnológica propia y suficiente, la liberación se hace también imposible. Dedica también toda una sección al ámbito ecológico, lo cual es sorprendente viniendo de 1974. Dice que las mal llamadas sociedades de consumo son, en realidad, sistemas sociales de despilfarro masivo, que los sistemas de despilfarro de los países tecnológicamente más avanzados funcionan mediante el consumo de recursos del Tercer Mundo y se da la paradoja de que los países de baja tecnología sufren efectos del hambre, analfabetismo y enfermedades, pero lo países ricos que asientan su exceso de consumo en el sufrimiento de los primeros tampoco están racionalmente alimentados ni gozan de una auténtica cultura o de una vida espiritual o físicamente sana. “El ser humano, cegado por el espejismo de la tecnología, ha olvidado las verdades que están en la base de su existencia: mata el oxígeno que respira, el agua que bebe y el suelo que le da de comer, así como eleva la temperatura permanente del medio en que vive sin medir sus consecuencias biológicas”, “A la irracionalidad del suicidio colectivo debemos responder con la racionalidad del deseo de supervivencia”.
Por último en esta sección, sobre el gobierno comenta que necesita más gobierno y más eficiencia del mismo puesto que lo concibe como verdadero proveedor de servicios a la comunidad. Dice que no necesita saturarse de funcionarios, solo los que hagan falta, pero con el máximo nivel de capacidad y responsabilidad que corresponda a cada cargo, algo que otros peronistas posteriores no han querido cumplir.
La segunda parte del libro trata el desarrollo, comienza comentando la importancia de la comunidad organizada conformada a través de la conducción centralizada en el nivel superior del gobierno, donde nadie discute otro derecho que el de sacrificarse por el pueblo, una ejecución descentralizada y un pueblo libremente organizado en la forma que resulte más conveniente a los fines perseguidos. Una vez esté organizada será posible realizar lo que interpreta como misión de los ciudadanos, que triunfa la fuerza del derecho y no el derecho de la fuerza.
Después habla del hombre, la familia, la sociedad y la cultura. Muy interesante es cuando habla del hombre argentino y, respondiendo a los que dicen que el argentino no es un sujeto histórico autónomo sino una suerte de prolongación del hombre europeo, dice que el “el hombre no es un ser angélico y abstracto. En la constitución de su esencia está implícita su situación, su conexión con una tierra determinada, su inserción en un proceso históricos concreto. Ser argentino significa también esto; saber, o al menos intuir, que ser lúcido y activo habitante en una peculiar situación histórica forma parte de la plena realización de su existencia. Es decir, habitante de su hogar, de la Argentina, su patria. Por lo tanto, lo que realmente distingue al argentino del europeo o el africano es su radical correspondencia con una determinada situación geopolítica, su íntimo compromiso moral con el destino de la tierra que lo alberga y su ineludible referencia a una historia específica que perfila lentamente la identidad del pueblo. Su pertenencia a esta historia y no a otra, su habitar en esta situación y no en otra, su apertura a un destino irreductiblemente propio, basta para que aquellos principios esenciales que todo hombre atesora se concreten deuna manera única e irrepetible, configurando la esencia del hombre argentino y conquistando para él un tiempo singular y definitivo en la historia del mundo”.
En cuanto a la familia y la sociedad, dice que la familia seguirá siendo en la comunidad nacional por la que se debe luchar el núcleo primario, la célula social básica, y el matrimonio es la única base posible de construcción y funcionamiento equilibrado y perdurable de la familia. “Es preciso que nuestro hombres y mujeres emprendan la constitución del matrimonio con una insobornable autenticidad, comprenderlo no como un mero contrato jurídico sino como una unión de carácter trascendente. (...) (Su misión) no solo consiste en prolongar meramente la vida en esta tierra, sino también en proyectarse hacia la comunidad en cuyo seno se desenvuelve. Esto implica comprender que, como toda misión radicalmente verdadera, superan incesantemente el ámbito individual para insertar la familia argentina en una dimensión social y espiritual que deberá justificarla ante la historia de nuestra patria”. Es interesante cómo le da al matrimonio una resonancia histórico-social. En un tiempo en el que la disolución progresiva de los lazos espirituales entre los hombres debida a la ideología egoísta e individualista, al familia es el tránsito espiritual imprescindible entre lo individual y lo comunitario, difunde en la comunidad una corriente de amor, fundamento de la justicia social.
De la cultura, piensa que es artificial distinguir el hombre y la cultura que de él emana, y que la cultura argentina se evidencia más en la cultura popular que en la académica porque un intelectual puede separarse de su destino histórico por un esfuerzo de abstracción, pero el resto del pueblo no puede renuncia a su historia y a los valores y principios que él mismo ha hecho germinar en su transcurso. Frente a la cultura europea, pretende guardar distancia respecto a los extremos que supone un europeísmo libresco y un chauvinismo que elimina todo lo que venga de Europa. “La gestación de nuestra cultura nacional resultará de una herencia tanto europea como específicamente americana, pero hay que tomar centralmente en cuenta los valores que emanan de la historia específica e irreductible de nuestra patria, concentrados en la cultura popular”.
