“¿Qué edad hay que tener para que el antebrazo de tu madre tenga la exacta medida de tu torso?”
Después de un libro así, solo quiero abrazar a mi mamá y salir a defender la democracia para que NUNCA MÁS un hijx tenga que buscar a su madre/padre desaparecidxs por los milicos.
Descubrí este libro en un taller de crónica en la universidad. Para mí, ella —Marta— apareció entre A sangre fría y Operación masacre. Porque el género de la crónica es así: híbrido, expansivo. Siento que este libro es y no es una crónica. Es crónica, pero también es investigación; es poesía y, sobre todo, es una autobiografía construida a partir de la aparición de una madre.
Ese cruce fue lo que más me interesó: cómo Dillon repiensa su historia como hija a partir de la reaparición de la corporeidad de su madre, pero también cómo vuelve a pensar su propia experiencia con la maternidad desde el lugar de H.I.J.A. La historia es esa: la reconstrucción de una vida a partir de unos huesos, de una madre, para entenderse a sí misma como hija, madre y persona.
Es increíble cómo todo eso se va entretejiendo en una narración profundamente dinámica: hay anécdotas, informes forenses, testimonios; conviven pasado y presente, recuerdos, duelo y angustia, pero también amor, felicidad y compañerismo. Es una montaña rusa emocional que logra tocar el corazón del lector (la angustia que me dio cada una de las frases de este libro, lpm).
Una de las cosas que más me flasheó es cómo la ausencia física de la madre se construye no solo como tema, sino como parte de la propia sintaxis del relato. Quiero decir: en una narración muchas veces poética, aparece de forma recurrente la prosopopeya. Los objetos o las emociones se personifican de golpe, adquieren corporeidad, del mismo modo en que Marta Taboada vuelve a tenerla a través de la aparición de sus huesos: objetos que regresan a la vida. Ese detalle narrativo, que podría parecer menor, tuvo un impacto muy fuerte en mí y en mi lectura; (It got stuck with me).
Quiero cerrar con la siguiente cita, que me parece que resume muy bien todo:
“Mi maternidad es cuerpo a cuerpo. El aliento de las mañanas, el sudor de las noches, sus babas en los bocados que no engullen, la sangre en las rodillas, las migas entre las sábanas, las lagañas, los mocos; las cosquillas y las luchas. El lenguaje del amor no se habla, se inscribe. Esa poesía material es la que aprendí de mi madre.”