La tranquilidad del pequeño pueblo de Servandero se ve interrumpida por la desaparición de una de sus vecinas, Eulalia Olmedo, que debe someterse a diálisis para vivir. Nacho Merlo, un periodista en paro, se traslada allí para conseguir la exclusiva del caso y, con ella, un trabajo fijo en un periódico de la capital.
Los agentes de la Guardia Civil saben que solo hay una forma de encontrar a la anciana con vida: hacerlo pronto. Y para ello será imprescindible la colaboración de un pueblo que no parece dispuesto a ayudar.
Primera novela que leo de la autora y con la que me ha convencido a seguir leyendo las nuevas que estén por venir.
Un libro no muy largo, súper entretenido y muy ágil. Su única pega que se me haya hecho quizá cortito. Lo he devorado casi del tirón.
Con capítulos muy breves te lleva por la historia de una forma muy sencilla pero que te hace conocer cada situación y personaje. No sé como lo hace, pero con muy pocos datos y pinceladas conoces a los personajes enseguida, haciéndote una idea de cada uno de ellos.
Me ha encantado uno de ellos, Gerardo Cuadrado, no cuento nada que todo puede ser spoiler. Los diálogos son muy naturales, las discusiones entre el protagonista y una de sus amigas son geniales, y sin largas descripciones acabas conociendo el pueblo y a sus habitantes uno a uno.
Comienza con la desaparición de una vecina (no hago spoiler), pero la verdad es que a mí se me queda en segundo plano porque todo lo demás le da mucho peso a la historia, cosa que me ha gustado mucho. Que el suspense no sea el centro y sí te lleve de un sitio a otro para disfrutar de cada nuevo vecino, el pasado y sus "circunstancias".
Sin duda me engancharé a la nueva aventura que le espere a Nacho, que espero lleguen más y pronto.
Primera novela que leo de Cristina y me ha sorprendido mucho, gratamente y la he podido saborear lentamente. Un estilo narrativo muy visual, muy cinematográfico y con un pueblo y sus habitantes que le dará más acción a la trama. La opinión próximamente en mi web, pero os digo que esta autora ha sido todo un descubrimiento
El libro La madre de todas las ciencias significa mi desvirgue con la pluma de Cristina Grela. Es esa típica autora que conoces de Twitter, con la que solo has cruzado tres o cuatro comentarios pero cuyo trabajo te llama la atención. Su novela lo hizo de tal manera que me hice con ella en el mismo día de su salida.
Olor a pueblo
Siempre les he tenido un especial cariño a los pueblos de pocos habitantes, «semiabandonados» y que solo recuperan algo de su bullicio en verano o vacaciones. El pueblo de mis abuelos cumplía esos requisitos. Recuerdo el olor a mierda de vaca (con perdón, pero si estoy reseñando una novela policíaca, creo que todos toleramos esa palabra) que, al contrario de la repugnancia habitual, a mí me retrae siempre a ese pueblo.
Pues este es el escenario del libro La madre de todas las ciencias. Ese lugar en el que jamás ocurre nada, y en el que los vecinos, todos conocidos más que de sobra, subsisten al aburrimiento a base de cotilleos y críticas hacia el prójimo.
En un pueblo llamado Servandero desaparece una anciana enferma, necesitada de su cita con la diálisis tres veces a la semana. El suceso despierta un gran revuelo por la situación de la mujer, y por lo sorprendente de que un perfil como ese desaparezca sin dejar lastro. Nacho Merlo, periodista en paro y antiguo vecino, decide recuperar sus lazos —y, al mismo tiempo, un trabajo— para investigar la desaparición de Eulalia Olmedo. Lo primero que se nos dice es que la bondad presupuesta a una anciana de este perfil no es tal, y que en el pueblo nadie la echaría mucho de menos.
Tirando de este hilo, se nos presenta un elenco de personajes de lo más variado. Los clichés de los pueblos se cumplen en ellos, pero es que no por esto, dejan de ser más auténticos. Me ha encantado la forma de Cristina para unir unos personajes con otros y, en poco menos de doscientas páginas, explicarnos con claridad la conexión que une a unos con otros.
Los personajes alejados del núcleo del pueblo, como son los guardias civiles que se ocupan del caso o los integrantes de la redacción que contrata a Nacho, le dan un punto más de fuerza y amplitud a la historia. Quiero destacar dos por encima del resto: Gerardo Cuadrado, dueño del periódico y que me ha provocado más de una carcajada, y Mónica, con quien nuestro protagonista trata de recuperar la afinidad que hubo en el pasado.
