En esta obra de denuncia, Inés Echeverría no solo narra el drama del matrimonio de su hija Rebeca con Roberto Barceló Lira y el horroroso momento en que él la asesina de un balazo por la espalda, sino que se remite también, de manera ácida, al doble estándar de toda una sociedad. Una hipocresía que permitía al marido golpear a su esposa sin escándalo alguno, al tiempo que deudas y engaños sí llevaban a alzar el grito a los miembros de su clase. Una duplicidad que ponía al rico por sobre la ley y al pobre contra el paredón, que permitía golpes mudos y desfalcos ante la ceguera selectiva de la justicia y que hoy persiste, explícita y vergonzosa, en numerosos casos judiciales donde los poderosos eluden la ley gracias a las mismas redes de influencia que hacía un siglo pretendía utilizar Roberto Barceló.
Inés Echeverría se ha ganado mi completa admiración como madre, mujer y escritora con este relato testimonial que ha puesto en evidencia no solo el crimen cometido hacia su adorada Rebeca, sino también ha develado la complicidad de una sociedad silenciosa, indiferente, superficial y desligada de esencias fundamentales.
Expuso su vida y la de su familia para evidenciar con argumentos concretos, argumentos de la cotidianidad, de la identidad, del espíritu y de principios hoy perdidos, aquello que a ojos de una sociedad tradicional y conservadora estaba permitido en el núcleo familiar. Al exigir justicia para su hija, no solo reivindicó la esencia misma del concepto en la búsqueda de la verdad y la bondad, sino que además permitió a otras mujeres mirarse como fuente de verdad y de valor por sí mismas.
Disfruté el relato por sí mismo, la historia triste y desgarradora (y real) de la muerte de Rebeca, sufrí con el dolor de esos pequeños y de una madre que pierde a su entrañable hija. Recorrí con gusto poético la escritura de Inés, admiré su determinación y su carácter a veces vengativo, a veces dolorido; aprecié y comprendí la referencia constante y quiza repetitiva de la intimidad de su hija, valoré el profundo amor maternal y justiciero que lograron traerle algo de paz.
Desgarrador relato de una madre que, en vista de la injusticia imperante, se propone ser la defensa primera de su hija. Terrible narración que deja entrever los vicios de la sociedad aristócrata chilena de los años 30 y la maestría espiritual característica de Iris, aun en el terrible acontecer de su vida como Inés.
Me gusto, pero se me hizo una lectura por su manera de escribir muy pesada, la historia con buen desarrollo del tema, creo que su lenguaje es laberíntico, lo atribuyo tal vez a la época
«Soy buena, lo confieso, hasta el fondo, sin remordimientos, sin debilidad y sin vuelta atrás».
AL FIN LO TERMINÉEEEE 😭😭😭😭 será este mi arco redentorio y volveré a poder leer libros?! Lo averiguaremos….
Me gustóoo hasta que llegué a la mitad y lo dejé y me dormía y me aburría hasta que lo agarré hoy y lo terminé de una tirada…. Uffff, tiene mucho de bueno como el tono irónico, la protesta incisiva, el hecho en sí de lograr justicia, su visión (no toda pero algunas) de la unión de las mujeres, ciertas partes narrativas (como las que voy a citar); como también tiene cosas que no me gustaron, como repetir tantas veces las mismas cosas o a veces el estilo literario muy propio de la época. Creo que los capítulos Después de la tragedia, Impresiones del sumario (no los recuerdo) y Marginales (lo terminé hoy) fueron los más tediosos porque repetía la misma información una y otra y otra vez.
Voy a agregar las citas que me gustaron, la mayoría de lo último que leí:
«¡Dime lo que quieras, puedo perdonar todo, menos la mentira!»
«¡Es mi talismán haber hospedado a tan hermosa criatura, cuyo corazón reflejó un cielo de amor y de belleza espiritual!»
«Rebeca debió exclamar: ¡Señor, el amor fue mi ley y es mi liberación!»
«En vano la justicia investiga, juzga y sentencia; el mundo frívolo, estúpido, corrompido y venal, los absuelve… Son “correctos”, circulan libres, le sacan el sombrero al paso, y cuando realizan el crimen que llevan adentro y cuyo hedor les sale por los poros del alma, entonces “los correctos” como ellos que nada saben pero que se sienten hermanos en crueldad, se apresuran a presentarse a los tribunales de justicia, a proclamar la corrección del amigo».
«Ella tiene razón, ser mujer equivale a estar mutilada de muchas maneras»
«Los gestos nos revelan, contra nuestra voluntad, ¿quién ha podido dominar los latidos del corazón, ni el color del rostro? Las emociones íntimas se imprimen en nuestras manos y abren surcos en nuestra cara. ¿Quién ignora los espantosos estragos del dolor en las fisonomías?»
«Barceló tenía una piedra en el alma para oponer a su ternura infinita. Mentira permanente para negar su verdad, y odio para responder a su amor».
Por un lado, creo que abogar la pena de muerte es malo (lo sé, lo sé, qué clase de wokismo es ése de creer que el estado no puede asesinar a sus ciudadanos). Por otro, una madre pidiendo justicia para su hija víctima de violencia de género en los años 30 me parece bastante interesante, considerando cómo funcionaba nuestro país en esa época.
Cuando supe de qué trataba este libro, me apresuré a leerlo lo antes posible. Si creen que Isabel Allende es la única mujer chilena que ha escrito sobre el trágico final de su hija, les presento a su antecesora Inés Echeverría. Era 1934 cuando Rebeca Larraín fue asesinada de un disparo por su marido Roberto Barceló, quien llevaba años maltratando a la mujer, en uno de los primeros casos reportados de femicidio en la historia de Chile. Bajo el seudónimo de Iris, Inés Echeverría ya tenía una decente trayectoria literaria, pero cuando tuvo que clamar justicia por su hija, escribió este libro donde se quita la máscara de Iris y se expone con su nombre real, detallando a lo largo de estas memorias los acontecimientos previos al asesinato de su hija y el posterior juicio a Roberto Barceló (donde por cierto expone con disgusto la hipocresía de la familia Barceló, sobre todo las hermanas de Roberto, que estuvieron dispuestas a defender al victimario y casi eliminan los diarios de Rebeca, donde acusaba de maltratador a su esposo) con un dolor que traspasa las páginas, pero también con la suficiente nostalgia como para recordar a Rebeca como el alma dulce y amable que fue. Lástima que, como muchos casos actuales, Rebeca no pudo alejarse con sus hijos de su agresor a tiempo y pagó las consecuencias con su vida.
Sorry lo drástica, pero pese a su trasfondo que es totalmente revolucionario y valiente para la época, me aburrí muchísimo, el libro es reiterativo y le falta dinamismo. Estas memorias serían perfectas en tan solo 100 páginas.
Valoro el retrato que se hace de la aristocracia chilena, cuyo doble estándar e hipocresía hacen impune al maltratador. Aplaudió de pie la valentía Inés al escribirlo.
Sin embargo, en términos literarios, para mi es muy importante el cómo plasmas en el papel tus ideas y lamentablemente, no me gustó para nada la ejecución de narración. Y lo lamento mucho, pues tenía altas las expectativas 🫣
Creo que es un libro maravilloso. El ensayo revela los vacíos dejados por la justicia y nos da el indicio de la violación de derechos justificados desde la moralidad.