Hace meses que no leía algo de Julia Quinn y la verdad es que tenía ganas, pero reconozco que tenía algo de miedo porque había leído reseñas que decían que era una historia con un humor bastante absurdo, y eso no suele ser algo que me guste. Pero tenía claro que quería darle una oportunidad porque cuando se menciona esta historia en otros libros de Julia Quinn, me parecía muy intrigante (y absurdo también, ya solo con esos pocos fragmentos).
Y es totalmente verdad que al principio era demasiado absurdo para mí, de hecho, sentía que no me iba a gusta nada de nada, en realidad. Pero a partir de cierto punto, lo disfruté bastante más de lo que me habían hecho creer las primeras páginas.
Poco a poco, los acontecimientos van teniendo más sentido, conocemos más a los personajes y, aunque una novela gráfica de esta extensión no da para muchísimo, lo cierto es que al final la trama da para bastante. Al final sí que me reí, porque, gracias a dios, no todo el humor es absurdo y me encariñé con la señorita Butterworth y su barón, a pesar de que el romance, aunque está presente, yo diría que no es la parte más prevalente de la historia. Al final es la historia de una mujer hecha a sí mima, que va superando todos los obstáculos que la vida le pone por delante.
Es una lectura diferente, pero creo que viene muy bien para un ratito de desconexión y risas. Me entristeció bastante conocer la historia que hay detrás de la ilustradora, eso sí, no tenía ni idea antes de recibir el libro de que la hermana de Julia era la artífice de las ilustraciones y que además la novela se publicó después de que muriera en un accidente😞.