Un doctor en Filosofía regresa a un pueblo de su país natal para unas vacaciones de verano y encuentra trabas al comunicarse con los lugareños. Lo que conocía antes de partir al extranjero ya no es: la gente hace negocios con libertad, las fronteras se abrieron y se puede viajar. Es un país democrático de nuevo. Los personajes que encuentra le hacen ver que un giro drástico logra que los habitantes se sientan de repente como en otro país. Cargada de humor negro y cinismo, y con un tono directo y atractivo, esta novela retrata con agudeza los cambios que vive una sociedad que deja atrás el totalitarismo.
4.5 estrellas No sé si sea un estilo checo o que algunos autores que he leído tengan este tipo de estilo, pero me sorprende la capacidad de algunos autores checos de relatar consas sin mayor relevancia, de describir la cotidianidad, ese día a día (a veces tan monótono) y hacerla sorprendente y atractiva.
En el caso de "El caballo no come ensalada de pepino" es entrenido e interesante ver cómo sucede la transición del comunismo a ese nuevo modelo de libertad, el impacto en el pueblo, cómo transcurre un verano.