Nunca había tenido una pesadilla tan real. Constanza despierta una mañana y no puede creer lo que ve reflejado en el espejo. Es la imagen de un muchacho. Desde ese día, Constanza es Sebastián. Así la llaman sus amigos y su familia. Todo parece seguir igual a su alrededor, menos ella. Atrapada en un cuerpo extraño, perpleja y asustada, pero también curiosa, intentará volver a encontrarse a sí misma, o al menos a su reflejo.