Uno de esos libros que me encontré por casualidad en la mesa de ofertas de Random en la feria del libro del 2022 (tristemente, ya no hay mesa de ofertas, maldita multinacional roñosa y mezquina), lo vi, me gustó la presentación, la tapa rugosa y el estilo que da la idea de literatura de calidad junto con el aviso de que fue elegido como libro del año por los libreros de París (cuan buen elogio esto sea, no lo sé, pero es mejor que nada segur).
A primera vista, un libro sobre la historia de un hombre, cuyo hermano mayor murió cuando el era chico en un accidente en una mina de carbón en el norte de Francia, el dolor y trauma que esto le generó a través de su vida, y su promesa de vengar esta muerte, de vengarse de la mina por lo que les robó a él y su familia.
« ”Vénganos de la mina", escribió mi padre. Sus últimas palabras. Y se lo prometí. Nunca dejé de prometérselo. Vengaría a mi hermano, muerto como obrero. Vengaría a mi padre, muerto como campesino. Vengaría a mi madre, muerta abandonada. Nos vengaría a todos de la mina. Nos resarciría de los Yacimientos de Hulla, de las crápulas que nunca habían pagado por sus crímenes. »
Pero si, esa es la trama a primera vista, el gancho para vender el libro, para ver si te interesa leerlo o no, ya que lo que el libro realmente trata se empieza a delucidar ya más entrada la lectura (y acá dejo mi aviso de que van a leer spoilers, ya que se me hace imposible hablar de este libro de forma coherente sin hacerlo). De a poco vamos viendo que hay algo raro en la historia del personaje, detalles que no nos cierran perfectamente, que pueden pasarse por alto hasta que nos enteramos de la verdad, que Jojo, el hermano mayor no murió en la mina, ni por causa directa del accidente en la mina, y de ahí se va desenredando una maraña emocional, dolorosa e impactante que nos muestra cual es el verdadero tema que une esta obra. La culpa.
La culpa en todas sus formas, tanto en la autotortura a la que nos sometemos cuando nos percibimos como los responsables de algo, así como la culpa en un sentido más punitivo o judicial, de lograr encontrar un individuo, una persona, cuyo error produjo la catástrofe, la fatalidad que destruyó a un pueblo entero.
Lo hermoso de este libro, es que toca estos temas desde una perspectiva que comprende las relaciones entre los individuos y la realidad, los medios de producción, en vez de optar por una culpabilidad individualista en la que el libro se dedicara a buscar a esa persona que por negligencia, maldad o avaricia causará la muerte de 42 personas, la narración nos hace pensar que la historia va a pasar por ahí, pero rápidamente vamos viendo que el mundo no es tan simple, tan blanco y negro y que la culpa como idea es compleja, mutable, difícil de adjudicar cuándo se analiza la realidad misma y no la proyección ideológica de esta.
El culpable directo de la muerte de estos mineros, no fue un individuo particular, no fue un grupo de individuos con afán de poder tampoco, sino que fue la injusticia de un sistema económico que se basa en la explotación, en el uso masivo del ser humano como una herramienta para la generación de riquezas de unos pocos, en el desdén hacia la vida humana, más cuando esta es pobre, vive lejos o es diferente a nosotros de alguna forma que podemos usar como excusa para jerarquizarla por debajo de nosotros.
Es un libro al que lo recorre una evidente crítica al sistema capitalista, pero que en ningún momento cae en el hecharte esto en cara, en ser directos y esquemáticos, sino que nos hace pensar en este problema que subyace al sistema que nos rige bajo la pregunta de ¿Quién es el culpable por la muerte de los mineros?, una pregunta que no tiene una respuesta satisfactoria para nadie, ya que no tenemos una persona a la que indicar con un dedo como la malvada, como la originaria del mal que generó tal fatalidad.
Disfruté mucho este libro, tanto su historia, como la forma en la que se desenvuelve, como uno va recontextualizando el conocimiento que tiene de la trama y personajes a medida que los giros y sorpresas se van poniendo en su lugar. El ritmo, el silencio del protagonista sobre el final, junto a los silencios que el libro pone a propósito en ciertos momentos para que desconozcamos ciertas partes de la historia jasta el momento justo. Toda la secuencia del juicio está muy bien lograda, es emotiva pero sin recurrir a clichés.
Una historia triste y crítica, que disfruté y me emocionó, con momentos que fueron un placer de leer por el ritmo que tiene la prosa, que sabe cuando calmarse y cuando acelerase.
Una carta de amor a los mineros muertos, en este accidente y en incontables otros, de la misma forma que a todos los demás, que incluso cuándo salieron vivos, perdieron sus vidas en las profundidades de una forma u otra.