El rayado que más recuerdo de la revuelta es: La Bandera de Chile declara dos puntos su silencio. verso de Elvira Hernández, escrito en La bandera de Chile, que junto a Halley ¡Arre!, interpreta con sarcasmo y simulacro la tragedia la dictadura pinochetista, que ahora, aparenta renacer posterior al estallido. Un extraño sentido del humor ha existido en la literatura chilena, incluidos los chistes de Parra, las tallas de Raul Ruiz y la escritura municipal de Mellado. Cosas extrañas, porque esa frase de terror que se pegó fuera del GAM revelaba en el humor de Elvira Hernandez que en medio de la tragedia no está demás reírse. Algo así, guardando las diferencias, -ese es el chiste-, puede leerse en los Cuentos de Constanza Gutierrez, que desplegando una soltura enorme, unos cuentos más raros que el anterior, armoniza a brocha corta el poder reírse en la catástrofe, aunque el espacio sea nimio. Pelusa Baby en pocas páginas repiensa la forma del cuento, mucho más que el contenido. Y la risa, por sobre la temática. Los cuentos funcionan bajo el simulacro relatar como un juego. Bajo dos barreras necesarias de mencionar. Me explico, hace algunos años existía la alta cultura, habitaba la soberbia intelectual, es decir, una cultura para imbéciles y otra para plebe, que es la llamada cultura pop. En esta aburrida discusión los medios culturales, imponen que leer, que ver, que escuchar o donde comer y que tomar para mantenerse en un estatus que carecía de fondo, sino de pose. Los críticos hacen algo así. La democratización de los espacios culturales puede premiarse y convertir todo lo anterior en una especie de idea que la alta cultura y lo pop ya no se diferencian: son iguales, chao concertación. La idea de Constanza, es adentrarse a este muro caído y juntar sin problemas un cuento de Gogol(Escritor ruso reconocididisisimo) y paginas atrás, hablar del gato Salem de la bruja adolescente. Mientras la crítica chilena busca la novela costumbrista de la pobreza, acá habla sin la presión de clase, no narra ni desde arriba, ni desde abajo, ni menos del paternalismo.