Es el primer libro que leo del autor y me ha gustado bastante, aunque parece que está alejado del que más adelante será su estilo, más centrado en la aventura histórica. Aquí tenemos una historia de terror donde el verdadero protagonista es un ente antiguo, maligno, inmortal, que es inconscientemente rescatado de la prisión en la que fue retenido hace siglos y que al liberarse desata el caos y la muerte.
Dice la sinopsis: “La Iglesia de San Jorge es clausurada en 2005 tras la muerte de su párroco en extrañas circunstancias. Ocho años después, la diócesis encarga su reapertura al padre Ernesto Larraz, un sacerdote que ha sido apartado de la docencia por un polémico caso de agresión a un menor. Todo apunta a que el templo podrá ser abierto al culto en un par de semanas, tras unas breves obras de restauración. Sin embargo, el hallazgo fortuito de una vieja talla de un Crucificado aterrador alterará la rutina de los sacerdotes a cargo de la parroquia. Lo que en un principio podría parecer el descubrimiento de una valiosa obra de arte barroca, pronto se convertirá en una pesadilla mortal que perseguirá a todo aquel que haya tenido la desgracia de contemplarla.”
La historia engancha, está bien construida y entretiene. Sin embargo, hay varios contras que me han impedido darle las cinco estrellas:
- Aunque aparentemente el protagonista es el padre Ernesto Larraz, sacerdote con una importante crisis de fe y profesor de matemáticas, desterrado a Ceuta tras un altercado con un menor, tenemos también varios personajes que a lo largo de la narración se disputan con él la voz cantante: su ayudante, el joven sacerdote Félix Carranza, el aparejador del Ayuntamiento, Juan Antonio Rodero, y un inspector de policía, Jorge Hidalgo, dotado de una capacidad perceptiva extraordinaria. Hasta aquí bien, pero el problema que he notado es que en muchas ocasiones, cuando varios o todos estos personajes coinciden en una escena, el narrador omnisciente cambia de punto de vista de uno a otro prácticamente sin solución de continuidad, lo que hace que resulte confuso saber quién está pensando qué.
- Se presenta al inspector Hidalgo como poseedor de un extraño don, capaz de percibir pensamientos y recuerdos de las personas a través del tacto, y ver cosas que otros no pueden, y parece que ello será determinante en la solución del problema, pero al final todo se queda un poco en agua de borrajas, prácticamente anecdótico. Creo que el autor podría haber sacado mucho más de la extraordinaria cualidad de este personaje.
- Se considera la historia como de terror, pero pese a los cruentos sucesos narrados y el caos y destrucción relatados, en ningún momento he sentido terror alguno. El provocar auténtico miedo es igual de difícil que hacer reír de verdad, y muchas veces no es suficiente con recurrir a demonios, sangre y horrores varios, es necesario crear una sugestión en el lector para que el terror aparezca solo sin tener que mencionarlo expresamente. Creo que en ese sentido, pese a tener una buena historia, el autor no ha sido capaz de conseguir su propósito.
- El final ha sido un poco meh. Soy consciente también de la dificultad de cerrar redondamente una historia llegados a ese punto, pero he tenido la sensación de que ha sido un poco precipitado, recurriendo a lo más apañado y de forma un poco abrupta. No me vale el epílogo, creo que era necesario un final algo más elaborado.
En fin, a pesar de todo esto (parece que el libro no me ha gustado y no es así en absoluto) es una historia entretenida y recomendable, aunque, como decía, si buscáis una historia que dé miedo no va a ser el caso. Thriller paranormal, más bien, que te hará pasar un buen rato.