La semana en que Mauricio se separa de Lourdes no puede ir peor: al salir de un bar atropella con su Audi a Librado, un indigente que se le atraviesa de la nada. Mauricio, un tipo altivo cuya empresa está a punto de irse a la quiebra, se encuentra entonces en la disyuntiva de huir o prestar auxilio al hombre andrajoso y pestilente que yace en el pavimento. Opta por lo segundo sin imaginar que al hacerlo comenzará una transformación, un viaje emocional con tintes de correría en el que se confundirán la alcurnia y el arrabal, el psicoanálisis con el choro mareador, las sonatas de Edvard Grieg con las cumbias tropicales de Chico Che. Librado, un personaje entrañable como pocos, irrumpe en la vida de Mauricio sin tocar a la puerta, con la hilaridad y el desparpajo de aquel que anda al día y todo le vale madres. ¿Quién necesita más de quién? En los giros de esta historia los estereotipos no siempre corresponden a la realidad.