El derrotero humano puede ser presentado como una mera constatación de hechos en secuencia cronoló orden de batallas, listados de dinastías, pliego de imperios. Árido, como teja. También puede ser un sesudo análisis de los procesos socioculturales, etnográficos, económicos... Fascinante, revelador, pero toma tiempo (o, ya que estamos en estas, “Roma no se hizo en un día”). O también puede ser un paseo por el huerto de la historia, con la atención focalizada en cosechar sus más rojas cerezas. A esto último te invita este libro.De cara al aprendizaje de la historia, las curiosidades son más útiles de lo que aparentan. Primero, por el goce de la comprensión. Es lo que llamaríamos el placer del alcachofazo. Como cuando nos enteramos de que la palabra “chancho” deriva de “Sancho”, ese compañero fiel y regordete.Segundo, porque operan como ganchos de inicio y de persistencia de la lectura. Mesopotamia o el Sacro Imperio Romano Germánico son fundamentales para entender cómo fue que llegamos hasta acá, pero si esa información no es presentada de manera que nos motive procesarla, poco y mal nos vamos a enterar.Tercero, porque son anclas en la memoria. No es particularmente importante que los faraones hayan hecho arqueología sobre faraones más antiguos, pero una vez que nos enteramos resulta tan memorable que recordaremos cuán largo fue la civilización egipcia.En último lugar, porque algunas curiosidades contienen poder explicativo intrínseco, y por sí solas nos informan de un tiempo y un lugar. Que Newton haya escrito 1,7 veces más sobre teología que sobre ciencia es no solo llamativo, sino también reflejo de lo imbricada que estaba la religión en todos los quehaceres humanos en el siglo XVII.Esta es la historia universal como quisieras que te la hubieran contado en la rigurosamente chequeada, y deliciosamente sazonada.
Ingeniero civil hidráulico, pero al muy poco andar descubrió que lo suyo no eran los números. Trabajó como asesor parlamentario en el Senado, en la Presidencia y el Ministerio del Interior, en este último puesto a cargo del rediseño de la Ley de Migraciones. Pero nada de esto hubiese sido posible de no haber despejado la cabeza viajando durante 26 meses a lo ancho del globo. Escritor y montañista.