Pero también tenemos a Nerea, Julio, Román, Lucía, el sargento, Matías, Manuel... Me faltan más personajes, y el mérito de todo esto es que ninguno de ellos se trata solo de un nombre más en una novela ligera. Ignacio tratará con todos ellos, traspasará los márgenes de la ley y se nos darán detalles de sus vidas, para que podamos especular con quién puede haber tenido algo que ver con la desaparición de Doña Eulalia.
Una de las primeras cosas que nos explica Cristina, en su nota previa al manuscrito, es que no hay veracidad en lo que ocurre en el libro La madre de todas las ciencias. Todo es pura ficción, excepto «un detalle incluido en la resolución del caso» —he de reconocer que me atrajo todavía más hacia la inminente lectura. Ahora NECESITO conocer ese detalle—.
Esto me lleva a lo que quiero explicar sobre el final de esta novela: no es una historia que concluya con un equipo de artificieros que van a desactivar una bomba. No acuden los GEOs en una misión de máximo riesgo, y no hay llamadas entre altas esferas de los cuerpos policiales. Al libro La madre de todas las ciencias no le hacen falta estas florituras para brillar en su cotidianeidad; es más, hubiera resultado grotesco un desenlace de este tipo. El final que hay es el que debe haber, sin más repercusión que el de una noticia que te puedes encontrar en el periódico, una mañana como otra cualquiera.
Esta novela me ha trasladado a un mundo rural que, muchas veces, olvidamos que existe más allá de nuestras vacaciones. A esa España vaciada que antes era nuestra vida. A uno de esos lugares en los que, cuando me siento agobiado, juro que algún día me marcharé para siempre, y esta lectura ha significado una gran experiencia.
Una escritura fluida, relajada y, en algún momento, divertida, que me ha hecho evadirme durante unas pocas horas.
Me encanta la novela negra ambientada en el mundo rural (country noir). Personajes bien construidos, varios sospechosos a tener en cuenta, un ambiente bien creado, una desaparición que llevará a todos de cabeza y un protagonista que se sale del típico investigador. Buena novela. La recomiendo.
Conoceremos a los peculiares vecinos de un pueblo durante la investigación por la desapareción de una de ellos. Lectura ágil con unos capítulos tan cortos que te provocan para seguir adelante cada vez que terminas uno.
Es el segundo libro que leo de esta autora y está claro que tiene un don para mantenerte enganchado a la lectura. Los capítulos son cortitos y hay mucho diálogo por lo que la historia fluye y se lee rapidísimo. Además, algunos son muy divertidos. La construcción de los personajes es impecable ya que cada uno tiene su propia voz. Celos, soberbia, secretos, todos tienen su propio relato. No soy aficionada a la novela negra, pero esta es especial. Te encantará aunque no seas fan del género.
Una novela en la que importan mucho más los protagonistas que la historia en sí, el misterio a desvelar o el desenlace. Uno a uno conocemos a todos los habitantes del pueblo de Servandero y vamos intuyendo que no es tan apacible la vida rural como la pintan. Una novela de personajes y diálogos.
El primer libro que leo de Cristina y me quedo con el gusanillo de más. Es la primera vez que leo, también, country noir y me encanta. La novela me ha transportado de lleno al pueblo donde ocurría. Era como ver el lugar donde me crié, está muy bien ambientado, tanto por como se describe por las gentes que lo pueblan, todas ellas se pueden reconocer y relacionar con gente que conoces (si te has criado en un pueblo). Se reconocen esos murmullos vecinales que recorren el lugar, donde unos hablan de otros, hay rencillas y envidias. Los personajes están muy bien definidos con muy pocas pinceladas. Los gestos de los principales dicen mucho. Es una historia que tiene sabor a pueblecillo gallego.
Lo que es la trama en sí me ha parecido adictiva, es de esas novelas que apuras porque las disfrutas y cuando acaban de dejan con un regustillo agridulce, porque la has disfrutado, pero también porque se te ha hecho corta, a la vez, te quedas con la esperanza de que volverás a ver a sus personajes, pues su historia no está cerrada del todo, quedan cosas en el aire que han de ser cerradas en algún momento, porque el personaje que se crea el protagonista para publicar sus noticias indica que es un personaje que nació para seguir contándonos más cosas. De hecho me he sentido un poquillo transportada, salvando las distancias, a una especie de Daily Planet pueblerino, con un héroe, o más bien antihéroe, que juega a esconderse y a sacar provecho de su situación como periodista.
