En esta antología se reúnen poemas de más de 50 poetas que ensalzan, desde distintas aristas, un tema común ―el amor lésbico― propuesto por las coordinadoras del proyecto. Entre la selección, forzosamente heterogénea en su calidad y factura, hay algunas voces consagradas y pioneras, otras desarrollándose y en vías de consolidar eso que llamamos “carrera literaria” a través de lo que se ha convertido en un canon de la literatura mexicana: los estudios de Letras Hispánicas en la UNAM ―aunque comienzan a destacar las excepciones―, los premios nacionales, las becas y estímulos, la publicación a fortiori de una plaquette o poemario en alguna editorial independiente cada dos o tres años, así como la colaboración en las consabidas revistas (impresas o electrónicas) dedicadas a la poesía. ¿El resultado? Muchas de las escritoras parecen referirse exactamente a las mismas experiencias en términos muy similares. Tal vez esto se deba a los consabidos procesos socioeconómicos de homogeneización, a la vivencia efectiva que a muchos privilegiados nos permitió quedarnos en casa trabajando durante la pandemia, o a una mezcla de ambos, no lo sé.
Sin embargo, saludo y celebro el que se haya abierto una vía de expresión para un tema que, hasta hace unos años, era tabú en la literatura y debía expresarse a través de eufemismos. Es difícil acertar a quiénes entre las antologadas ―me refiero, sobre todo, a las más incipientes― les llegará el reconocimiento por la calidad de sus escritos y, más aún, si logrará hincarse firmemente un canon de esta poesía abiertamente lésbica que, por su naturaleza misma, es huidiza y aún hace levantar la ceja a más de uno de los c-ñores de la cultura en esta, nuestra conservadora sociedad mexicana. Hago votos para que todas las antologadas sigan creciendo en sus lecturas, en sus experiencias de vida y, sobre todo, en sus escritos. Enhorabuena por tan generoso proyecto.