Como suele ser el caso con libros de historia latinoamericana, éste también es tedioso y fútil. La historiadora que lo escribió sólo nos va exponiendo un catálogo de hechos que sucedieron en el Caribe entre 1492 y 1555. A este señor lo nombraron alcalde, a este otro señor lo acusaron de robo, a este otro le asignaron una encomienda en San Juan, esta viuda tenía una enorme deuda, etcétera, etcétera. La académica Ida Altman sólo reunió todos los documentos históricos que pudo y simplemente los describió en un libro. Si no mencionara el nombre de las ciudades caribeñas, todas estas vacías descripciones podrían aplicar para cualquier otra región del mundo. Es inverosímil que una historiadora omita por completo la peculiaridad de su objeto de estudio. Si no hay aspectos específicos de una circunstancia particular, ¿dónde queda la historia? Sus descripciones son lo que esta académica llama "la vida en el Caribe". Lamentablemente, éste es el concepto de "vida" que suelen tener los profesionistas que desempolvan documentos de los archivos. Por eso, entregan libros más bien muertos.