edit 2024: no he releído el libro desde entonces, y aunque soy una firme creyente de que las reseñas deben de ser de utilidad a otros lectores y no a los autores; creo que después de tantos años, puede que mi reseña fuera algo más dura de lo que quisiera. No se si fue frustración por la ejecución sumada a una crispación debida a todo el panorama de la Pandemia, pero creo que fui excesivamente pretenciosa y verborreica.
Resumiendo lo que escribiera hace cuatro años: no recuerdo nada que fuera de mi agrado, así que no puedo recomendar este libro. Aún así, como no recuerdo mucho de la trama, esta probablemente no sea ni la mitad de insoportable de lo que expreso más abajo. Como mucho, que cantaba a una narración desde una perspectiva de un feminismo blanco, con todo lo que eso comporta.
Guárdate de las Hijas de Marte es una novela, que en concepto, promete mucho. Entre pinceladas aquí y allá, Mercè deja adivinar el atisbo de un worldbuilding con potencial que desgraciadamente, es decepcionante en su ejecución.
He de comenzar con decir que ninguno de los personajes ha conseguido gustarme del todo, es más, en su mayoría me han resultado bastante insulsos: la protagonista y la antagonista, en concreto, son dos que no he podido evitar sentir como carentes en la mayoría de los sentidos. Oceanía se entrevé como una posible sustituta del lector, nacida en esa cultura matrialcal dura e inflexible como es la marsiana pero con una visión que a veces parece más de alguien de nuestra sociedad de hoy en día. Severa es simplemente una caricatura de cualquier inquisidor de alto fervor religioso, y casi irrisoriamente malévola.
Del resto de personajes, Pluvio y Ovidia son los más destacables, que a veces parecen incluso más memorables. El primero, criado como fecundador y decoración para su futura esposa, sale lentamente de esa crisálida donde ha estado 35 años de su vida, sufriendo posiblemente el mayor arco de la novela —lo que tampoco es mucho decir—. La segunda siendo una mujer que refleja perfectamente la crueldad de la sociedad marsiana: absoluto desprecio y desinterés ante la vida de los hombres, sirviéndose a una misma y evitando a la vez ese fino filo de aceptar una posible culpabilidad.
Esta novela rezumaba potencial, como ya he dicho, pero considero que se ha fallado. Se ha fallado estrepitosamente.
Creo, si mi comprensión lectora no me ha patinado, que claramente esta novela pretendía ser una crítica al sistema patriarcal sobre el que nos sentimos y hemos estado siempre sometidas las mujeres. Pero no lo consigue. Al crear un mundo inverso, puede que mucho más rígido y cruel de lo que jamás haya sido el nuestro; y convertir a los hombres de Marte en nuestras mujeres a lo largo de los siglos, falla en su propia crítica.
Pudiera ser —o al menos me gustaría—, que esta novela fuera en si misma una sátira a aquellas miles de historias contadas por hombres que pretenden traer luz a las injusticias que sufrimos y que fallan de manera absurda; con sus elencos enteros de personajes masculinos y siguiendo tópicos como matar a esposas o madres para motivar al protagonista, que decide vengar a esas mujeres en su mente, que acaban convirtiéndose en fantasma de la narración; siendo una fantasía de los recuerdos del protagonista en vez de personas con su propia agencias y sueños perdidos, y que por el camino roba de voz a cualquier mujer.
Sin embargo, no lo creo. Creo que en su intento de crítica mordaz al patriarcado, Mercè falla. Falla en el momento en que nos pone a nosotras como protagonistas, dejando de lado al único hombre en toda la narración —nuestro remplazo—, que acaba muerto para alimentar la furia y el deseo de cambio de Oceanía (no hablemos ya del cojeo de silla que me pareció en si que Severa tuviera esa oportunidad). Pero lo que desencadena ese cambio que se siente vacío.
La revolución social que se deja caer al final me parece que se siente más como un reclamo sobre los derechos de la pertenencia de los maridos a sus esposas —aunque este aumento de leyes implique en si misma una mejora de los derechos de estos— que algo genuino, nacido de una creencia de igualdad. Incluso la propia Oceanía no me parece sincera en su amor: quiere a alguien que le quiera, y esa parece su única razón profunda de comportarse con Pluvio. No es de una creencia de mejora de derechos, o en el momento de su confrontación con su madre se hubiera opuesto a esta; al igual que en la primera reunión del Consejo —una reunión recargada de ironía narrativa, he de añadir—, esta no habla en ningún momento de todas las irracionalidades del caso para defender la ajusticiación.
Y este fallo moral de la protagonista que fácilmente hubiera podido dar matices de grises, parece completamente ignorado por la narración. La muerte de Pluvio trae nacimiento y cambio, una revolución social y esperanza reproductiva, a un Marte que ha sobrevivido a un inminente fin gracias a revoluciones tecnológicas. A costa de su vida, claro.
En este punto comentar también, que que en una sociedad tan evolucionada, donde pese a lo que se diga en narración, la última reunión del consejo —donde el equivalente al Papa ve su religión insultada y arrastrada por los suelos, con una demostración de que en su mayoría, estamos ante una sociedad atea— el concepto de necesitar maridos para la reproducción parece... cojear. Si estamos ante gente capaz de crear atmósferas con hongos, ¿cómo es que no hay fecundación in vitro o otros medios más cómodos para el sexo dominante? Después de todo, ya he quedado claro que en su mayoría, o al menos en el caso de los gobernantes, la religión tiene más peso como secta religiosa que como órgano de su fe; así que esta no debería ser un impedimento para ese tipo de revoluciones en la reproducción sexual, menos aún cuando siguiendo el credo, este no considera a los hombres como seres con almas. Una consideraría la necesidad de contacto con el sexo masculino algo a evitar en lo máximo posible, ¿no? Es más, en la misma narración se menciona a las Hijas de Marte, o al menos a Severa, como practicantes de un lesbianismo que más parece político y rezumante de misandría
Otro punto donde el worldbuilding parece fallar es en que no se comenta quien lleva la crianza del sexo dominante. Si las mujeres quieren parir hijas porque cuanto estas crecen se libran de ellas. ¿Dónde se las educa? ¿Quién las cría?
U otro: se menciona la sordera de Oceanía y como sólo mediante la estricta meritocracia que regenta Marte fue capaz de ganarse los audífonos, lo que en sí es una muestra bastante interesante de la sociedad marsiana, pero que despierta a su vez muchos interrogantes: ¿cómo se comunicaba hasta el momento? ¿tienen las marsianas lenguajes propios o apéndices que permitan comunicación no verbal? ¿realmente no tuvo problema en aceptarlos tras una vida de sordera? ¿cómo pudo hacerse un hueco en una sociedad con ese nivel de competitividad para ascender socialmente con su sordera?¿hay facilidades en marte?
Todas estas preguntas me despiertan una enorme curiosidad, pero apenas se las trata.
En fin.
Puede que le esté dando demasiadas vueltas a una novela corta sin pretensiones, que realmente pretendía ser un disfrute por parte de una autora con un estilo simple, fácil de leer y entretenido. Pero en todo el potencial que entreveía, tenía que dejar claro por qué para mí, Guárdate de las Hijas de Marte , tiene un 2,5/5