Sabes que una novela negra es buena cuando todas las piezas encajan y los personajes cometen barbaridades, estupideces o se dejan llevar por sus pasiones. "La madre de todas las ciencias" cumple con cada uno de esos aspectos.
A partir de un crimen plausible en un entorno rural repleto de tensiones, la autora va confeccionando los entresijos de la trama despacio y con buena letra. Cobardía, envidia, malestar, avaricia o la precariedad laboral son algunos de los temas que se van desmarañando a medida que la investigación avanza y acaban siendo más interesantes que un crimen cuya autoría no es ningún misterio, solo el puente que une relaciones rotas.
Cada pocos años surgen tendencias literarias que ganan popularidad y se escriben novelas por doquier. Es posible que desde hace unos años nos encontremos en un pequeño boom de noir rural gallego de grandísima calidad. ¡Parabéns, Cristina!
Muchas veces lo importante no es llegar al destino sino disfrutar del camino. Y eso es lo que me sucedió al leer esta novela. Tenemos una desaparición, una investigación, una colección de personajes a cada cuál más carismático, un pueblo donde se ambienta casi toda la trama y unos habitantes con sus motivos para ser más o menos sospechosos. Y si le sumamos una prosa fluida, un ritmo sin pausa y una colección de pistas que seguir, tenemos una novela que nos hará pasar muy buenos momentos, nos hará reflexionar sobre ciertos temas y nos dejará satisfechos cuando leamos la última página. ¿Qué más se le puede pedir a un libro?
Sin ser excesivamente original ni tener nada del otro mundo, está bien escrita, se lee bien y te hace interesarte por las vicisitudes de sus personajes, que ya es mucho.
Yo, por mi parte, seguiré leyendo a Cristina Grela.
Lo que más me ha gustado de _La madre de todas las ciencias_ es que se trata de una historia de personajes. Cristina Grela ha conseguido darles vida, carácter, todos nos resultan creíbles. La autora va de frente, nos deja las miguitas de pan para resolver el misterio de la desaparición de Eulalia Olmedo, empezando por el título, pero lo hace con la maestría de que pasen inadvertidas hasta que llegamos al final y todo adquiere sentido. Intriga, humor y una buen reflejo de los medios de comunicación.
Un country noir muy entretenido. Fácil de leer y de seguir. En un pueblo donde todos se critican unos a otros, es difícil averiguar que le ha pasado a Eulalia Olmedo....
La búsqueda urgente de la señora Eulalia Olmedo, quien "no le cae bien ni a su hijo", es el centro de esta novela negra que arranca sin preámbulos como la llamada que despierta al protagonista. Cristina Grela nos conduce por su misterio rural mediante capítulos cortos y diálogos jocosos y provocadores que facilitan la lectura de un tirón. Las pistas y detalles que surgen durante la pesquisa del periodista Nacho Merlo van añadiendo piezas al rompecabezas hasta llegar al punto donde todo encaja con claridad. Es interesante la forma en que se resalta el impacto de la prensa. Se juega con las noticias, que pueden interesar o desensibilizar, ser repeticiones de otras fuentes o producto de una investigación y una reflexión individual. Esto convierte al periodista en una suerte de detective. El hecho de que Nacho sea oriundo de Servandero, el pueblo donde se desarrolla el caso, es un acierto porque lo acerca emocionalmente a los sospechosos y le proporciona una ventaja inicial que no tendría como foráneo. Esto se asemeja a la interacción entre los hermanos Cuadrado: el jefe del periódico y el sargento. En un encuentro del NaNoWriMo en Berna, algunos participantes hablaban de lo bien que funcionan los pueblos como escenario para las novelas policíacas, por su carácter de microuniverso donde todos se conocen. La madre de todas las ciencias se presta a la perfección como ejemplo de ello.
¡Me ha encantado! Es una novela corta en la que te pasas toda la lectura haciendo cábalas sobre qué le pudo pasar a doña Eulalia, en un pueblo que te recuerda a todos los pueblos: bucólico, simple, y lleno de marujeo y viejas rencillas. Y un perro que desafía a Darwin, porque en todos lados hay un animalillo que parece no conocer el peligro ni los coches.
