Paulina Flores es lo más parecido que tendré a una compañera de trabajo. En la carrera de escritora no hay oficinas, no existe una compañía que nos contrate para laburar en un espacio físico compartido; en este rubro cada cual opera por su lado. Sin embargo, hay compañeras de generación y quizá por eso leer a la Pauli me inspira, porque me hace sentir que yo también puedo escribir. Me gustó en general la historia, el primer capítulo es perfecto, una secuencia cinematográfica impecable. Luego, encontré algunos capítulos que me parecieron más toscos o no tan bien ejecutados como el primero. La estructura me gustó mucho, no tanto así la prosa. El barroquismo de la Pauli hace que me cueste leerla, porque como ávida lectora que soy, inevitablemente edito a la par que leo, y hubo momentos en que me cansaba de lo sobrecargada de algunas frases. Eso es simple choque de estilos, diferencia estética. No obstante, encontré otros momentos brillantes que me levantaron de ese cansancio. Los diálogos, por ejemplo, se sienten muy naturales (en especial entre personajes chilenos) y hay algo teatral en los modos en que la Pauli intercala acción y dicción. Me gustó, por ejemplo, que en la novela existen al menos dos registros diferentes para presentar diálogos: con el clásico guion y sin él, más parecido al estilo de Patti Smith, con frases como flechas que se secuencian una debajo de la otra. Otra cosa que destaco es que al principio Lee me pareció demaiado bonachón, casi santificado, pero de pronto: paf, el secreto (que no contaré acá). Como buena escritora, Paulina Flores me tapó la boca cuando comenzaba a sospechar que Lee no tenía matices. Maravillosa. Me llamó la atención, además, que en algún momento un personaje dice "El realismo mágico está pasado de moda" y enseguida, en el libro mismo, haya componentes de realismo mágico: un caballo que pide un reloj de oro, dos personas que no hablan el mismo idioma conversando. Esto último, eso sí, debo decir que una vez me ocurrió: en un parque conocí a un gringo de familia croata y después de hablar inglés por un rato, le pedí: habla en tu lengua materna y yo en la mía. Y quizá fue la borrachera o la marihuana, pero les juro que nos entendimos. Me quedo con muchas frases subrayadas, profundas y amorosas, así como con imágenes potentes, como lo de la pérdida de globos oculares por fauna marina, el abuso sexual al interior del barco, el pedazo de vidrio dentro de una boca, el pez que aletea dentro de la ropa de ¿Yusril, Joshua? Bueno, ese fue otro problema que tuve, se me confundían los personajes a veces. Aunque eso también me ha pasado en más de un libro (como en "Crimen y Castigo" y "Cien años de soledad", por ejemplo). En fin, hace mucho que un libro no me mandaba al diccionario, y lo agradezco. Me quedo con las referencias a Madmen, toda la poesía de altamar, el verbo abocar (qué lindo suena, como a entregarse de bruces a una faena) y con el recurso de narrar en los espacios que hay entre el guion de un diálogo y otro. Gracias a Editorial Planeta por enviarme el libro de regalo y a la mismísima autora, por enviarme el borrador de uno de estos capítulos e incluirme en los agradecimientos.