Sobre la democracia social, explica que es social porque la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo, porque la sociedad es su marco, objeto e instrumento de su realización, el pueblo organizado es actor de la decisiones y artífice de su destino. Sus cualidades implican que participen todos los grupos políticos y sociales, procura el bien común, se nutre de una ética social que supera la ética individualista preservando la dignidad del valor humano, requiere una caracterización de la propiedad en función social, es pluralista, agrupa representaciones del trabajo y del empresariado, se realiza con una concepción nacional sin xenofobia en actitud continentalista y universalista de cooperación. Propone el ideal no utópico, acerca la realidad al ideal y revisa la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro.
Propone la conducción centralizada y ejecución descentralizada, planificando a largo plazo la definición de las cualidades de la sociedad que se visualizan y la identificación de estrategias globales para alcanzarla, para lo que propone como entidad un Consejo para el Proyecto Nacional. El mediano plazo es realizado por el Poder Ejecutivo y el corto plazo por el equipo ministerial. La forma de gobierno que responde al objetivo es la representativa, republicana, federal y social.
Sobre la economía, dice que el Justicialismo comprende lo económico como naturalmente emanado de un proyecto histórico-político de espíritu intrínsecamente nacional, social y cristiano. Decide que la actividad económica debe dirigirse a fines sociales y no individualistas, con una definición clara del concepto de beneficio ubicándolo como la justa remuneración del factor empresarial por la función social que cumple en lugar de como fin en sí mismo, para preservar el estímulo para la gestión empresarial privada. En su Tercera Posición, se busca que los logros económicos no atenten contra la libertad y la dignidad del hombre. Comprende el estado como camino para satisfacer necesidades básicas de la comunidad, que el capital extranjero se debe tomar como un complemento y no como factor determinante y que esté determinado por reglas de juego puestas por el país. Piensa que poco dicen los índices de crecimiento global si no va acompañado de una más equitativa distribución personal. Sobre el agro, piensa que la tierra no es un bien de renta, sino un bien de trabajo, y el trabajo todo lo dignifica. Acerca de la industria, es imprescindible una planificación y un control de su tecnología, que es uno de los factores de dependencia más fuertes. Pretende desarrollar una tecnología que nutra permanentemente la industria con un gasto en investigación y desarrollo tan grande como jamás lo hubiera sido hasta entonces con la convicción de que sin tecnología nacional no habrá una industria realmente argentina, pudiendo haber crecimiento pero no desarrollo. El sector privado debe fortalecer una mentalidad exportadora con una tecnología íntegramente nacional.
This book summarizes what Peron wanted for Argentina. Really interesting read given how all the problems he talks about like imperialism, late-stage capitalism, climate change, are very relevant today. In it you're going to find the plans he had, not only in the economics but also culturally and sociopolitically. All in all a very good read. Also in this version the pages are pretty thick so thats always good.
Hermoso libro en el que Perón busca, despues de 18 años en los que intentaron borrar su huella, organizar a la Argentina para este nuevo mundo que se empezaba a vislumbrar en el horizonte, el veia cercano un universalismo pero termino siendo la globalización que vivimos las ultimas decadas donde los imperialismos siguen aun sometiendo al tercer mundo.
Mas alla de exponer en gran parte la doctrina justicialista, no nombra mucho al Peronismo, en cierta forma intenta trasvasar la doctrina a este Modelo Argentino, algo que va de la mano con la reformulacion de la verdad N°6: "Para un argentino no puede haber nada mejor que otro argentino", quiere interpelar a todos los argentinos por igual para que todos pongan su parte en la construccion del modelo
No se hasta que punto en base a este libro se pueda etiquetar al Peronismo como universalista, como lo hace Grabois, ya que Perón hace enfasis todo el tiempo en lo nacional y en construir una nacion fuerte para despues ir al continentalismo y luego al universalismo sin perder identidad y fuerza nacional; igual se nota un Perón ya mayor conciente de 18 años de propaganda anti-peronista como tambien lo que eso supuso para una entrada al peronismo de jovenes de izquierda radicalizados y todos los choques que traia eso en la epoca, por eso buscaba esta unidad de todos los partidos y de todos los argentinos para un bien futuro.
Dejo una cita que me gustó: "El universalismo constituye un horizonte que ya se vislumbra, y no hay contradicción alguna en afirmar que la posibilidad de sumarnos a esta etapa naciente, descansa en la exigencia de ser más argentinos que nunca. El desarraigo anula al hombre, y lo convierte en indefinido habitante de un universo ajeno."
Un poco idealista y poco concreto, como suele suceder en los discursos políticos. No obstante, gran parte de sus planteos tienen vigencia en la actualidad, si bien este libro es de los 70, por lo cual no puedo dejar de mencionar que fue un hombre sabio y visionario. Siento que es una lectura básica para cualquier argentino ya que el peronismo es parte de nuestra historia y primordialmente de nuestra identidad nacional.
Por momentos se me volvió excesivamente reiterativo. Es una fácil lectura pero ya al final me resultaba aburrida.
Muchos planteos y deseos que conlleva este modelo son muy actuales, como por ejemplo, el punto de vista ecológico. Otros, en cambio, retrasarían si lo tomamos como una guía hoy en dia. Hay que saber que tomar y que no de lo propuesto.
Uno de los libros que muestra la gran capacidad que tenía nuestro gran conductor nacional, el Gral. Juan D. Perón. Lamentablemente ha sido exitosamente defenestrado por los que odian a este país. Espero sea reivindicado por los patriotas del porvenir
El mejor libro, por escándalo escrito por Perón para conocer sus pensamientos y su modelo país. Predicaremos por él y sus conocimientos. La Argentina que soñamos está en este libro. 10/10