Si hay que señalar algo menos bueno sería que, en ocasiones, te lías un poco con los personajes y el mapa mental del pueblo. Sin embargo, esto no dificulta la historia, y los personajes más importantes son destacados con características propias, como la pareja cotilla, el que busca bronca, etc.
Una lectura muy amena para pasar un rato agradable.
Tengo sentimientos contradictorios con esta novela. Por un lado me ha gustado mucho cómo está escrita, pero por otro he notado que le falta algo. La descripción rural está muy bien en cuanto a chismorreos y tejemanejes sociales, pero se deja la esencia de la vida rural en un segundo plano. Los personajes, bien, salvo por el ánimo que a veces tienen por querer mostrar la clase de persona que son. Y la trama se mantiene con fuerza pero sostenida bajo la premisa de que todo puede pasar porque tampoco se profundiza en nada. Me refiero a la trama noir, las subtramas están muy conseguidas, aunque, para mí, desaprovechadas en función de la principal y sus posibles giros. Sin embargo, me ha gustado, me entretuvo y me la he leído muy rápido. Eso es lo mejor. Seguiré a la autora de cerca
Me ha gustado mucho. Es un libro muy bien construido y escrito de forma impecable. La autora va planteando dudas alrededor de una premisa clara que, desde el principio, se plantea y se mantiene como eje del cual va pivotando toda la trama. Las preguntas se amontonan, y con ellas la ansiedad por querer ser desveladas junto con el conflicto inicial, del que se necesita una resolución rápida si no quieres sufrir algún ataque. Me ha sorprendido la manera escrita, directa, con personajes claros y unos diálogos convincentes. No había leído nada de esta autora antes, pero eso va a cambiar. Muy recomendable.
Una novela donde se leen y aprecian esos pequeños lugares plagados de detalles donde las relaciones personales pueden propiciar que ocurran cosas como las que se describen: cualquiera puede ser inocente y culpable o incluso ambas cosas, pues entre gallegos andamos. Un country noir perfecto para entretener y disfrutar con su lectura. Capítulos cortos donde nada sobra y se va presentando la información justa que hace que muchas cosas sean posibles. Hasta el cómo acaba ;)
Este es el segundo libro que leo de la autora. Me gusta mucho ese toque de novela negra rural que podríamos situar en cualquier pueblito del norte de España. Con sus personajes a los que apoyas y a los que odias, con sus relaciones entre ellos como muy de este siglo. Muy ágil de leer, me encantan algunos capítulos que apenas ocupan una cara pero dejan una pincelada ahí en la historia. A mí, personalmente se me ha hecho cortito, pero me ha dejado muy buen sabor de boca.
Es el segundo libro que leo de esta autora y está claro que tiene un don para mantenerte enganchado a la lectura. Los capítulos son cortitos y hay mucho diálogo por lo que la historia fluye y se lee rapidísimo. Además, algunos son muy divertidos. La construcción de los personajes es impecable ya que cada uno tiene su propia voz. Celos, soberbia, secretos, todos tienen su propio relato. No soy aficionada a la novela negra, pero esta es especial. Te encantará aunque no seas fan del género.
Sabía que Cristina no seguiría el típico desenlace de novela negra. Novela muy cuidada y bien escrita que te tiene pensando en quién ha podido asesinar a una pobre anciana. Refleja a la perfección la vida de los pueblos pequeños, dónde los cotilleos y habladurías pesan más de lo que debería. Nada es previsible. ¡Buen trabajo, Cristina!
Una desaparecida, varios sospechosos y muchos motivos para que Eulalia Olmedo no de señales de vida. Novela muy bien escrita, con capítulos cortos que te obligan a seguir leyendo. Mantiene la tensión y entretiene, ¿qué más se puede pedir?
Menos de un día me ha durado. Enhorabuena, Cristina.
Es una novela sencilla y campirana en la que se respira el aire de los pueblos pequeños. La escritora tiene buena pluma y estilo muy conversacional. El entorno rural está tan bien descrito que se siente uno como lector en el campo.
He disfrutado mucho de este rural noir, está muy bien trabajado, la ambientación es como si yo misma estuviera ahí, los personajes son las típicas personas que encontraríamos en un pueblo, su forma de actuar, gestos. La autora lo ha plasmado muy bien. En cuanto a la investigación, te mantiene en vilo por saber qué ha ocurrido con Eulalia Olmedo. El libro está compuesto de capítulos cortos, que para nada se hacen pesados.